lunes, 8 de septiembre de 2014

Invitación a jugar

Ella me invitó a jugar. No era la primera vez que lo hacía, antes que ella, muchos y muchas me habían invitado a jugar, mas yo no quise.

Su invitación era diferente, llegó a medianoche, aprovechándose de mi aburrimiento y prometiéndome vidas. Me hablaba de un nuevo mundo de caramelos. Esa vez, acepté.

Ella, me invitó a jugar al Candy Crush.


Con este absurdo cuentito, solamente pretendo demostrar cómo las redes sociales y la tecnología en general han rescatado palabras y han dado nuevo valor a otras.

Me explico:

Amigo: realmente no veo necesario recordar la diferencia entre un amigo en la vida real, y un amigo virtual. Las diferencias son obvias, pero todos cumplen su función. Eso sí, gracias a las redes sociales, muy probablemente Roberto Carlos podría hacer realidad eso de 'Yo quiero tener un millón de amigos'. Por cierto, los amigos en la vida real no lo hacen a través de solicitud de amistad.

Compartir: me alegro muchísimo de que volvamos a usar esta palabra, aunque solamente sea para mostrar un vídeo, una foto o una noticia. Compartir es algo que debemos hacer más.

Etiquetar: tal vez, hace unos años hubiera dicho que esta palabra me suena a ponerle el nombre a los libros, al comienzo del curso. Sin embargo, las etiquetas, no siempre son buenas.

Perfil: para mí, el perfil siempre fue ponerse de lado (ponerse de perfil). Dicen que todos tenemos un perfil bueno y un perfil malo, no sé si es cierto o no, lo que sí pasa es que todo perfil no deja ver todo lo que eres, siempre queda algo escondido.


Seguidor: que alguien te lea, no significa que te siga ¿O me equivoco?.


En definitiva, quería colar este cuento y no sabía cómo hacerlo. Espero que nadie me denuncie por ello.



martes, 12 de agosto de 2014

Gaviota en El Niágara

Dale limosna, mujer,
que no hay en la vida nada,
como la pena de ser
ciego en Granada.

(Francisco de Icaza)

Tardé un tiempo en descubrir la antítesis de ser ciego en Granada. Conocí la ciudad nazarí hace unos y comprobé que el poeta tenía razón. Ahora, años más tarde creo haber descubierto una forma de vida bastante envidiable.





 Fíjate en la gaviota, sobrevolando las Cataratas del Niágara, sin miedo, disfrutando de tan maravillosas vistas, viviendo en su particular parque acuático.

A un lado Estados Unidos, al otro Canadá, viviendo sin visados, ni pasaportes. Cruzando las fronteras sin esperas ni colas, sin incómodas preguntas. Las gaviotas no entienden de banderas, ese cacho de tela creado para ondear al viento tan difícil de entender. Las gaviotas saben más sobre viento que un pedacito de tela, qué duda cabe, ninguna se achanta ante las estrellas americanas, ni ante la hoja de arce canadiense.

Tampoco entienden de fronteras, una línea imaginaria que separa tierras. Las gaviotas son mucho más que de la tierra, tanto que no se sabe si son del aire o son del agua. Visto así, tal vez sean más libres que muchos humanos.

Debe ser una gozada tener a tu alcance personas de todas las nacionalidades, quienes desecharán todo tipo de alimento, por si  no fuera un buen día de pesca, comida no faltará.

Hablaba de pasaportes antes, y es que las gaviotas llevan alas como credencial para cruzar territorios. Mucho más cómodo, no cabe duda. Mucho más difícil de perder.

Pero sin duda alguna, lo que más envidio de estas gaviotas es el poder jugar a atravesar el arco iris día tras día. Quizás nunca lo logren, pero ya dice el refrán eso de "cada vez que lo intentas, estás más cerca de conseguirlo" y por lo tanto están más cerca que yo de conseguirlo.





sábado, 26 de julio de 2014

Diario de un payaso

Me sorprende la facilidad con la que usamos la palabra payaso de forma peyorativa. En realidad, me atrevería a decir que la de payaso es una de las profesiones que mejor fin persigue, la risa.

El caso es que quise imaginar qué escribiría un payaso al sentir que ya no le es tan fácil conseguir risas. No sé bien si se refiere a algún amor, o si simplemente habla en femenino refiriéndose a la audiencia. Que cada uno lo interprete como quiera.



Sábado raro de un año cualquiera::
Querido diario:
Hoy no la hice reír. Lo intenté con los clásicos chistes infalibles de siempre pero no pude. Ninguna risa me respondió. 
Quizás ya conocía estos chistes de otras veces,  quizás no funcionen ya, quizás algo que dije le trajo algún recuerdo amargo, como ese palo raro que se cuela en cada bolsa de pipas.
Puede ser también que hoy le apeteciera ser escuchada, y no escuchar a un payaso decir las cuatro cosas de siempre, buscando la risa de siempre. A lo mejor para hoy, le apetecía mostrar una risa diferente.
El caso es que hoy no la hice reír, perdió ella, y sobretodo perdí yo. Me perdí su risa.

miércoles, 16 de julio de 2014

Pequeño relato de metro.

A veces los viajes en metro me inspiran, así surgió este pequeño relato sin mucho sentido.


A la carrera salió de su casa, una vez más llegaba tarde al trabajo. Afortunadamente, su jefa no solía quejarse por ello. Era una chica discreta, especialista en pasar desapercibida, calzara o no tacones, siempre encontraría gente más alta y más baja que ella. 

Hasta hace unos meses, nunca le había preocupado ser lo que los políticos denominarían "una ciudadana media" pero de un tiempo a esta parte, influenciada quizás por la crisis de los X años andaba algo preocupada.  Quería influenciar (o influir) en la vida de alguien, dictar tendencia, por una vez no ser ella la oveja del rebaño sino la pastora, y que alguien siguiera sus pasos.

Subió al abarrotado vagón, buscó un sitio al que agarrarse y miró al horizonte mientras el 99% de los viajeros miraba a su teléfono móvil. Casualmente su mirada se cruzó con la de un chico que no formaba parte de semejante porcentaje. Pero no se fijó en el chico, ni nada por el estilo, simplemente andaba mirando al horizonte, con la mirada perdida. Y bostezó.

Al terminar de bostezar y abrir los ojos, se fijó ,esta vez sí, en su receptor de miradas, quien también empezaba a bostezar. Lo había logrado, había influido a alguien, alguien había seguido sus pasos, sin quererlo ni esperarlo.

Moraleja: no lo sé, pero supongo que a veces nuestros pequeños retos se cumplen sin esperarlos, sin querer.

Segunda moraleja: quizás viajar en metro tenga efectos negativos en mi persona. Presento mis disculpas por ello.

lunes, 30 de junio de 2014

La Llamada

Me he aficionado a esto de "trabajar" con Playmobils, no sé si es por su habilidad para estarse quietos o por los recuerdos que me vienen a la cabeza cada vez que juego con ellos. El caso es que quien siga este blog ya intuirá algo de mi gusto por la música de Ismael Serrano. En esta ocasión, el cantautor vallecano ha creado una iniciativa conocida como "La Llamada".

Podría empezar ahora a hablar sobre llamadas, llamadas que nunca llegan, llamadas que uno espera y/o llamadas que mejor no se hubiera producido nunca. Pero no es el caso, igual que tampoco se trata de una de esas llamadas trágicas que tienen lugar generalmente de noche, cuando el alcohol ha empezado a dominar los cuerpos y ánimos. Lo que Ismael nos propone ahora es crear un pequeño lyric video con los versos de una de las canciones de su próximo disco. Estos son los primeros versos que han salido a la luz.


Comiendo pipas de girasol,
sentado en un banco del parque,
la tarde alumbra tu aburrimiento.
No era esto lo prometido:
niño perdido, desde el andamio,
todo tu barrio te veneraba.
Y ahora sueñas en la cola del paro
con un verano con playas de oro que no verás.

Así que cogí el guante, y corriendo, con presupuesto cero decidí poner mi pequeño granito de arena. Les invito a seguir con esta tan original propuesta. Les dejo con mi composición.





(Nota: acabo de darme cuenta de que mi propuesta no sigue el orden original de la canción, pero la intención es lo que cuenta, y no hay nada que la informática no permita corregir).

domingo, 15 de junio de 2014

Consejos a una reina

Antes de que comenzara el Mundial, la palabra más repetida era "abdicación". Todos se preguntaban a qué se dedicaría el monarca una vez jubilado, y todos se olvidaban de la Reina. Así que de forma altruista he decidido darle unos consejos a doña Sofía.

No, era broma, soy consciente de que la Reina no verá jamás este blog, así que este será mi humilde homenaje a todas las mujeres jubiladas, quienes quizás merezcan más que cualquier monarca el descansar y dedicarse tiempo a sí mismas. Aquí van mis consejos. Gracias por el trabajo realizado, bienvenidas a una nueva vida.

Puede usted atender la huerta.


 También puede intentarlo con el baloncesto callejero.


¿Qué tal si va al parque? Ver niños puede ser un poco agobio, pero quizás contagiarse de un poco de vitalidad no le venga mal.

¿Y dedicarse a las plantas?
 Dormir entre flores no es mal plan, no hay que perder el contacto con la naturaleza.


Escalar es una muy buena opción, pero por favor, cambie la corona por un buen casco.

Espero también que no haya esperado hasta esta edad para empezar a reciclar, pero por si acaso, ya sabe que nunca es tarde si la dicha es buena.

Puede probar también con el pádel

Puede también tratar de ir a misa, aunque le aseguro que no será la única jubilada que optará por este plan.

También puede darse un paseo por la feria y rendirse ante la inmensidad de la noria.
Otra opción muy repetida, es la de sentarse en un banco a ver las obras.


Pasear con su rey no es mal plan, aunque dudo que esta sea la opción elegida en su caso.

Por último, siempre podrá optar por dormir como una reina.Aunque ya no lo sea.

lunes, 9 de junio de 2014

Pena

Siempre quise escribir sobre la pena, no sobre la capital sino sobre el sentimiento. Fiel a mi estilo, me he dirigido al diccionario de la RAE, de donde he extraído esta definición '2. f. Cuidado, aflicción o sentimiento interior grande.'

El caso es que no sé qué es peor si sentir pena o darla. El día a día, la rutina, la experiencia o como queramos llamarla nos han curado de espanto, ya nada nos impacta, ya no nos creemos nada, vamos acorazados a prueba de lástima. Solamente de vez en cuando, en sitios seguros nos la quitamos, lo hacemos en cines, en el sofá de casa o camino del trabajo, libro en mano. Por su parte, hay quien vive de dar pena, con motivos o sin ellos. Lloran en platós de televisión, te piden un euro en el lugar menos pensado o le mendigan un aprobado al profesor.

Mientras unos optan por practicar la cara del Gato con Botas de Shrek, otros procuran seguir adelante, y es que como diría Zenit 'Si caminas cojeando no das miedo, sino lástima'.  

Sobre la pena escribí hace unos meses este pequeño relato, no viene a resolver la duda que planteo en el segundo párrafo pero al menos me hizo pensar. Dice así:


Las paredes de la casa se caían, o al menos estaban en permanente lucha por aguantar un día más sin llegar al suelo, cobraba lo justo para sobrevivir, ni tan siquiera vivir (bajo mi criterio). Entre su descendencia, una hija deficiente de la que apenas podía disfrutar por culpa del trabajo. Trabajo inexistente, pero que le tenía a pie del teléfono esperando una llamada que acabara con su aparente rutina.
Yo sentía pena por él. Él sentía pena por mí. Él había encontrado la forma de ser feliz, y yo todavía andaba por el camino, pensando que había obstáculos insalvables.