miércoles, 6 de abril de 2011
Mis temores
Hace unos meses comentaba que con el paso del tiempo mis miedos habían sufrido cambios, algunos permanecían y otros por su parte habían surgido, en fin, como la propia vida donde unos nacen, otros seguimos y por último otros ya no están. Quizás faltó precisión en mis afirmaciones, así que voy a intentar profundizar un poco en mis palabras, así que haciendo un gran ejercicio de síntesis voy a enumerar algunos temores que van más allá del dolor físico: Me aterra el hecho de que blackberrys, iphones y móviles en general nos dominen y dejemos de mirar al suelo, al cielo o al paisaje para centrarnos en sus pantallas. El problema no está simplemente en que se multiplique el número de tropiezos, sino en que nos olvidemos de ver la belleza que reside en todos esos lugares que existían mucho antes de que llegáramos. Temo también que desaparezcan tradiciones, y que cuando queramos salvarlas ya sea tarde. Acudiendo al término tradición en toda su amplitud, desde las tradicionales reuniones con viejos amigos que van perdiendo asiduidad hasta las tradiciones más artesanales que luchan por tener continuidad y no hay visos de que vayan a encontrar relevo. Otra duda que me nace es ¿qué pasaría si los pesimistas vencieran? Sería mi fin, y siento que cada vez ese día está más cerca pero prefiero no preguntarme qué pasaría si el optimismo que queda en mí desapareciese, pero un entorno cada día más gris, tirando a negro va ganando terreno y empiezo a preguntarme qué pasaría si me lo preguntara. Otro de mis miedos es el de acabar acostumbrándome a ceder la razón, a reconocerme culpable de cada acto, de cada hecho, lo que podría derivar en acabar acomplejándome un poco más y aborreciendo mi carácter crítico, total todas las culpas serían mías. Y por último en esta peculiar lista debo añadir el respeto que me imponen comentarios ajenos, y solamente me toca confiar en no caer en el error de creerme todo lo que me digan, ya sean críticas o halagos, de hecho si de algo tuviera que fiarme sería de las críticas, antes que de los halagos, aunque como suele pasar, es muy fácil decirlo y bastante más complicado llevarlo a cabo. Y a medida que escribo se me van pasando por mi cabeza potenciales temores y me sorprende saber que son muchos más de los que yo imaginaba, y empiezo a asustarme, básicamente porque no me creía tan débil, y por lo tanto creo que va a ser mejor dejarlo aquí, así no me asusto a mí mismo ni transmito mis debilidades para que algún estratega se aproveche de ellas.
jueves, 10 de marzo de 2011
No todo sigue igual
Caminando de nuevo por las calles que hace unos meses frecuentaba casi a diario me topo con una pantalla que dice algo así como “Real Madrid y Barcelona ganan y todo sigue igual”. Fue lo único que recuerdo ver dentro de aquella administración de lotería, y por supuesto me hizo reflexionar eso de “todo sigue igual”.
Los que me conocen saben que siempre me ha impresionado eso del cambio, de hecho fue sobre lo último que escribí en mi etapa de “escritor para revistas”. En aquella ocasión nombraba a Heráclito, Parménides y alguna de sus ideas. En resumen, lo que venía a decir es que pese a que nada es inmutable, siempre habrá algo que permanecerá constante. Que en otras palabras, y llevado al tema del titular del Barcelona y el Madrid viene a ser que pese a que la distancia entre ambos equipos es la misma, no todo sigue igual, y por ejemplo resta un partido menos.
Sin embargo el asunto del fútbol me traía bastante sin cuidado y opté por llevar una frase tan confusa a mis circunstancias personales, pensé en que pese a que uno se va la vida continúa en el lugar que deja atrás, es una frase obvia pero cuesta asimilarla, básicamente porque la tendencia normal lleva a pensar que la vida es como un libro, que puedes cerrarlo y volver a abrirlo tantas veces como quieras y en su interior siempre pondrá lo mismo, y no, no es así, nuestros ojos nos muestran una parte ínfima del mundo y pese a que no podamos verlas, infinitas partes del mundo (menos una) son dejadas atrás.
Igual sensación tengo cuando a mi mente viene gente casi olvidada y por no haberlas visto durante un largo tiempo tiendo a pensar que se han estancado y que ya ni tan siquiera llevan a cabo sus funciones más vitales.
Por todo esto me veo obligado a ratificarme, y reconocer que no todo sigue igual, pero que no hay nada malo en el cambio, y es que incluso, cuando abrimos un libro y lo leemos otra vez vemos como ha podido cambiar, ya sea por el polvo, por el paso del tiempo, o por lo más importante de todo, porque los ojos con los que lo leemos no son los mismos.
Así que toca asimilar los cambios, tratar de afrontarlos y esperar que ante todo sean las buenas cosas las que permanezcan lo más inmóviles posible, y si cambian, que sea a mejor.
Los que me conocen saben que siempre me ha impresionado eso del cambio, de hecho fue sobre lo último que escribí en mi etapa de “escritor para revistas”. En aquella ocasión nombraba a Heráclito, Parménides y alguna de sus ideas. En resumen, lo que venía a decir es que pese a que nada es inmutable, siempre habrá algo que permanecerá constante. Que en otras palabras, y llevado al tema del titular del Barcelona y el Madrid viene a ser que pese a que la distancia entre ambos equipos es la misma, no todo sigue igual, y por ejemplo resta un partido menos.
Sin embargo el asunto del fútbol me traía bastante sin cuidado y opté por llevar una frase tan confusa a mis circunstancias personales, pensé en que pese a que uno se va la vida continúa en el lugar que deja atrás, es una frase obvia pero cuesta asimilarla, básicamente porque la tendencia normal lleva a pensar que la vida es como un libro, que puedes cerrarlo y volver a abrirlo tantas veces como quieras y en su interior siempre pondrá lo mismo, y no, no es así, nuestros ojos nos muestran una parte ínfima del mundo y pese a que no podamos verlas, infinitas partes del mundo (menos una) son dejadas atrás.
Igual sensación tengo cuando a mi mente viene gente casi olvidada y por no haberlas visto durante un largo tiempo tiendo a pensar que se han estancado y que ya ni tan siquiera llevan a cabo sus funciones más vitales.
Por todo esto me veo obligado a ratificarme, y reconocer que no todo sigue igual, pero que no hay nada malo en el cambio, y es que incluso, cuando abrimos un libro y lo leemos otra vez vemos como ha podido cambiar, ya sea por el polvo, por el paso del tiempo, o por lo más importante de todo, porque los ojos con los que lo leemos no son los mismos.
Así que toca asimilar los cambios, tratar de afrontarlos y esperar que ante todo sean las buenas cosas las que permanezcan lo más inmóviles posible, y si cambian, que sea a mejor.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Redisoñando
Me gusta hacer juegos de palabras, aunque siendo más preciso creo que el término que debería utilizar sería encontrarme. Así pues, matizando la afirmación quedaría en algo así como “me gusta encontrarme con juegos de palabras” y acabar reflexionando sobre ellos luego.
Así llegué hace unos días a emparejar dos verbos muy comunes, “creer” y “crear” o “crear” y “creer”; el orden no importa, dado que sirve tanto creer en que podemos crear y también podemos crear y luego creer que se ha hecho lo correcto. Es tanta la similitud entre estos dos términos que se conjugan de igual forma en primera persona del presente (o eso CREO).
Me encontraba en esta disyuntiva, dándole vueltas y vueltas a la dichosa idea de fusionar palabras cuando encontré un nuevo término. Realmente ignoro si fue una casualidad o que el subconsciente le dio más importancia a lo sucedido, pero me pasa cuando me acuerdo de gente o cosas de las que hace tiempo que no sé nada y casualmente al par de días recibo noticias, ya se trate de simples “famosillos olvidados”, amigos desaparecidos, viejos programas de televisión o cualquier cosa que se precie. Una eternidad sin saber nada de ellos, pero basta acordarse de su existencia para volver a saber de ellos en un corto espacio de tiempo.
Esta vez fue un lapsus el que me iluminó, la intención era decir rediseñar, pero de la boca de quien me iluminó lo que salió fue el término “redisoñar”. Era el término perfecto para la idea que estaba brotando en mí, y me sorprende que el mágnifico Google solamente encuentre 13 resultados con esta palabra y aproximadamente 158.000.000 de resultados a la palabra crisis, ¡cuántas referencias a la enfermedad! ¡qué pocas referencias a la cura!. Así que invadido por una especie de demagogia oportunista pero positiva (aunque en parte dudo de su aplicabilidad inmediata) creo que lo que tenemos que hacer es redisoñar, esto es, creer que podemos crear formas de salir adelante y creer en ellas. Soñar que podemos cambiar y además llevar a cabo lo soñado.
Dicho esto creo que esta vez el mensaje que hay que sacar de mis palabras es bastante claro: ¡redisoñemos!
Así llegué hace unos días a emparejar dos verbos muy comunes, “creer” y “crear” o “crear” y “creer”; el orden no importa, dado que sirve tanto creer en que podemos crear y también podemos crear y luego creer que se ha hecho lo correcto. Es tanta la similitud entre estos dos términos que se conjugan de igual forma en primera persona del presente (o eso CREO).
Me encontraba en esta disyuntiva, dándole vueltas y vueltas a la dichosa idea de fusionar palabras cuando encontré un nuevo término. Realmente ignoro si fue una casualidad o que el subconsciente le dio más importancia a lo sucedido, pero me pasa cuando me acuerdo de gente o cosas de las que hace tiempo que no sé nada y casualmente al par de días recibo noticias, ya se trate de simples “famosillos olvidados”, amigos desaparecidos, viejos programas de televisión o cualquier cosa que se precie. Una eternidad sin saber nada de ellos, pero basta acordarse de su existencia para volver a saber de ellos en un corto espacio de tiempo.
Esta vez fue un lapsus el que me iluminó, la intención era decir rediseñar, pero de la boca de quien me iluminó lo que salió fue el término “redisoñar”. Era el término perfecto para la idea que estaba brotando en mí, y me sorprende que el mágnifico Google solamente encuentre 13 resultados con esta palabra y aproximadamente 158.000.000 de resultados a la palabra crisis, ¡cuántas referencias a la enfermedad! ¡qué pocas referencias a la cura!. Así que invadido por una especie de demagogia oportunista pero positiva (aunque en parte dudo de su aplicabilidad inmediata) creo que lo que tenemos que hacer es redisoñar, esto es, creer que podemos crear formas de salir adelante y creer en ellas. Soñar que podemos cambiar y además llevar a cabo lo soñado.
Dicho esto creo que esta vez el mensaje que hay que sacar de mis palabras es bastante claro: ¡redisoñemos!
domingo, 30 de enero de 2011
Enero
Enero se me ha “anoviembrado”, es decir, otra vez se ha repetido la misma situación de noviembre, y he dejado pasar un mes sin dejar mi huella aquí. Quiero pensar que es una mera coincidencia, pero me temo que no va a ser así, y de ahora en adelante, con el paso de los años el estrés se apoderará de mí y me quedaré calvo. Y mientras digo esto, recuerdo viejos eneros en los que las preocupaciones no iban más allá de tener que quitar el árbol de Navidad, el comienzo de las rebajas o el cambiarme de calcetines por los efectos de la lluvia.
Ahora no es así, los exámenes se han apoderado de mi tiempo y por el contrario no logran su objetivo principal de hacer que piense noche y día en las asignaturas sino que hacen que me fije como meta el fin de los exámenes, casi sin importarme los resultados obtenidos.
Así pues, me despido, deseando que vuelva mi libertad, y poder acabar así con mi ausencia en el cibermundo, afeitar mi barba y poder comprobar como llueve, tal y como lo hacía en lejanos meses de enero.
Ahora no es así, los exámenes se han apoderado de mi tiempo y por el contrario no logran su objetivo principal de hacer que piense noche y día en las asignaturas sino que hacen que me fije como meta el fin de los exámenes, casi sin importarme los resultados obtenidos.
Así pues, me despido, deseando que vuelva mi libertad, y poder acabar así con mi ausencia en el cibermundo, afeitar mi barba y poder comprobar como llueve, tal y como lo hacía en lejanos meses de enero.
viernes, 31 de diciembre de 2010
2010 recuerdos
Dicen que las buenas costumbres no se deben perder, y en eso pienso cuando una vez más vuelvo a intentar hacer un pequeño repaso del año que termina. No sé si es cosa mía pero instintivamente tiendo a pensar que este 2010 se me ha ido volando, pero por otra parte echo la vista un año atrás y recuerdo en donde estaba y en lo que pensaba y contemplo como han cambiado las cosas hasta tal punto que un año me parece todo un mundo. Sin embargo tras este dilema sobre lo efímero que es el tiempo veo que 365 días después del anterior repaso vuelvo a encontrarme en el mismo lugar, es decir, frente a la pantalla de mi ordenador
Al igual que cada año pienso que cada uno tendrá su particular recuerdo, pero en la memoria colectiva (aunque quede lejos en la memoria fue este año 2010) quizás queden volcanes islandeses, alertas máximas en Canarias, terremotos en Haití o huelgas de controladores. Sin olvidarnos de la llamada de los vecinos saharauis a la que quizás no hemos sabido atender correctamente.
En la memoria individual de cada uno quedarán otras historias, hazañas, quizás llantos y sonrisas, nada nuevo al fin y al cabo, pero cobra más sentido todo esto si pienso que mientras nosotros vivíamos inmersos en la rutina, un reducido número de mineros chilenos conmovían al mundo por aguantar bajo tierra sin perder la calma. Chile fue protagonista también por arrebatarle a La Palma el “Telescopio Extremadamente Grande” y por temblar su tierra hace ya algunos meses. Incluso en nuestra mente, si me apuran, al pensar en Chile podremos cruzar el Atlántico en décimas de segundo para irnos a Sudáfrica; de hecho para que España fuera campeona del mundo previamente tuvo que ganarle al equipo chileno.
En más de una ocasión he hablado de la fuerza que tiene el fútbol para movilizar a las masas y unirlas a la vez, por encima de razas, condiciones o edades y este año se ha ratificado mi pensamiento, así que más allá del triunfo ante Holanda, del gol de Iniesta, el pulpo Paul o de la patada a Xabi Alonso me quedo con la emoción latente en todas partes, niños, adultos, veteranos, y por qué no, estudiantes que veían en el Mundial la única forma de evadirse de los exámenes.
Y al pensar en fútbol me acuerdo de mi Tenerife, si bien el 2009 fue un año para enmarcar, 2010 invita a ser olvidado, (y cuanto antes mejor), así que espero que lo de este equipo sea cosa de años impares y con 2011 vuelvan las tardes de alegrías(y que 2012 tenga aires de año impar), pese a todo debo agradecer que en la isla vecina no se haya hecho leña del árbol caído y se me haya respetado por seguir a mi equipo, hasta tal punto que allí el único problema que he tenido ha sido con un lituano de dos metros que no creo que sepa mucho de fútbol.
Ya que nombro a la isla vecina aprovecho para acercarme a un plano más personal, y recordar que ha sido un año de cambios, y pese a estar a menos de dos horas de mi casa el calor del hogar es inconfundible. No solo en el sentido más estricto y literal de la palabra hogar, sino las pequeñas cosas, esas calles peatonales de La Laguna, quedar a una determinada hora en la Catedral, salir de casa y escuchar el reloj de la Concepción anunciando las menos cuarto o por ejemplo el camino a casa tras potenciar el ocio nocturno.
No llego a esta conclusión única y exclusivamente tras haberme “mudado” a Gran Canaria sino tras un año bastante movidito de maletas, furgones, aeropuertos, y dormir en aproximadamente 15 lugares distintos. Cierto es que han sido viajes fugaces que no han permitido que me enamore ciegamente del lugar pero el recuerdo seguirá ahí, y junto a él la gente que me acompañaba, ya fuera en Madrid, Palencia o en los 2300 kilómetros recorridos por Italia.
Ha sido también el año en el que he comenzado a ver la vida como diplomado, y no sé si como consecuencia de ello o por mera casualidad, se ha despertado en mí un espíritu crítico con el día a día que nos rodea, espero que en 2011 pueda hacerlo como licenciado, pero no termino de verlo muy claro (este comentario negativo es cortesía de Varian, Pareto, Cob Douglas, Jarque Bera y demás “pensadores”…)
Termina así este año de Bajada en La Palma, sabiendo que la música de los enanos no volverá a sonar hasta 2015, pero no hará falta, porque el solo hecho de haberlos visto danzar habrá servido para rejuvenecer tanto como haga falta para volver a la niñez. Sensación que ni la tecnología 3D que parece haber despuntado en este año puede lograr.
Y siguiendo con el tema de las sensaciones, y teniendo que elegir una que represente mi año 2010 me quedo con la de reencontrarse con alguien tras mucho tiempo sin verse, y es que en mi caso puedo decir que he aprendido a disfrutar el momento y no echar en cara las largas ausencias, máxime cuando ahora al volver no me esperan secos saludos, sino sinceros y calurosos abrazos, aunque debo reconocer también que aún sigo creyéndome y creciéndome cuando escucho que alguien pronuncia eso de “a ver si quedamos un día”.
A fin de ahorrar energía, y más sabiendo que en 2011 la luz subirá un 9,8%, me despido no sin antes transmitir a todos mis mejores deseos para 2011, y en especial para todas aquellas personas que no han tenido un buen 2010, así que para ellos, si me lo permiten, va mi abrazo más fuerte, y un mensaje claro, “saldremos adelante”Feliz año
Al igual que cada año pienso que cada uno tendrá su particular recuerdo, pero en la memoria colectiva (aunque quede lejos en la memoria fue este año 2010) quizás queden volcanes islandeses, alertas máximas en Canarias, terremotos en Haití o huelgas de controladores. Sin olvidarnos de la llamada de los vecinos saharauis a la que quizás no hemos sabido atender correctamente.
En la memoria individual de cada uno quedarán otras historias, hazañas, quizás llantos y sonrisas, nada nuevo al fin y al cabo, pero cobra más sentido todo esto si pienso que mientras nosotros vivíamos inmersos en la rutina, un reducido número de mineros chilenos conmovían al mundo por aguantar bajo tierra sin perder la calma. Chile fue protagonista también por arrebatarle a La Palma el “Telescopio Extremadamente Grande” y por temblar su tierra hace ya algunos meses. Incluso en nuestra mente, si me apuran, al pensar en Chile podremos cruzar el Atlántico en décimas de segundo para irnos a Sudáfrica; de hecho para que España fuera campeona del mundo previamente tuvo que ganarle al equipo chileno.
En más de una ocasión he hablado de la fuerza que tiene el fútbol para movilizar a las masas y unirlas a la vez, por encima de razas, condiciones o edades y este año se ha ratificado mi pensamiento, así que más allá del triunfo ante Holanda, del gol de Iniesta, el pulpo Paul o de la patada a Xabi Alonso me quedo con la emoción latente en todas partes, niños, adultos, veteranos, y por qué no, estudiantes que veían en el Mundial la única forma de evadirse de los exámenes.
Y al pensar en fútbol me acuerdo de mi Tenerife, si bien el 2009 fue un año para enmarcar, 2010 invita a ser olvidado, (y cuanto antes mejor), así que espero que lo de este equipo sea cosa de años impares y con 2011 vuelvan las tardes de alegrías(y que 2012 tenga aires de año impar), pese a todo debo agradecer que en la isla vecina no se haya hecho leña del árbol caído y se me haya respetado por seguir a mi equipo, hasta tal punto que allí el único problema que he tenido ha sido con un lituano de dos metros que no creo que sepa mucho de fútbol.
Ya que nombro a la isla vecina aprovecho para acercarme a un plano más personal, y recordar que ha sido un año de cambios, y pese a estar a menos de dos horas de mi casa el calor del hogar es inconfundible. No solo en el sentido más estricto y literal de la palabra hogar, sino las pequeñas cosas, esas calles peatonales de La Laguna, quedar a una determinada hora en la Catedral, salir de casa y escuchar el reloj de la Concepción anunciando las menos cuarto o por ejemplo el camino a casa tras potenciar el ocio nocturno.
No llego a esta conclusión única y exclusivamente tras haberme “mudado” a Gran Canaria sino tras un año bastante movidito de maletas, furgones, aeropuertos, y dormir en aproximadamente 15 lugares distintos. Cierto es que han sido viajes fugaces que no han permitido que me enamore ciegamente del lugar pero el recuerdo seguirá ahí, y junto a él la gente que me acompañaba, ya fuera en Madrid, Palencia o en los 2300 kilómetros recorridos por Italia.
Ha sido también el año en el que he comenzado a ver la vida como diplomado, y no sé si como consecuencia de ello o por mera casualidad, se ha despertado en mí un espíritu crítico con el día a día que nos rodea, espero que en 2011 pueda hacerlo como licenciado, pero no termino de verlo muy claro (este comentario negativo es cortesía de Varian, Pareto, Cob Douglas, Jarque Bera y demás “pensadores”…)
Termina así este año de Bajada en La Palma, sabiendo que la música de los enanos no volverá a sonar hasta 2015, pero no hará falta, porque el solo hecho de haberlos visto danzar habrá servido para rejuvenecer tanto como haga falta para volver a la niñez. Sensación que ni la tecnología 3D que parece haber despuntado en este año puede lograr.
Y siguiendo con el tema de las sensaciones, y teniendo que elegir una que represente mi año 2010 me quedo con la de reencontrarse con alguien tras mucho tiempo sin verse, y es que en mi caso puedo decir que he aprendido a disfrutar el momento y no echar en cara las largas ausencias, máxime cuando ahora al volver no me esperan secos saludos, sino sinceros y calurosos abrazos, aunque debo reconocer también que aún sigo creyéndome y creciéndome cuando escucho que alguien pronuncia eso de “a ver si quedamos un día”.
A fin de ahorrar energía, y más sabiendo que en 2011 la luz subirá un 9,8%, me despido no sin antes transmitir a todos mis mejores deseos para 2011, y en especial para todas aquellas personas que no han tenido un buen 2010, así que para ellos, si me lo permiten, va mi abrazo más fuerte, y un mensaje claro, “saldremos adelante”Feliz año
Un año de blog
Hace ya un año, decidí impulsivamente crear este blog, y si a los políticos se les concede un período de 100 días para analizar los resultados, en mi caso he optado por un año para hacer lo propio.
Extraigo dos principales conclusiones:
La primera es que me he dejado ir, y si en un principio la media era de 7/8 entradas por mes ahora no es así, sin embargo me doy por satisfecho, porque con cualquier otra actividad, como por ejemplo el gimnasio no creo que hubiera tenido tanta constancia.
La segunda conclusión es que la persona menos pensada siempre puede acabar leyendo este blog, y me alegra el momento cuando alguien me dice que entró a ver mi blog.
Así que lo único que puedo esperar es que con el 2011 vuelva la constancia.
Muchas gracias
Extraigo dos principales conclusiones:
La primera es que me he dejado ir, y si en un principio la media era de 7/8 entradas por mes ahora no es así, sin embargo me doy por satisfecho, porque con cualquier otra actividad, como por ejemplo el gimnasio no creo que hubiera tenido tanta constancia.
La segunda conclusión es que la persona menos pensada siempre puede acabar leyendo este blog, y me alegra el momento cuando alguien me dice que entró a ver mi blog.
Así que lo único que puedo esperar es que con el 2011 vuelva la constancia.
Muchas gracias
lunes, 29 de noviembre de 2010
Corre el tiempo,corre...
Me he estremecido al ver el calendario, no es la primera vez que me pasa, pero sigue conmoviéndome este hecho.
Me conmueve la proximidad de las fiestas, los exámenes, el final del año,planes y más planes acumulándose, el echar la vista un año atrás y preguntarme "¿hace un año ya de eso?"... También me duele pensar que se acaba noviembre y todavía no he dejado mi huella aquí y peor aún, no haber hecho ni una triste visita a este humilde blog. Por eso ahora me enfrento a la pantalla del ordenador para llevar a cabo un intento de repaso de estos últimos días, semanas, que se han convertido en mes.
El tiempo ha corrido, realmente lo hace siempre, pero esta vez lo he sentido pasar más rápido si cabe, y mientras, en mi móvil se han ido acumulando pequeñas notas que han ido surgiendo espontánemante.
La lectura positiva que saco de todo esto es que por primera vez en mucho tiempo me he puesto a escribir porque salía de mí y lo necesitaba, y no porque me entraran remordimientos de tener abandonado este blog. Y esta vez no se trata de un par de líneas (a la vista queda)
El caso es que durante esta ausencia cibernética he estado otra vez por Madrid.
No sé qué tiene Madrid que por una parte te atrapa, hasta tal punto que al igual que La Meca debería ser obligatorio visitarla una vez en la vida, pero por otro lado te deja una sensación de vacío, prisas; y mientras cada uno marcha por su camino nace el pensamiento de que el cruzarte con alguien en sus calles es fruto del azar, y que es muy difícil que el destino vuelva a juntarte con ese alguien.
Quizás me pase solo a mí, pero cuando viajo en el Metro de Madrid siento una extraña sensación que me devuelve al 11 de marzo de aquel ya casi lejano 2004, nadie lo dice pero la siento latente, algo similar me pasa cuando paso por los aparcamientos de la T4 y recuerdo las imágenes del atentado de ETA...
Pero se olvida todo al instante cuando me invade el optimismo al ver la Gran Vía, me entran también ganas de poder ver algún día unos Juegos Olímpicos en la Capital. Y entonces sigo paseando por Madrid y veo lo grande que es, y bajo mis influencias pueblerinas me da por pensar "esto no puede ser tan grande".
Justo tras mi paso por Madrid, volví a casa, pero no es el momento de hablar de ello, de hecho bastaría con esperar a que vuelva a las pantallas el famoso anuncio del turrón y comprobar que una imagen vale más que mil palabras.
(Y mientras, veo como se expanden las tradiciones al saber que en Gran Canaria también se celebra la Fuga de San Diego)
También debo decir que noviembre ha corrido tanto que no me ha dejado cumplir mi promesa de ponerme serio y ponerme a estudiar a diario, y ya van dos meses que me pasa esto.
He de sumar a todo esto que tras más de dos meses durmiendo en una cama que no es la mía sigo sin poder afirmar que estoy viviendo aquí, más que nada por resignación y porque mi cepillo de dientes sigue durmiendo en el neceser, y no en el vaso donde debería hacerlo.
Y corro como lo hace el tiempo, a la carrera todo, hasta tal punto que esta entrada que se presentaba como una de las más reflexivas se llena de prisas.
En fin, termina un noviembre más de clásicos Barça-Madrid (y viceversa) y termina esta entrada, además lo hacen con la misma sensación, podrían haber dado más de sí, pero también menos.
Me conmueve la proximidad de las fiestas, los exámenes, el final del año,planes y más planes acumulándose, el echar la vista un año atrás y preguntarme "¿hace un año ya de eso?"... También me duele pensar que se acaba noviembre y todavía no he dejado mi huella aquí y peor aún, no haber hecho ni una triste visita a este humilde blog. Por eso ahora me enfrento a la pantalla del ordenador para llevar a cabo un intento de repaso de estos últimos días, semanas, que se han convertido en mes.
El tiempo ha corrido, realmente lo hace siempre, pero esta vez lo he sentido pasar más rápido si cabe, y mientras, en mi móvil se han ido acumulando pequeñas notas que han ido surgiendo espontánemante.
La lectura positiva que saco de todo esto es que por primera vez en mucho tiempo me he puesto a escribir porque salía de mí y lo necesitaba, y no porque me entraran remordimientos de tener abandonado este blog. Y esta vez no se trata de un par de líneas (a la vista queda)
El caso es que durante esta ausencia cibernética he estado otra vez por Madrid.
No sé qué tiene Madrid que por una parte te atrapa, hasta tal punto que al igual que La Meca debería ser obligatorio visitarla una vez en la vida, pero por otro lado te deja una sensación de vacío, prisas; y mientras cada uno marcha por su camino nace el pensamiento de que el cruzarte con alguien en sus calles es fruto del azar, y que es muy difícil que el destino vuelva a juntarte con ese alguien.
Quizás me pase solo a mí, pero cuando viajo en el Metro de Madrid siento una extraña sensación que me devuelve al 11 de marzo de aquel ya casi lejano 2004, nadie lo dice pero la siento latente, algo similar me pasa cuando paso por los aparcamientos de la T4 y recuerdo las imágenes del atentado de ETA...
Pero se olvida todo al instante cuando me invade el optimismo al ver la Gran Vía, me entran también ganas de poder ver algún día unos Juegos Olímpicos en la Capital. Y entonces sigo paseando por Madrid y veo lo grande que es, y bajo mis influencias pueblerinas me da por pensar "esto no puede ser tan grande".
Justo tras mi paso por Madrid, volví a casa, pero no es el momento de hablar de ello, de hecho bastaría con esperar a que vuelva a las pantallas el famoso anuncio del turrón y comprobar que una imagen vale más que mil palabras.
(Y mientras, veo como se expanden las tradiciones al saber que en Gran Canaria también se celebra la Fuga de San Diego)
También debo decir que noviembre ha corrido tanto que no me ha dejado cumplir mi promesa de ponerme serio y ponerme a estudiar a diario, y ya van dos meses que me pasa esto.
He de sumar a todo esto que tras más de dos meses durmiendo en una cama que no es la mía sigo sin poder afirmar que estoy viviendo aquí, más que nada por resignación y porque mi cepillo de dientes sigue durmiendo en el neceser, y no en el vaso donde debería hacerlo.
Y corro como lo hace el tiempo, a la carrera todo, hasta tal punto que esta entrada que se presentaba como una de las más reflexivas se llena de prisas.
En fin, termina un noviembre más de clásicos Barça-Madrid (y viceversa) y termina esta entrada, además lo hacen con la misma sensación, podrían haber dado más de sí, pero también menos.
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