jueves, 16 de enero de 2014

Brainstorming (con o sin paraguas)

Me dirijo al trabajo, a menos de 5 metros de mí, al igual que ayer, viajan un niño y su trajeado padre. Nunca tuve la habilidad de ver parecidos en la gente, pero esta vez mirándoles la barbilla a los dos pienso eso de “la verdad es que no se puede negar que es hijo suyo”. Por si fuera poco, ambos comparten una calma asombrosa, o por lo menos asombrosa para la edad del niño.

Puede ser cosa de la hora, pero quienes tienen por rutina el ir a trabajar/estudiar en transporte público saben de lo que hablo. Afuera llueve. Y de repente se hace un silencio lo suficientemente silencioso (no olvidemos que John Cage afirmaba que el silencio absoluto no existe) como para oír cómo el niño preguntaba porqué había gente sin paraguas. Oí una pequeña risa tímida que me confirmó que yo no era el único que sin querer había escuchado la pregunta.

La respuesta que el niño recibió, que la hubo, poco importa en el devenir de esta entrada. Y es que en ese momento aunque la pregunta no fuera dirigida a mí me paré a pensar qué hubiera respondido yo en ese momento. Y concluí en el momento que quizás aún no esté preparado para afrontar la paternidad.

Lo que me pasó después, fue algo que me suele suceder muy a menudo, y es que por mi cabeza comenzaron a pasar varias respuestas posibles. Paró la lluvia, pero a lo largo de la mañana me sorprendió una tormenta de ideas, y no, yo tampoco tenía paraguas para protegerme de ella. Estas son algunas de las hipotéticas respuestas que le hubiera dado al pequeño protagonista de esta historia:

  • “No todo el mundo tiene una madre tan previsora como la tuya”. Porque no nos engañemos, la obsesión del niño por llevar paraguas muy probablemente tiene origen en la figura materna.
  • “Hay gente que al salir de casa se encontró con un sol radiante”. Sí, no es cosa del cambio climático sino de los microclimas. (Además, no olvidemos que el actual presidente del Gobierno español negó en su momento la existencia del Cambio Climático)
  • “No todo el mundo tiene paraguas”. Quizás esta respuesta sea la más didáctica de todas y le ayude a comprender que lo que para nosotros es común para otros puede ser exótico.
  • “No están de moda los paraguas”. Y es que no nos engañemos, hay objetos de uso cotidiano que han existido de hace tiempo y se usan según las tendencias. Dan fe de esto calentadores, riñoneras, etcétera etcétera.
  • “A veces con ponerse la capucha basta”. Vale, esta respuesta es muy mía. No sé porqué pero a veces con que no se me moje la cabeza me doy por satisfecho.
  • “Es solamente agua, como con la que tú te duchas”. Una verdad como un templo, aunque ahora alguien me diga que técnicamente el agua del grifo tiene mayores índices de cloro y/o flúor.
  • “No hay que temerle al agua, de hecho somos agua al 60%”. Vale, esto lo digo simplemente a raíz de mi entrada de ayer. Puse 80% y me comentaron que la cifra era errónea.
  • “Hay gente que disfruta con la lluvia”. Esta es mi preferida, y es que con la que está cayendo (¡qué agudo estoy!) valorar las pequeñas cosas y disfrutar con todo lo que nos venga no es mala receta.


¿Y tú, qué respuesta le hubieras dado al chiquitín?

miércoles, 15 de enero de 2014

Agua

Todos, tendemos a olvidar cómo pensábamos con 13 años. Incluso quien aún actúa como si estuviera en plena edad del pavo probablemente haya olvidado la forma de ver el mundo que tenía con tan nombrada edad. Personalmente, creo que si pudiera volver al pasado debería darme un par de bofetones, aunque sé que candidatas y candidatos no faltarían en esta o aquella época.

Hacer limpia es algo que aunque no me gusta nada, me inspira. Les pongo en situación, el otro día mientras revisaba viejos recuerdos, recordé (para eso están los recuerdos) una vieja redacción en la que tenía que hablar sobre el agua. Tenía 13 años, y para mí el agua quizás no fuera más que eso que sale del grifo cada vez que uno quiere. Puede que también en mi cabeza rondara el dato que dice que somos agua al 80%. El caso es que en mi cabeza no cabía que aún viviendo en una isla, rodeado de mar, mi padre me dijera que el agua era (y es) un bien escaso.

Después llegó la Expo de Zaragoza, dedicada al agua y fui comprendiendo poco a poco la importancia del agua.

Y de repente, no sé bien cuándo, caí en la cuenta de que la importancia del agua era tanta que traspasaba la literalidad para establecerse en más de las expresiones de las que a priori pensamos.

Hay gente a la que le falta un agua y están como una regadera.

También hay gente que va a la deriva, hundida. Muchos de ellos, cual náufrago buscan forma de ahogar sus penas.

Otros no hacen más que aguar las fiestas, allá donde van mientras ven como los demás esperan como agua de mayo que cambien su actitud.

A las personas también se nos puede regar, no con agua, sino con cariño. De hecho, me atrevería a decir que el cariño y el afecto, en muchas ocasiones puede llegar a ser casi tan importante como el agua para sobrevivir. Además, hay que saber darlo en la cantidad apropiada, para así ni secar ni pudrir a quien queremos.


Y sí, tras más de una década ratifico que el agua es más que dos partículas de Hidrógeno con una de Oxígeno.

Esta entrada va dedicada a quienes me riegan, a quienes no me regaron, y sobretodo a quienes aún necesitando mi cariño no regué demasiado por estarme dedicando a regar cactus que no me necesitaban. A todas esas grandes ramas sequitas les mando un poco de agüita.








(No, la canción de los chicos de OT no contribuyó a mi comprensión de la importancia del agua)

martes, 31 de diciembre de 2013

Esto y más me deja el 2013

Dicen que el número 13 es sinónimo de mala suerte, de hecho, hay gente que incluso padece “triscaidecafobia” y le tiene auténtica fobia a este número. Personalmente tengo poco que reprocharle a este 2013, pero creo que por cortesía debo empezar por un resumen global del año que acaba.

Como todos los años, toca recordar a todos aquellos que fallecieron, sé que me voy a olvidar de muchos de ellos pero en la lista hay nombres tan diferentes como El Batu o Constantino Romero, Paul Walker o Sara Montiel, Margaret Thatcher o Concha García Campoy, Hugo Chávez o Mariví Bilbao. Nelson Mandela y Manolo Escobar también se nos fueron, al igual que  Alfredo Landa o José Luis Sampedro o María de Villota. En Tenerife vimos también como el “Charlot de Tenerife” se nos marchaba. Todos a su manera dejaron algún ejemplo del que aprender. Y sí, soy consciente de que nombré a El Batu. 

Sin embargo no fueron los únicos, quizás por los efectos de la carne de caballo ya nos estemos olvidando de todos los que fallecieron en Boston en lo que parecía un tranquilo día de maratón, camino de Santiago en tren para pasar las fiestas, en un día aparentemente normal en Filipinas y tantas tantas víctimas silenciosas en mil y unas situaciones, como quienes fallecieron en una precaria fábrica en la India.

Hubo cambio de Papa, y parece que por primera vez en mucho tiempo, la Iglesia empieza a comprender la importancia de la simpleza, no hay más que ver el nombre escogido, Francisco, sin número, sin complejidades, sin nombres compuestos. Se agradece.

El verano se nos pasó rápido, y mientras en los diarios la única preocupación parecía ser cuánto se pagaría por Neymar o Bale, Galicia ardía. No es demagogia, pero este año le hemos dado más importancia a banalidades que auténticos dramas. Pareció importar más que un falso traductor estuviera en el entierro de Madiba que todos los inmigrantes fallecidos en Lampedusa. 

Creo que algo pasó en Siria, pero no estoy seguro, porque muchos decidimos girar la cabeza para no ver. Y no por ello dejó de pasar. Lo que sí pasó fue que las calles se siguieron llenando de basura, bien por huelgas como en Madrid, ya sea por la poca eficiencia de la Justicia como sucede con Urdangarín o simplemente porque se ha cambiado la definición de basura, y ahora al parecer estar en la calle haciendo deporte ya es motivo para ser visto como basura. Deporte que me trajo la alegría de volver a ver al Tenerife en segunda otra vez, cosa que nunca pensé que celebraría.

Y a todas estas, pese a que Madrid siguió en sus TRECE, la capital de España no será aún olímpica ni tendrá Eurovegas, tendrán que conformarse con tener relaxing cupe of coffee.

En lo personal, poco puedo reprocharle al año que termina, he vivido cosas nuevas y lo más importante aún, he disfrutado viviendo momentos que ya conocía, visitando lugares en los que ya había estado y alegrándome de volver a tener una rutina. Y aquí quiero matizar que vivir inmerso en la rutina no es malo, siempre que cada día se mantenga la ilusión por descubrir algo nuevo, por   buscar ese detalle que nos recuerde que ningún día es igual a otro.

Comencé a trabajar y vi cómo crecía mi familia, supe lo que era estar meses sin ver a los míos, y también el contar los días por reencuentros. Conocí gente a la vez que desconocía a gente que creía conocer, dije adiós, hasta luego y hasta siempre. 

Vi cómo se inventaban nuevas palabras y devalué otras tantas de tanto usarlas, pero no, no me arrepiento. También traté de ser el mejor en todo lo que hiciera pero no lo logré, ni fui ni soy el mejor en nada, pero aún así creo haber dejado huella, igual que dejaron huella en mí.

Volví a las aulas y volví a usar el “tengo que estudiar” como excusa, y afortunadamente la gente lo entendió. Vi nevar en Picadilly Circus y presencié como amigos cogían aviones para venir a verme.

También volví a empaparme de chácaras, pitos y tambores en La Bajada de El Hierro y llegué al final del camino. Ahora solamente falta esperar a que pasen otros cuatro años, aunque los herreños pese a los temblores sigan transformando los cuatrienios en un año.

De resto, este año trajo todo lo que un año, y una vida lleva consigo, decepciones, malentendidos, miedos, alegrías lo que es síntoma de haber vivido este año. Al fin y al cabo en eso consiste este juego.

Les deseo lo mejor a todos, a quienes tuvieron un mal 2013 les deseo un cambio de rumbo, y a quienes por contra no vayan a olvidar este año les deseo que este sea el peor de muchos, o en su defecto, que sigan igual. ¡Feliz año a todos!



Por cierto, si alguien se lo pregunta, la palabra que devalué fue GRACIAS, y no me arrepiento ni una vez de haberla usado tanto. GRACIAS A TODOS. 

domingo, 29 de diciembre de 2013

(de) pendientes

Nosotros, las personas, somos seres dependientes. Ya desde antes de nacer dependemos de nuestras madres a las que estamos conectados por el cordón umbilical. Nuestras madres, a su vez dependen del aire, de la ingesta de nutrientes, de un salario…

Vivimos todos en la cuerda floja, pendiendo de un hilo para no caernos y buscando la estabilidad entre balanceo y balanceo. Más que a veces caemos en el error de creer que la felicidad depende de otras personas cuando no está más que en nosotros. Pero no, hoy no voy a escribir sobre eso, hoy tengo el día juguetón y voy a lanzar mis (absurdos) originales juegos de palabras.

Somos dependientes porque nos hemos acostumbrado a la ambigüedad, al “depende” por repuesta. Hacemos planes dependiendo del tiempo, traspasamos fronteras dependiendo de papeles. Depende de si llevas escote, de si tienes 4 apellidos, de conocer a la persona indicada para que algunas puertas se abran. Todo depende del dinero que tengas para que te reciban en el banco con alfombra roja o con una inmensa cola. Nos dicen también que nuestro futuro depende de Europa.  ¿Me quieres? Depende
Todo depende, quien tiene una excusa tiene un tesoro.

Ahora empieza el festival del humor, y es que además de dependientes, somos seres de pendiente. Y no, no me refiero al adorno con el que vestimos las orejas.

Y  es que llenamos la nevera con notas con cosas pendientes cual agenda. Vivimos tan a la carrera  que hasta decirle a alguien que la queremos está pendiente. Tenemos cuentas pendientes y presupuestos pendiente de aprobación y lo vemos con toda naturalidad, aún sabiendo que nuestro tiempo en la tierra es limitado nos permitimos el lujo de dejar cosas pendiente.

De esta forma, tengo abrazos, besos, reuniones, encuentros, cervezas y borracheras pendientes. Simples llamadas también esperan aún a ser llevadas a cabo. Y aún debo  y me deben explicaciones. Y aún sintiéndome joven sé que muchos de esos pendientes no los voy a poder tachar de mi lista.

Quizás lo peor de todo esto es que nos hemos acostumbrado a los “ya te llamaremos”, los “ya nos vemos” o los “ya te contaré” y lo vemos con total naturalidad.


Y sé que ahora debería concluir esta entrada con una conclusión, pero el caso es que reflexionar sobre lo escrito está en mi lista de cosas pendientes.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Inmortal


Esta mañana, además de descubrir el gran problema de aparcamiento que tienen las ciudades descubrí colores nuevos al ver amanecer en la isla de enfrente. Y por si fuera poco se me ocurrió un pequeño cuento al ver como un "enchaquetado" corría para no ser atropellado con el semáforo en rojo para peatones.


Se creía inmortal por vestir traje, más discreto que el de un superhéroe pero igual de efectivo.


Se creía inmortal y por eso cruzaba por medio de la calle, tenía todo el tiempo del mundo y prisa a la vez.

Se creía inmortal y por eso no se separaba de la pantalla de su smartphone. Total, ya tendría tiempo para ver la vida más adelante.

Se creía inmortal y por eso se metía en hipotecas, tenía toda su infinita vida para pagarla.

Se creía inmortal mientras pensaba en presentaciones y reuniones. No necesitaba comer sino algo rápido, más bien como algo social.

Se creía inmortal y por eso miraba por encima del hombro, nadie podía matarle.

Se creía inmortal mientras hojeaba la prensa saltándose las necrológicas.

Se creía inmortal y por eso no escuchaba música sino el tono de llamada de su teléfono.

Se creía inmortal, pero no, no lo era.




                     (foto sacada por mi copiloto, cualquier deficiencia es culpa de la velocidad)
(No se preocupen, durante la mañana de hoy no murió nadie por mi culpa)


lunes, 25 de noviembre de 2013

Manos


Veo a un bebé recién nacido y me fijo en sus manos. Intenta agarrar un dedo pero sus manos no dan para más. Quizás intente descubrir la utilidad de sus extremidades. Qué cosa tan rara son las manos, una palabra femenina con aspecto masculino. Sé que el bebé no me entenderá pero aquí va mi pequeña carta dirigida a él, o a otro, otra o a mis futuros hijos (porque sí, yo con uno no voy a conformarme, por muy parecido al padre que sea).

Veo que ya descubriste un uso para tus manos, y secas tus lágrimas con ellas. Pero no, no están puestas solo para eso ni tampoco para retener tu alma mientras bostezas.
De ellas podrás vivir, acabarán arrugadas y dañadas de trabajar. No te preocupes, eso será un valor añadido, hasta hoy lo "hecho a mano" gusta más.

Tocar es quizás lo más importante que podrás hacer con ellas, y al tocar probablemente te las ensuciarás, asume que mamá algún día te reñirá por ello. Con ellas agarrarás yo-yos, lápices para dibujar o pistolas de juguete o de verdad. Y es que con ellas podrás tanto matar como hablar, ¡hay gente que lee con las manos!. Y mejor aún, hasta música podrás producir, y es que a veces las más bellas melodías no nacen de las cuerdas vocales sino de las manos.

De aquí a unos meses empezarás a gatear, y sin tus manos sería muy difícil, y cuando aprendas a caminar ten por seguro que alguien te prestará su mano para levantarte al caer. Porque caerás, y gracias a tus manos podrás sacudirte e incorporarte, asume que quizás tus manos acaben luciendo cicatrices, todo se trata de cómo las luzcas, no hay que esconderlas.
Más tarde tendrás que aprender a contar, y tus manos te serán de ayuda. Hemos tenido suerte de usar un sistema decimal.

Los humanos somos un poco peculiares y hemos inventado gestos. Te señalarán con los dedos, no te sorprendas por ello, tu también podrás aplaudir, o mandar a paseo según corresponda. Y no olvides chocar tus manos para celebrar los éxitos de los que te rodean.
Saludarás también con tus manos, e igualmente tendrás que usarlas para despedirte tarde o temprano. Y si algún día se te presenta la oportunidad de tener que saludar a algún rey tendrás que besar su mano.

Tu mano es mágica, si la quieres puede convertirse en puño tanto como para golpear a alguien como para tocar en  puertas. Algunas se abrirán y otras no, no te preocupes por ello.
Seas  niña o niño algún día con tus manos tocarás y te tocarán el sexo, por mucho que a papá esto le suponga quebraderos de cabeza. Procura creerte eso que te dicen del amor y cuando lo hagas recuerda que llevar a alguien de la mano es una responsabilidad. No lo olvides
Cuando llegue el frío tus manos se enfriarán y quizás tengas que adornarlas con guantes. Y cuando llegue el calor quizás puedas lucir anillos en ellas. 

Si tienes alguna duda pregunta, no está de más en ocasiones reconocer la ignorancia, y para preguntar con levantar la mano suele bastar, aunque no siempre funciona.

Comer con las manos dicen de mala educación pero yo diría que peor es no aprovechar la oportunidad de acariciar, ya sea a tus hermanos que están por llegar, aquel perro del vecino o a la persona que quieres.


Quizás después de todo esto te estés llevando las manos a la cabeza pensando en lo que se te viene encima, o pienses que se te va a ir de las manos esto de vivir. Pero no pienses así y sobretodo recuerda cuidar tus manos, porque en ellas dicen que está tu futuro. Y gente que te eche una mano seguro que no faltará.

Y no, no hace falta que tengas este humilde manual a mano.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Viaje de viernes

Subo en tranvía pensando en desconectar el despertador para mañana, ideando en qué postura echarme en el sillón, con esa sensación tan de viernes  acompañada de la clásica sonrisita de viernes.

Viajo preocupado por cómo  sorprender a mi madre con aquel encargo que me hizo hace más de un mes y seguro que ya había olvidado. Preocupaciones de viernes. Es paradójico que hace unos años mis preocupaciones en un momento así fueran sobre la vestimenta para la noche. Viernes

La música que suena en mis auriculares suena a viernes también, bueno no, esto es mentira, de hecho no recuerdo ni qué música sonaba, quizás sea por ser viernes. Mala idea quizás, puede que el ir escuchando música hiciese que no oyera las conversaciones de los compañeros de trayecto. Conversaciones de viernes probablemente.

A mitad de trayecto se sube una señora/chica y a la hora de validar su bono (qué técnico suena eso de validar) se le cae su móvil al suelo, batería, tapa y grueso del teléfono desperdigados por el suelo. Es viernes y no le doy importancia, siguiendo a lo mío, aunque no sepa exactamente qué es lo mío.
Siete minutos después, quizás seis otra chica sube a bordo, se repite la situación y se le vuelve a caer al suelo su teléfono móvil. Podría aceptar que es una mera casualidad pero se me pasan tres cosas por la cabeza.

Primero pienso en los comentarios que me decían cada vez que se me caía algo al suelo en mi época torpe: ‘Daniel, es que no piensas en lo que haces’ y ‘Daniel, no intentes hacer dos cosas a la vez’ eran frases muy repetidas por quienes me veían derramar la leche o romper vasos, platos y demás cosas rompibles. Nunca he entendido bien a qué se referían, pero la verdad es que con el paso del tiempo ya rompo menos cosas o al menos las disimulo mejor.

El segundo pensamiento quizás sea muy común y me hizo pensar en la esclavitud a la telefonía móvil que estamos pasando, yo el primero. Ni para pagar el servicio de transporte podemos soltar nuestro teléfono, de hecho creo que miramos más la pantalla del móvil que los ojos de los nuestros. Y eso da que pensar.


Mi tercer pensamiento ya muchos lo intuirán y es muy simple. Sí, es viernes y hasta podemos permitir que nuestro móvil quiera inmolarse. 

Viernes fue el nombre que eligió Robinson Crusoe para bautizar a su compañero en la isla y viernes es parte del título de esta entrada. Simplemente creo que fue casualidad que esta entrada naciera un viernes, igual que el suicidio colectivo de móviles presenciado por mis ojos hoy. Lo que sí me gustaría es que todos los días trajeran el optimismo que traen los viernes, Y eso, solo depende de mí.