domingo, 31 de enero de 2016

Disculpe, señora

Fue hace justo una semana, tras un soso empate a cero del Tenerife y tras una caliente infusión de post-partido. No recuerdo bien en qué iba pensando, pero supongo que en las clásicas cosas que uno piensa al volante un domingo por la tarde: que si ya mañana es lunes otra vez, que si una victoria hubiera sido clave para el equipo, que si no puedo olvidarme de poner gasolina...

Y entonces la vi, traté un tiempo en dar crédito a lo que veía, pero sí, era cierto, ella portaba una bolsa y de espaldas tenía la apariencia de una señora de tercera edad (eufemismo que nunca me gustó mucho). Caminaba por el arcén de la autopista, atravesando un túnel. Toda una temeridad. Pensé en tocarle la pita, pero de nada valdría, en el peor de los casos hasta la asustaría.

Entonces decidí que llamaría a la policía, pero nunca he tenido muy claro a quién le corresponde, si a la Local, la Guardia Civil, la Policía Nacional o la Policía Canaria (a.k.a. "La Guanchancha"). Por lo tanto, pensando que mejor no meterme donde no me llaman, y esperando que alguien con las competencias de las fuerzas del orden claras decidí llegar a casa y despreocuparme.





Y llegó el lunes, y con él, mi ya tradicional repaso de la prensa, en busca de noticias de interés para la empresa, y me topé con esta noticia.


http://www.laopinion.es/sucesos/2016/01/25/mujer-herida-grave-atropellada-autopista/651834.html

No pude reprimir mi enfado, ni la sorpresa ni tan siquiera la sensación de sentirme un poco menos persona. Igual que no pude evitar sentirme un poco culpable, tanto yo como todos los conductores que la vieron caminar y no hicieron nada por evitarlo. No quiero parecer demagogo, pero me atrevo a decir que en otra época, pese a no tener móviles ni tantas tecnologías, no hubiéramos permitido que la señora caminara por una zona tan peligrosa. Discúlpeme señora, no sé qué pasó con usted, pero sí sé lo que nos pasa a los demás.

martes, 19 de enero de 2016

Huecos

Oigo de refilón como alguien dice algo así como "estoy tratando de hacerme un hueco, pero este mundillo es muy complicado" y automáticamente pienso en la de huecos que a diario buscamos llenar no en este mundillo, sino en este Mundo (con mayúscula para enfatizar). Quizás ahora tu mente se active y esperes un Sombras de Grey, pero no, hay más huecos que llenar que ese que piensas.

A diario buscamos un hueco en el que aparcar, a la par que topamos con cabezas huecas que no razonan, lo mejor es adaptarse a ellas y no tratar de llenarlas, no sirve de nada, créeme. Más agradable es ver como te hacen hueco en el sillón porque empieza tu serie favorita, o como si nos pegamos todos un poco más te hacemos un hueco y de paso nos damos calor.

También te hace hueco para tu maleta la azafata de Ryanair, o mejor dicho, la de Binter que suelen ser más simpáticas. Al peluquero le pido un hueco para que me corte al pelo y a aquel amigo de tierras lejanas que me haga un hueco en su casa, con el sillón cama me vale.

Sin pensarlo mucho, me atrevo a decir que no hay hueco más simpático que el de la boca de los niños que acaban de perder sus paletas "de leche", ese hueco se llenará, pero valdrá la pena hacerle reír para ver tal hueco. 

Hay quien deja huecos que no pueden ser rellenados, hay corazones que suenan a hueco y huecos que solo pueden ser ocupados con corazón.

¿Y qué me dices del hogar? Cuanto más hueco tienes, más cosas que no sabes si quieres guardar, pero siempre falta un hueco para tener a mano tantas y tantas cosas... Y qué alegría da ver que aún queda un hueco en la pared para colgar aquel cuadro, o aquella foto de aquel viaje en que tanto disfrutaste.

En definitiva, todos tenemos que hacernos hueco, pero igual de importante es hacérselo a otros y que nos lo hagan.

A todos los que de una forma u otra me han hecho un hueco, gracias.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Dos mil dieci-ser

Decía Alejandro Sanz, con muy buen criterio, que no es lo mismo ser que estar, aunque por ejemplo los angloparlantes metan en el saco del 'to be' a ambos verbos.

Y este año 2015 creo que todos hemos sido muchas cosas, tanto que a veces ha parecido que hemos dejado de ser personas. Fuimos Charlie Hebdo aquel día en que en la sede de una revista francesa sonaron tiros. Fuimos pasajeros de aquel vuelo de Germanwings que un piloto decidió terminar antes de tiempo. Fuimos también el recuerdo del Prestige cuando un barco de nombre impronunciable amenazó con teñir de negro las costas canarias. Fuimos el niño Aylan o el león Cecil.

También estuvimos presente en lugares que se tiñeron de dolor, estuvimos en la sala Bataclán aquella noche de viernes fatídica, o de espectadores en aquel accidentado rally de A Coruña.

Este 2015 fue año de Bajada lustral de la Virgen de Las Nieves en La Palma y vibramos con los enanos, para despertar con la muerte de Laura González a manos de su ex pareja, igual que fuimos todas esas personas que fallecieron a mano de quien supuestamente les quería, sin importar género, o fuimos también refugiados huyendo de su casa.

Fuimos los hermanos Gasol saltando en el All Star, estuvimos envidiosos (sanamente o no) al ver a Las Palmas subir a Primera, fuimos testigos de como Pau se comía a Francia, o de como Rossi "tiraba" a Marc Márquez y de como una vez más el deporte femenino salvaba el honor del deporte patrio y/o canario. Estuvimos también con Kevin Roldán en el cumpleaños de Cristiano.

Fuimos electores por partida doble, y quizás el próximo año volvamos a serlo, visto lo visto. Fuimos sorprendidos al ver a La Preysler con Vargas Llosa o a la Pedroche con el "triestrellado" David Muñoz (perdón por este aporte de maruja). Fuimos demasiados cosas.

Se nos fueron también rostros populares como Pedro Zerolo, Hermida, Lina Morgan, Bb King, Marujita Díaz, Amparo Baró o Javier Krahe entre otros.

Personalmente, este ha sido un buen año, en el que aunque he tenido que despedir a amigos he podido abrir caminos y caminar lo justo siempre en mis islas, porque este año no he salido de ellas. Y aunque mi época universitaria haya terminado hace unos años ya, creo que este fue el año en el que más aprendí.

366 días nos esperan, que seguramente se irán volando, como lo hicieron las gafas de Rajoy. Así que no te quito más tiempo, y solo espero que ojalá encuentres voluntad, fuerza, palabras y salud para hacer realidad todo lo que te propongas.

martes, 24 de noviembre de 2015

Mi frente

Hace un par de semanas tuve la suerte de celebrar el Diwali, año nuevo hindú. Durante la celebración, pintaron mi frente con el bindi, el clásico punto rojo que simboliza el tercer ojo, ojo que mira hacia el interior de uno mismo. No pude profundizar mucho más, pero al menos decidí dedicarle una entrada a mi frente, algo que no debería sorprender sabiendo mi “capacidad” para escribir sobre un color o sobre las manos.



No sé si tengo más de dos dedos de ella, pero tengo claro que con el paso del tiempo le ganará terreno a mi cabello. Procuro ir con ella por la vida, de frente y haciendo frente a lo bueno y malo que trajo, trae y traerá.

Mi frente luce alguna cicatriz, cicatriz que mañana tendrá arrugas acompañando, igual que en mi adolescencia lo hizo el acné. A veces la abrigo con flequillo y en otras ocasiones dejo que los mosquitos la adornen de picadas.

La arrugo cuando algo me extraña, y recurro a ella con algún golpe cuando caigo en la cuenta de algo que hasta ese momento se me escapaba.

Alguna vez chocó con algún escalón u objeto puesto a traición, haciéndome recordar que quizás no sea tan pequeño como a veces pienso.

Sé que a mi frente todavía le queda mucho por soportar, ya sea a la sombra de una gorra o al descubierto, pero debo confesar que todavía espero que el día de mañana todas las noches alguien la bese mientras me susurra “Buenas noches, papá”.


Podría seguir y contarte mis frentes abiertos, pero será mejor que pongamos unos refrescos por medio y te los cuento.

viernes, 23 de octubre de 2015

Tengo 26

Nunca me ha gustado cumplir (años). No es que sea un Peter Pan del siglo XXI ni nada parecido, de hecho a día de hoy ni  busco volver a la infancia ni me produce vértigo envejecer.

Además, debo admitir que le había cogido cariño a los 25, tanto que me atrevo a decir abiertamente, sin ningún miedo que ha sido la edad más interesante de mi vida, en la que más puertas de las esperadas aparecieron ante mí, ahora con 26  tengo el gran reto de elegir y sobretodo, de abrir las puertas que correspondan. Además, ya no soy tan joven para equivocarme.

Y por si fuera poco este reto de convertir oportunidades en realidades, me hace ilusión poder cantar la siguiente canción sin rubor durante los próximos 366 días. (Si no conocen la canción o no tienen intención de oírla es muy probable que no entiendan nada de lo que sigue, avisados quedan)






Vale, yo aún no me ganado el derecho a tener el lado bueno de la espalda de nadie, pese a que alguna que otra vez sí me han dado tan olvidada parte de la anatomía. Tampoco he viajado más de lo que debo, y si le preguntan a mis amigos tal vez debería beber más.

Más de una noche vi una luna que miraba, y todavía recuerdo alguna de ellas, y hablo en plural porque luna hay más de una, lo sé por experiencia, una experiencia de 26 años ya.

Nunca he contado amigos por lo que no sé si tengo más que Andrés o no, sí tengo también un acento de sal que alguna vez erróneamente traté de ocultar.

Sí he echado de menos a mis padres y a más gente, pero he sido tan cobarde que no lo he dicho.

Y aunque nunca vi muertos en lavabos y carezco de canciones viajeras soy feliz así porque puedo permitirme terminar esta entrada al igual que la canción citada.

Tengo 26 años y a vivir (siempre).

viernes, 25 de septiembre de 2015

Rojo

He de reconocer que estoy rebelde, reivindicativo, revolucionario, radical y quizás alguna que otra palabra que empiece por r, por r de rojo. Y no, los tiros no van por temas políticos, nada más lejos de la realidad. Además, esta reflexión sí es apta para daltónicos.

El caso es que por algún extraño convenio siento que hemos decidido otorgarle al rojo el valor de lo malo, quizás por ser el color de la sangre, es decir, el color de la vida.

Azul son los príncipes ideales, el amor de aquel cantante, Christian Castro (si mi memoria no me falla). Azul fue el verano de El Piraña y sus amigos, pero ¿Y por qué no un verano rojo?

Una marca de cerveza te pide que pienses en verde mientras tu alcalde sueña con que tu municipio sea más de este color. Y el poeta García Lorca verde que te quería verde. Pues yo quizás te quiera roja, roja de no poder parar de reír, roja de estar exhausta, roja avergonzada, sonrojada porque te sorprendieron en tu nube, nuestra nube pensando en nosotros. Roja que te quiero roja.

Podrías pensar ahora que peor parado sale el color negro, pero no, si quieres haz la prueba, acude a tu bar más cercano y pide un güisqui etiqueta roja y otro etiqueta negra, pide la cuenta y niégame que el rojo sea peor.

El caso es que rojos son los números que no quieres ver en tu cuenta bancaria, los semáforos que te frenan, las señales de Stop que no ves o la tarjeta que aquel árbitro mostró y estropeó aquel partido.Rojo es también el color con el que aquel profesor corregía tus errores.

Mejor suerte corrieron los domingos y los días festivos, siempre coloreados en rojo en el calendario, recordándote que es fiesta. A veces hasta te recuerda de qué color debes vestir tu ropa interior.

Soñabas, y quizás aún sueñes con un Ferrari rojo con el que hacer el viaje de tu vida, en el que tal vez acabes llegando a Londres, con sus rojas guaguas y sus rojos buzones, buzones que tal vez sean contenedores de las más bellas historias de amor, o de las más dolorosas facturas de la luz. Y hablando de luces, los burdeles también se han adueñado de este color para avisarnos de su presencia.

Pues bien, todo eso no dejan de ser meros simbolismos. Cierto es que la vida está llena de símbolos y que estos nacen de una cosa que cada vez escasea más, el consenso. Pero no, yo hoy hablo del rojo natural que convive con nosotros sin ser juzgado, O esperando a que TÚ le des sentido. Ya entenderás de lo que hablo.

Rojo era el carmín que adornaba aquellos labios que anhelabas, o el creyón con el que de pequeño dibujabas las bocas, y donde digo creyón también puede ser aquella cera Plastidecor o aquel rotulador Carioca.

Roja puede ser aquella flor, que a falta de margaritas usaste para ver si te quería o no, y todo porque no te atreviste a preguntárselo a la cara, o porque no le creíste. Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere...

No puedo olvidarme de las fresas, esas que formaron aquel inolvidable batido que una vez pediste, o aquellas que acompañaste con nata, o con un poco de imaginación, tú sabrás. O aquella mancha de ketchup que cayó sobre tu camisa mientras devorabas aquel perrito que compensaba tanto alcohol y tanta fiesta.

Aquel arañazo que te hiciste se hizo rojo, apenas te dolió y hasta dirías que volverías a sufrirlo por vivir lo que viviste. En mi mente ahora mismo está aquella vez que jugando a fútbol me tiré como si no hubiera un mañana a por un balón y me llevé un enorme raspón de recuerdo, si en tu mente está aquel arañazo en la espalda en aquel momento de pasión no te preocupes, no tienes que esconderlo, de hecho el rojo puede ser el color de la pasión, de este tipo de pasión y de toda la que te imagines.

Los días de playa o de excursión suelen terminar con tu cara de este color, para la próxima no olvides la crema. Hazme caso.

Antes comentaba que también hay cosas rojas que no han sufrido campañas de descrédito, sino que quedan en manos del azar. Por ejemplo, las casillas rojas de un casino pueden ser para ti las más bonitas si te traen la gloria o las más horrorosas jamás presenciadas si lo que traen es un disgusto.

Igualmente, rojo puede ser aquel lado que elegiste en un pico-pico* y creíste cambiaría para siempre tu suerte. Nunca se sabe.


*Para mí siempre fue un pico pico, pero para Google, esto es un comecocos de papel, la Fuente de la foto la tienen en la propia foto.

Y aquí lo dejo ya, no quiero que esta entrada se ponga al rojo vivo, prefiero que recuerdes que hay más allá del blanco y el negro.



Pd: quería hacer alusión a los ojos rojos, ya sea por el flash de la cámara de fotos, por no dormir, por llorar o por haber fumado, pero quizás mi "tesis" hubiera cojeado con semejante ejemplo. También obvié hacer referencias deportivas pero podría haberlo hecho.


jueves, 27 de agosto de 2015

La cerveza que me habló

A veces olvidamos cosas que no deberíamos. En otras ocasiones, la memoria nos hace un favor y hace limpia de información que no necesitamos.

Apuntamos notas en la nevera para recordar hacer algo, post it adornan las paredes de nuestra habitación no para dar colorido o tapar grietas precisamente. Los conozco que leen horóscopos para recordar que valen mucho y recordar el camino a seguir.

Hay quien tira de alarmas en el móvil que le recuerden lo que han de hacer, los hay que cambian de dedo su anillo o reloj para sentir que hay algo que falta por hacer para que la vida siga igual.

También hay quien se hace una marca en la mano para al llegar a casa hacer esa llamada, o esa gestión que no ha de olvidar. Este método no puede ser aplicado por todos, hay quien tiene los brazos tan masificados de tatuajes que no tienen espacio. Tatuarse es otra forma de no olvidar un nombre, una fecha, un instante o una frase.

A mí, me ha hablado una cerveza, no es que me haya dado a la bebida hasta escuchar voces de la nada, es más, quien me conoce sabe que no soy muy cervecero. Pero sí, les aseguro que me ha hablado. Tengo pruebas:



No me ha dicho nada que no supiera ya, aunque debo reconocer que lo tenía medio olvidado, Roma no se hizo en un día, ni tan siquiera en un mes. 


No fue un mensaje completo, no culpo a mi amiga de cebada y levadura que bastante me dijo. Pero si pudiera matizar, le diría que el tiempo por sí solo no cura heridas ni hace milagros como por ahí dicen. Lo único que le da valor al tiempo es lo que hacemos con él. Y así con todo.