sábado, 22 de junio de 2013

Llorar



No creo que lo recuerdes pero viniste al mundo llorando; y si no lo hiciste te pegaron para que lo hicieras alegando que era necesario, cual sinopsis de la vida. Inmediatamente después interpretaste que llorando era la única forma de conseguir comer y un cambio de pañales. 

Pero de repente todo se dio la vuelta, llorona y llorica se convirtieron en insultos. Se metieron también con tus lágrimas de cocodrilo mientras luchabas por evitar que algún que otro moco saliera de la nariz.

Si eres mujer quizás te conmovió escuchar a Bob Marley eso de “No woman no cry” como si llorar fuera malo, y siendo hombre quizás se acentuó el trauma con Miguel Bosé y eso de “Los chicos no lloran”. Y todo eso pasaba mientras Celia te recordaba que la vida es un carnaval y no era necesario llorar.

 Si fuiste curioso e indagaste en la vida del rey Boadbil quizás topaste con la frase que le dijo su madre tras perder Granada  ("Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”).  Desde luego que llorar no está bien visto. Y así inventaste excusas tan malas como eso de “se me metió tierra en el ojo”.

Por otro lado tus lágrimas junto a tu sudor y tu sangre le dieron valor a aquel reto que pudiste completar y ya ni recuerdas. Y mientras tanto, Peret seguía buscando aquella lágrima tuya que cayó en la arena.

Mención aparte merecen las lágrimas de alegría, olvidadas casi siempre; abocadas a ser carne de sospechas. Incluso si lloras de alegría alguien pensará que lo haces tratando de esconder alguna maldad.

Y tras reflexionar con esto de llorar resulta que no hay receta que valga salvo ser natural y no olvidar a El Chojin con eso de “ríe cuando puedas, llora cuando lo necesites”. 


lunes, 27 de mayo de 2013

Tragedia de lunes



Que haya sido un lunes creo que es todo un guiño del destino para poder darle aires trágicos a mi historia. Podía haber sido un martes 13, pero creo que no me he portado tan mal como para recibir semejante castigo. El caso es que mi móvil ha muerto. Cierto es que tenía menos de un año pero no me sorprende, rara es la manzana que dura más de dos meses sin podrirse, y si encima es una manzana mordida ya ni hablamos…

Nunca he perdido el conocimiento, tengo fama de patoso pero se ve que algún talismán escondido que debo tener hizo que me librara de experimentar semejante sensación. No sé bien que se siente al perder el conocimiento, pero supongo que debe ser muy parecido a lo que estoy pasando ahora mismo. 

No sé si podré vivir sin recibir tanta información pues he perdido la lista de la compra del 11 de noviembre, la del 4 de marzo y la del 5 de abril. He perdido también la foto de la cebolla dentro de la cebolla que saqué ayer (muy digna de Cuarto Milenio). Tampoco podré recibir la llamada de Barack Obama que estoy esperando para ver si me da trabajo en la Casa Blanca (sí, me lo tenía muy calladito). Sin embargo lo que más me preocupa es el Whatsapp, ya no podré saber a qué hora se conectó por última vez mi vecino, ni si aquella chica con la que hace 4 años que no hablo actualizó su foto de perfil.

¿Y si hoy por fin alguien se había dignado a decir “Hola” en ese grupo donde nadie habla? ¿Cuántas obscenidades estarán dejando de ver mis ojos hoy? Y peor aún, ¿por qué me pasa esto un lunes? Si el lunes es el día por excelencia de comentar la jornada de fútbol. Tampoco quiero pensar qué pasará si hoy no recibo ninguna foto de platos de comida. ¡Estoy en un sin vivir!

NOTA: (En este mismo momento se acaba de encender mi móvil, pero le estaba cogiendo gusto a esto de escribir, así que seguiré) (sí, aunque no lo parezca todo lo anterior era real, a excepción de lo Obama)

Creo que estoy ante un claro ejemplo de punto de inflexión. Partiendo de la base de que al parecer no soy lo suficientemente ‘smart’ para tener un ‘smartphone’ no sé si volver al Nokia 3310 y cambiar redes sociales por la serpiente, dejarlo todo, incomunicarme y montar un chiringuito en la playa o llevar a que algún ciudadano del mundo me pida un riñón para arreglar el dichoso móvil.

En fin, dado que todo ha acabado en un susto, creo que por una vez, el escribir me ha servido para ahorrar dinero, porque si no me hubiera dado por comentar mi particular tragedia de lunes no le hubiera dado tiempo a mi móvil a regenerarse. Y sí, no hay nada más patético que ver como al llegar al servicio técnico todos los aparatitos misteriosamente empiezan a funcionar. Y de pasar por caja no se libra nadie.

miércoles, 22 de mayo de 2013

(im)posible o no



Nunca tuve muy claro en qué momento se dejaba de ser niño, no recuerdo bien si fue al ver al Ratoncito Pérez esconder mi diente o al ver el almacén donde los Reyes Magos escondían mis regalos. Pudo ser también el día que tuve que pedir consejo para ver qué hacer con la pelusilla que yacía bajo mi nariz, o quizás la primera vez que me quedé solo en casa y no traté de crear trampas cual Kevin McAllister.

Además, como varón nunca me llegó ninguna llamada biológica que alterara mi vientre y me diera a entender que mi infancia estaba punto de agotarse.

Por encima de cualquier escena,  creo que dejé de ser niño al conocer algunas palabras, porque hay palabras malditas y malditas palabras. No soy quien para invocar a las primeras, y de las segundas  me llama la atención una de ellas: IMPOSIBLE. Y es que creo que se deja de ser niño  cada vez que se descubre esta palabra.

Debería ahora hacerme pasar por autor místico de libros de autoayuda, nombrar a Rosana cuando decía eso de “a imposible le sobran dos letras”, jugar un poco con la famosa saga protagonizada por Tom Cruise, recordar aquel anuncio de Adidas o matizar que imposible no significa improbable. Pero no, seré más práctico, te pediré un minuto para que recuerdes aquella idea tan loca que rondaba en tu cabeza de niño. Probablemente llegarán ciertas fases, quizás no en este orden pero llegarán: 

Te insultarás, preguntándote cómo pudiste pensar algo tan descabellado, te admirarás también, cual bipolar viendo cómo una idea tan genial pudo salir de tu cabeza. Pronunciarás también eso de “son cosas de niños…”, y alguna que otra fase que seguramente se me escapa. Quizás recuerdes también la desilusión al descubrir que tu idea era inviable. En ese momento te hiciste adulto, o por lo menos un poco menos niño.

Ahora dejo en tu mano, con unos cuantos años más, y espero que algún que otro conocimiento adicional que valores si te precipitaste cuando dijiste que tu idea era imposible porque quizás con un par de modificaciones tus ideas de niño podrán ser tus ilusiones de viejo.

sábado, 20 de abril de 2013

Otro 20 de abril más



El 20 de abril un año más sigue siendo un día especial para mí, este año he seguido fiel a mi tradición y son estas las palabras que he decidido "arrejuntar".  Feliz 20 de abril

Creo que uno de los errores que más veces he repetidos ha sido el esperar que los demás actuaran como yo suponía que harían. Creyéndome un gran estratega no puedo negar que alguna que otra vez me dije a mí mismo eso de “primero digo yo esto, y seguro que luego él/ella dice aquello y luego yo añado aquello y todo arreglado”. No nos engañemos, eso rara vez pasa, al contrario que las decepciones que siempre se dejan ver en situaciones así. Pasó así aquella vez que te dije aquello para que hicieras tal cosa, o cuando no hiciste lo que yo hubiera hecho en tu más que hipotético lugar, o bien aquel día que…

Un simple hecho hipotecó nuestra amistad, un simple segundo pudo enturbiar tantos buenos momentos o incluso cambiar las impresiones que teníamos el uno del otro. Yo, máquina de excusas más bien poco hice por arreglar las cosas, lo dejé en manos del tiempo, sin saber que el tiempo más que médico es curandero.
El caso es que hoy es 20 de abril de 2013, y recordando a Celtas Cortos (una vez más), me acuerdo de ti; para ser sinceros no lo hago solamente hoy puesto que pienso en ti más de lo que tú piensas y no sé si más de lo que debiera. Quizás tú ya te hayas olvidado de mí, mientras yo sigo anclado en el pasado, pero entiéndelo, es de ahí de donde vengo, donde se halla mi única certeza.

Una vez dicho esto, déjame romper el hielo y contarte un poco de mi vida para ver si así te animas tú y te abres como hacías antaño. Tengo noticias de mí que te alegraría conocer, o solían alegrarte, noticias que guardo junto a preguntas que quiero hacerte. Debes saber  también que sigo teniendo presente la lista de promesas que en su día hicimos. De resto, sigo igual, sin saber hacer el pino o escupir y con mi manía de hablar más de la cuenta, aunque también sigo callando a ratos.

No recuerdo bien si siempre lo fui pero el caso es que ahora, cual pluriempleado soy valiente y cobarde a tiempo parcial. Y quizás sea mi lado cobarde el que me hace no preguntarte qué pasó entre nosotros, si nos regamos tan poco y nos secamos o si tanta agua ahogó nuestra relación.

Me voy despidiendo ya con un último mensaje. Supongo que habrás cambiado y tratarás de asumirlo a momentos y de esconderlo otras tantas veces y ya que sé que al menos me lees voy a confesar que no solo te pasa a ti. Por favor que el cambio no te acompleje porque en él vivimos, y no me hagas ponerme de pesado y repetirte aquello de Heráclito y Parménides que tanto me gustaba, porque vas a descubrir que hay cosas en mí que no cambian



lunes, 18 de marzo de 2013

No hablo de fútbol



Llevaba días preocupado por no saber qué escribir. Ni la situación política del país, ni los cambios en la jerarquía eclesiástica, ni el día de la mujer trabajadora han logrado inspirarme. Supongo que será cosa del frío. Supongo también que cuando Pereza cantaba aquello de “con los pies fríos no se piensa bien” lo hacían con conocimiento de causa.

La vaga ocurrencia que se me pasó por la mente era escribir sobre fútbol. Lejos de dobles pivotes, expulsiones exageradas, cruces de cuartos de final o ese argentino que parece no tener límites. Quería escribir del fútbol como principal elemento globalizador por encima de las hamburguesas de la “M amarilla” o de esas manzanas que lucen en ordenadores, tabletas, reproductores de música o móviles. Pretendía hacerlo con una afirmación muy radical “en los colegios no se debería enseñar tantas Matemáticas, Conocimiento del Medio, Religión (…) se debería enseñar fútbol”. 

Pero no, he aprendido a escribir solamente cuando estoy medianamente convencido de algo, y esta vez no era el caso. Es cierto que mi tesis estaba respaldada en la obligación de saber de fútbol para poder entablar conversaciones con compañeros de trabajo, conocidos, o recién presentados. No importa la jerarquía, en ese momento todos estamos al mismo nivel y sacamos nuestros conocimientos futbolísticos a escena. En ese instante, da igual si sabes lo que es la mitosis o no, da igual que no recuerdes ningún elemento de la tabla periódica, puedes flaquear en las tablas de multiplicar… pero si no sabes cómo quedó el partido del fin de semana, quién marcó, qué jugador está en racha, etcétera etcétera puedes ser visto como un ser muy muy extaño.

Rechacé llevar a cabo mis intenciones de escritura. Hasta que algo pasó, me recordaron que tal día como hoy pero hace 16 años (16 años, que se dice pronto) mi equipo llegó lo más lejos que jamás ha llegado en competiciones europeas. Estas cosas no solamente me hacen sentir viejo sino que también me hacen comportarme como uno de ellos y decir frases tan típicas como eso de “y parece que fue ayer”, “la vida pasa muy rápido”, “nadie ha vuelto a vestir la camiseta del Tenerife con tanto orgullo como lo hacían antes”.

Recuerdo llegar de clases de inglés aquel 18 de marzo de 1997. Martes, eso significaba que tenía que ser rápido para ducharme y terminar las tareas porque los martes históricamente siempre llegaba a casa a eso de las 19:15. Recuerdo también estar en la cama de mis padres viendo el partido con mi madre, algo muy raro puesto que a mi madre no le gusta el fútbol. Y eso es lo bonito, que una persona a la que no le gusta ver el fútbol renunciara a ver “Médico de Familia”, “Querido Maestro”, “Urgencias” o qué se yo qué programa de la televisión de antes por estar con su hijo sobre aquella manta de lana viendo a aquel equipito luchando por hacer algo grande.

Creo recordar que mi madre celebró el gol del Tenerife. Y  probablemente fue ahí cuando comprendí que no me gustaba el fútbol, lo que me gustaba era las emociones que transmiten menos de dos docenas de tíos corriendo tras un balón. Tras ese día llegaron botellas de champán para celebrar ascensos, días de fútbol con gente a la que ahora no me hablo, abrazos a desconocidos al marcar Alfaro a Las Palmas, dolores de barriga al ver asomar el césped del estadio, o mochilas preparadas desde por la mañana para ir al estadio con mi abuelo. Recuerdo también estar subidos a los hombros de un amigo descorchando una botella de sidra para celebrar el gol de Kome, o abrazarme a mi primo tras ganarle al Xerez el año del ascenso. O recorrer toda la isla de La Palma con mi otro abuelo y mi bandera para ver un simple partido amistoso.

Ahora, 16 años después, hundidos bastante abajo es cuando empiezo a darme cuenta de lo que significaba aquel gol de Antonio Mata, ahora es cuando empiezo a desear de verdad que esos días vuelvan. Porque ya sabemos que el que prueba siempre quiere repetir. Ahora es cuando comprendo que seguir “adelante sin temor” es más que una frase del himno, es una filosofía de vida. 

Y además de todo eso, el Tenerife hoy ha sido la excusa para actualizar este blog. No le puedo pedir más al equipo de mi tierra por hoy. Bueno sí, volver a sentir lo que en su momento no entendí.