A veces me despierto con complejo de “pitoniso” y creo que hoy ha sido uno de esos días. A continuación mostraré alguna de mis predicciones ante el fin del verano:
Para empezar vendrá Amaral de la mano de las emisoras de turno a recordarnos que “no quedan días de verano”, seguiremos el estribillo con o sin resignación y retomaremos el camino hacia el lugar al que nos dirigíamos. Las pelotas en las plazas dejarán de correr, quizás el próximo fin de semana saldrán de su escondite o con mucha más suerte esta misma tarde. La ropa de baño perderá protagonismo en los armarios y serán las bufandas y las chaquetas quienes reinarán por una temporadita. Los ventiladores se convertirán en un mero objeto de adorno mientras observan el éxito que tiene el paragüero.
Eternas charlas en terrazas de bares con cañas y frutos secos serán canceladas con el propósito de llegar cuanto antes a casa para ponerse el pijama y esperar a un nuevo día. Amigos que ya no viven aquí cargan sus maletas destino al lugar donde habitan, un “nos vemos en Navidades” saldrá de sus bocas y justo tras pronunciar la frase el pensamiento de “ojalá se cumpla y así sea” surge. Los amores de verano se despedirán escudándose en el consuelo de verse el próximo verano aún sabiendo que queda mucho por llover, y más con un otoño y un invierno de por medio.
Y todo eso mientras en el espejo podrás ver como poco a poco el moreno que tanto costó se va degradando.
A su vez las orquestas que amenizaban fiestas de pueblos costeros dejarán su puesto a panderetas, guitarras y melodías menos animadas. El vendedor de helados se replanteará seriamente dedicarse a la venta de castañas para poder llevar el pan a casa.
Mientras, la televisión se llenará de anuncios de juguetes y turrones. Y quizás presenciaremos un anacronismo cuando se cuele algún anuncio que incite a descargarte la canción del verano.
Pero no todo es tan gris como el cielo que reinará algunos días a partir de ahora, porque justo después de Amaral puede ser que suene El Canto del Loco y te recuerde que Volverá, seguro que volverá. Entonces ahí puede que comprendas que lo que hace divertida a esta vida son los extremos, aburriría que todo fuera día y no existiera la noche y viceversa, no sabríamos lo que es el frío porque no conocemos el calor.
Y quizás solamente sea así cuando logres comprender que toda época del año tiene su encanto.
El arco iris te encontrará en algún charco, despedidas en portales pueden convertirse en un “sube a mi casa, tomaremos café para evitar el frío”, los almendros se pondrán en flor, las bodegas abrirán para sacar sus nuevos vinos y se improvisarán excursiones con la única intención de ver la nieve y jugar con ella. Las calles se iluminarán de luces y tras todo esto y más surgirá un gran descubrimientp: El optimismo y la alegría no entienden de épocas y pueden estar en cualquier lugar,
miércoles, 15 de septiembre de 2010
martes, 31 de agosto de 2010
Relaciones formales
Al igual que en la vida real, hay palabras que tienden a unirse instantáneamente. Como ejemplo se me ocurren dos grupos de palabras que escuché una vez en el monólogo de algún cómico (que me perdone el susodicho, pero no recuerdo quién era). El primer matrimonio de vocablos es el compuesto por la palabra “aledaños” y “estadio”, hasta tal punto que es casi imposible escuchar la primera palabra si no está la segunda cerca.
Pasa lo mismo con las pesetas, tantos años paseándose por nuestros bolsillos y resulta que el único adjetivo que se nos ocurre es el de “antiguas”, quizás habría que felicitar a quien decidió inventarse un bloque de palabras tan original.
Plagios aparte, hay otras dos palabras que congenian muy bien, aunque en este caso son algo más poligámicas y se dejan ver con otras palabras por ahí, hablo de “relaciones cordiales”. No sé si es solo apreciación mía o que realmente es así, pero entiendo que una relación es cordial cuando reina la profesionalidad y existe un respeto mutuo, pese a que ninguna de las dos personas implicadas elegiría a la otra como primera o décima opción para ir a tomarse un café o unas cañas o pasar un buen rato de sinceridad y desahogo por ejemplo.
Me explico, la relación que un entrenador de fútbol debe guardar con su futbolista es siempre catalogada como cordial, donde cada uno se saluda, cumple su rol, pero cuando termine la concentración, partido o entrenamiento cada uno cogerá su camino. Todo esto podría extrapolarse a la relación jefe-empleado. O a esa persona con la que uno compartía momentos, y ahora todo se limita a un frío y falso “hola y adiós” o en su defecto conversaciones vacías en las que ambas personas se congratulan públicamente de que al otro todo le vaya fabulosamente aunque realmente les importe más bien poco.
Pues bien, he decidido acudir a la RAE una vez más y me he encontrado con las siguientes definiciones de cordial: 1. adj. Que tiene virtud para fortalecer el corazón.2. adj. Afectuoso, de corazón. No era lo que esperaba encontrarme, de hecho se me ha caído un mito, y me he sentido tonto por partida doble, primero por estar utilizando mal la expresión y segundo por tener por relación cordial lo que realmente no es. Lo digo porque supongo que el empleado estándar por norma general no guardará afecto hacia su jefe, digo yo.
Y ahora me surge una nueva pregunta, ¿cómo se llaman las relaciones que yo tenía por cordiales pero no son cordiales? (véase los casos expuestos anteriormente) ¿relaciones profesionales quizás? ¿Entonces como se llaman aquellas en las que uno acaba saludando simplemente para no ser catalogado como ser asocial?
Necesito una respuesta.
Nota: este tema es susceptible de un análisis más profundo, pero las prisas por publicar algo me han traído a hacer este análisis tan breve, no promete profundizar más, porque puede que no lo haga, pero no está mal dejar una puerta abierta a futuras actualizaciones de este tema.
Pasa lo mismo con las pesetas, tantos años paseándose por nuestros bolsillos y resulta que el único adjetivo que se nos ocurre es el de “antiguas”, quizás habría que felicitar a quien decidió inventarse un bloque de palabras tan original.
Plagios aparte, hay otras dos palabras que congenian muy bien, aunque en este caso son algo más poligámicas y se dejan ver con otras palabras por ahí, hablo de “relaciones cordiales”. No sé si es solo apreciación mía o que realmente es así, pero entiendo que una relación es cordial cuando reina la profesionalidad y existe un respeto mutuo, pese a que ninguna de las dos personas implicadas elegiría a la otra como primera o décima opción para ir a tomarse un café o unas cañas o pasar un buen rato de sinceridad y desahogo por ejemplo.
Me explico, la relación que un entrenador de fútbol debe guardar con su futbolista es siempre catalogada como cordial, donde cada uno se saluda, cumple su rol, pero cuando termine la concentración, partido o entrenamiento cada uno cogerá su camino. Todo esto podría extrapolarse a la relación jefe-empleado. O a esa persona con la que uno compartía momentos, y ahora todo se limita a un frío y falso “hola y adiós” o en su defecto conversaciones vacías en las que ambas personas se congratulan públicamente de que al otro todo le vaya fabulosamente aunque realmente les importe más bien poco.
Pues bien, he decidido acudir a la RAE una vez más y me he encontrado con las siguientes definiciones de cordial: 1. adj. Que tiene virtud para fortalecer el corazón.2. adj. Afectuoso, de corazón. No era lo que esperaba encontrarme, de hecho se me ha caído un mito, y me he sentido tonto por partida doble, primero por estar utilizando mal la expresión y segundo por tener por relación cordial lo que realmente no es. Lo digo porque supongo que el empleado estándar por norma general no guardará afecto hacia su jefe, digo yo.
Y ahora me surge una nueva pregunta, ¿cómo se llaman las relaciones que yo tenía por cordiales pero no son cordiales? (véase los casos expuestos anteriormente) ¿relaciones profesionales quizás? ¿Entonces como se llaman aquellas en las que uno acaba saludando simplemente para no ser catalogado como ser asocial?
Necesito una respuesta.
Nota: este tema es susceptible de un análisis más profundo, pero las prisas por publicar algo me han traído a hacer este análisis tan breve, no promete profundizar más, porque puede que no lo haga, pero no está mal dejar una puerta abierta a futuras actualizaciones de este tema.
jueves, 12 de agosto de 2010
Ese extraño sentimiento
No sé qué pasa que cuando uno se encuentra lejos de casa se acentúa el cariño a su tierra. Huyo del ombliguismo y sé que el mundo es muy grande y que no dejamos de ser el equivalente a un pequeño bloque que configura un gran edificio.
Sin embargo la vida de vez en cuando concede una tregua y se empeña en demostrar que no somos tan pequeños ni el mundo es tan grande y uno llega a creer que quienes afirmaban que el mundo es un pañuelo no andaban tan desencaminados.
El caso es que cuando viajo suelo llevar conmigo la bandera de mi equipo, el Tenerife, no lo hago por provocar ni por nada parecido, simplemente me parece una forma “deportiva” de recordar a mi equipo y mi casa y así animarme si algún día algo no sale bien. Básicamente esos fueron los motivos que me llevaron a colgarla en una ventana de la residencia donde me quedaba en Dublín. La bandera no duró más de unos días, tuve que quitarla a petición de la dirección. Pero al parecer la bandera ya había cumplido su acometido. Y digo al parecer porque al cabo de unos días mientras viajaba solo en guagua escuchaba como un chico contaba a sus amigos la emoción que había sentido al ir caminando por el campus universitario y encontrarse con la bandera del Club Deportivo Tenerife, ante eso lo único que pude hacer fue girarme y reconocer que la bandera era mía. Ahí comprendí que la bandera no solo me había hecho feliz a mí al colgarla sino que inconscientemente había llegado a hacer sentir emociones a otra gente.
Volví a Irlanda dos años después de este suceso, y esta vez me tocó ponerme en el lado opuesto y pasé a ser yo el sorprendido. No me alojaba esta vez en una residencia sino en el hogar de una familia (familia a la que aún debo una carta de agradecimiento, todo sea dicho de paso). El padre de la familia no sabía nada de mi lugar de origen pero al recibirme vestía una camiseta que había comprado en su viaje a Tenerife, me dieron ganas de llorar, no puedo negarlo.
Aproximadamente un año después y buscando un restaurante donde comer en pleno centro de Montecarlo encontré una pizzería, hasta aquí nada anormal. La sorpresa llegó a la hora de ver la carta a fin de conocer precios. No estaba la margarita, ni la calzone, ni la tropical, ni la cuatro estaciones… lideraba la carta una pizza llamada Tenerife y a mitad de la lista otra llamada Las Palmas. Se me quitó el hambre de golpe con tanta sorpresa.
Y para concluir este bloque de sorpresas fuera de casa me reservo la que para mí es la más emotiva.
Tuvo lugar en Prato, una pequeña y poco turística ciudad italiana situada a un cuarto de hora de Florencia; callejeaba junto a unos amigos cuando una pregunta procedente de una esquina nos asaltó. “¿españoles?” No era la primera vez que teníamos que responder a una pregunta así, lo que esta vez la respuesta no iba a ir acompañada de alguna frase de felicitación por el mundial de España sino de otra pregunta “¿de qué parte?” “Canarias” respondimos. Paró la música que venía de la guitarra que tocaba nuestro amigo y lo único que pudo decir fue “yo también, soy de Lanzarote”. No voy a airear su historia pero el caso es que el destino le había llevado a coger su guitarra y recorrerse toda Italia sin billete de vuelta para así poder sobrevivir. No tenía nada ni a nadie, pero el poder hablar unos minutos con alguien de su tierra hizo que se le alegara el día, de hecho, así lo reconoció, y por si quedaba alguna duda, sus ojos se rayaron.
Valió la pena detenerse y dejarle unos céntimos, ver sonreír a quien aparentemente no sonríe a menudo vale la pena.
Y aquí concluyo, sé que me dejo más historias por atrás pero estas pueden ser fácilmente las más representativas de la exaltación del hogar de la que escribía al principio.
Sin embargo la vida de vez en cuando concede una tregua y se empeña en demostrar que no somos tan pequeños ni el mundo es tan grande y uno llega a creer que quienes afirmaban que el mundo es un pañuelo no andaban tan desencaminados.
El caso es que cuando viajo suelo llevar conmigo la bandera de mi equipo, el Tenerife, no lo hago por provocar ni por nada parecido, simplemente me parece una forma “deportiva” de recordar a mi equipo y mi casa y así animarme si algún día algo no sale bien. Básicamente esos fueron los motivos que me llevaron a colgarla en una ventana de la residencia donde me quedaba en Dublín. La bandera no duró más de unos días, tuve que quitarla a petición de la dirección. Pero al parecer la bandera ya había cumplido su acometido. Y digo al parecer porque al cabo de unos días mientras viajaba solo en guagua escuchaba como un chico contaba a sus amigos la emoción que había sentido al ir caminando por el campus universitario y encontrarse con la bandera del Club Deportivo Tenerife, ante eso lo único que pude hacer fue girarme y reconocer que la bandera era mía. Ahí comprendí que la bandera no solo me había hecho feliz a mí al colgarla sino que inconscientemente había llegado a hacer sentir emociones a otra gente.
Volví a Irlanda dos años después de este suceso, y esta vez me tocó ponerme en el lado opuesto y pasé a ser yo el sorprendido. No me alojaba esta vez en una residencia sino en el hogar de una familia (familia a la que aún debo una carta de agradecimiento, todo sea dicho de paso). El padre de la familia no sabía nada de mi lugar de origen pero al recibirme vestía una camiseta que había comprado en su viaje a Tenerife, me dieron ganas de llorar, no puedo negarlo.
Aproximadamente un año después y buscando un restaurante donde comer en pleno centro de Montecarlo encontré una pizzería, hasta aquí nada anormal. La sorpresa llegó a la hora de ver la carta a fin de conocer precios. No estaba la margarita, ni la calzone, ni la tropical, ni la cuatro estaciones… lideraba la carta una pizza llamada Tenerife y a mitad de la lista otra llamada Las Palmas. Se me quitó el hambre de golpe con tanta sorpresa.
Y para concluir este bloque de sorpresas fuera de casa me reservo la que para mí es la más emotiva.
Tuvo lugar en Prato, una pequeña y poco turística ciudad italiana situada a un cuarto de hora de Florencia; callejeaba junto a unos amigos cuando una pregunta procedente de una esquina nos asaltó. “¿españoles?” No era la primera vez que teníamos que responder a una pregunta así, lo que esta vez la respuesta no iba a ir acompañada de alguna frase de felicitación por el mundial de España sino de otra pregunta “¿de qué parte?” “Canarias” respondimos. Paró la música que venía de la guitarra que tocaba nuestro amigo y lo único que pudo decir fue “yo también, soy de Lanzarote”. No voy a airear su historia pero el caso es que el destino le había llevado a coger su guitarra y recorrerse toda Italia sin billete de vuelta para así poder sobrevivir. No tenía nada ni a nadie, pero el poder hablar unos minutos con alguien de su tierra hizo que se le alegara el día, de hecho, así lo reconoció, y por si quedaba alguna duda, sus ojos se rayaron.
Valió la pena detenerse y dejarle unos céntimos, ver sonreír a quien aparentemente no sonríe a menudo vale la pena.
Y aquí concluyo, sé que me dejo más historias por atrás pero estas pueden ser fácilmente las más representativas de la exaltación del hogar de la que escribía al principio.
miércoles, 28 de julio de 2010
De vuelta
Vuelvo, no creo que sea casualidad que retome la escritura tal día como hoy, pero el caso es que vuelvo. Lo hago porque prometí desconectar, pensar y luego volver. Es evidente que el tercer punto lo estoy cumpliendo, lo de desconectar puede que también, de hecho en mi ordenador este blog ya había desaparecido del historial.
Y en lo de pensar, pues en más de un mes hay muchas cosas que se pueden hacer, y sería muy triste, y casi inhumano que no haya pensado nada. Extraigo muchas conclusiones que aún ahora no sé como plasmar en este blog. Pero haré un pequeño avance:
He corroborado que al final son los impulsos los que me guían, y que la inspiración y el pensamiento más remoto puede estar escondido en el momento menos pensado. He intentado tirar de la empatía que hace unas semanas citaba y he optado por hacer cosas que el resto de año no puedo hacer, ponerme en el papel del otro y a mi manera tratar de verlo todo con nuevos ojos.
Nuevos ojos que no se consiguen precisamente poniéndome unas gafas de 3D del cine ni tan siquiera el modelo de Ray Bans más moderno ni ningún objeto parecido, nuevos ojos que se consiguen empezando de cero, tratando de olvidarlo todo, ya sea intencionadamente o no. A día de hoy el ejemplo más gráfico que se me ocurre es el volver a casa tras una temporadita fuera, y recordar cómo olía el hogar, o volver a ver alumbrar aquellas bombillas de aquel rincón que tanto te gusta y ya casi tenías por olvidado.
Y como decía al principio es como por impulsos o sensaciones como uno llega a caminar por el camino que más guste.
Obviamente estas no son todas mis conclusiones, de hecho, creo que esta entrada no llega a la calificación de pensamiento(me gusta llamar así a lo que escribo), y solamente es un estúpido adelanto de lo que escribiré, cual titular del telediario o sumario de programa del corazón que solo busca engolosinarte y captar tu atención ya sea hablando de política o de las infidelidades de aquel torero.
He vuelto, o por lo menos he dejado señales de vida, ahora habrá que ver cuando lo ordeno todo (maletas, armarios, apuntes, pensamientos...)
Y en lo de pensar, pues en más de un mes hay muchas cosas que se pueden hacer, y sería muy triste, y casi inhumano que no haya pensado nada. Extraigo muchas conclusiones que aún ahora no sé como plasmar en este blog. Pero haré un pequeño avance:
He corroborado que al final son los impulsos los que me guían, y que la inspiración y el pensamiento más remoto puede estar escondido en el momento menos pensado. He intentado tirar de la empatía que hace unas semanas citaba y he optado por hacer cosas que el resto de año no puedo hacer, ponerme en el papel del otro y a mi manera tratar de verlo todo con nuevos ojos.
Nuevos ojos que no se consiguen precisamente poniéndome unas gafas de 3D del cine ni tan siquiera el modelo de Ray Bans más moderno ni ningún objeto parecido, nuevos ojos que se consiguen empezando de cero, tratando de olvidarlo todo, ya sea intencionadamente o no. A día de hoy el ejemplo más gráfico que se me ocurre es el volver a casa tras una temporadita fuera, y recordar cómo olía el hogar, o volver a ver alumbrar aquellas bombillas de aquel rincón que tanto te gusta y ya casi tenías por olvidado.
Y como decía al principio es como por impulsos o sensaciones como uno llega a caminar por el camino que más guste.
Obviamente estas no son todas mis conclusiones, de hecho, creo que esta entrada no llega a la calificación de pensamiento(me gusta llamar así a lo que escribo), y solamente es un estúpido adelanto de lo que escribiré, cual titular del telediario o sumario de programa del corazón que solo busca engolosinarte y captar tu atención ya sea hablando de política o de las infidelidades de aquel torero.
He vuelto, o por lo menos he dejado señales de vida, ahora habrá que ver cuando lo ordeno todo (maletas, armarios, apuntes, pensamientos...)
viernes, 18 de junio de 2010
Hilando
Hoy ha muerto José Saramago, y como es costumbre en este país (y no sé si en los demás) rendimos culto ahora, y un sentimiento de arrepentimiento ronda nuestra piel. Arrepentimiento por no haber valorado su existencia. Los diarios llenan sus páginas web con retales de su vida, y así llego a su blog (o el de su fundación, no sé bien), casualmente la última entrada data de hoy, y me sirve para presentar la siguiente entrada que tenía pensado publicar.
Fue escrita en mi teléfono un día de biblioteca, y habla sobre la necesidad de pensar. Dicho esto copio y pego lo que dice el ya difunto Saramago sobre este tema "Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte". Y ahora viene lo que yo mismo había escrito (fue hace unos días y lo copiaré tal cual).
En el fondo soy previsible y una vez más tras un período de ausencia vengo a justificarme. Los exámenes me han absorbidoy me he visto inmerso en una gran paradoja, cuando se supone que más tienes que pensar, es cuando uno menos piensa. Y sí, creo que tras los exámenes llegará el momento de pensar, no sé bien si adoptaré alguna postura oriental o si simplemente con tratar de pensar aún menos me servirá.
Sea lo que sea, creo que requiero de un lugar de silencio (metafóricamente hablando) en el que haya tan poco ruido que pueda escucharme a mí mismo (¡qué paradójico también que el ruido lo imprero que impide escuchar sea nuestro propio interior!)
Luego llegará el momento de recapacitar sobre lo aprendido y quizás comprobar así que lo primero que aprendí fue realmente lo más importante.
Y tras este balance interno, volveré, cumpliendo el deber intrínseco de tener que reinventarme día a día, manteniendo lo que me hace ser yo inalterable... Entradas sobre Madrid, sobre la vida, la lingüística, caminos, la universidad o incluso sobre cosas que aún no han sido inventadas me esperan... Solamente es cuestión de ir a por ellas, y seguro que llegarán.
Ahora me marcho a pensar, volveré en breve
Nota: el fragmento de Saramago lo saqué de http://cuaderno.josesaramago.org/
Fue escrita en mi teléfono un día de biblioteca, y habla sobre la necesidad de pensar. Dicho esto copio y pego lo que dice el ya difunto Saramago sobre este tema "Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte". Y ahora viene lo que yo mismo había escrito (fue hace unos días y lo copiaré tal cual).
En el fondo soy previsible y una vez más tras un período de ausencia vengo a justificarme. Los exámenes me han absorbidoy me he visto inmerso en una gran paradoja, cuando se supone que más tienes que pensar, es cuando uno menos piensa. Y sí, creo que tras los exámenes llegará el momento de pensar, no sé bien si adoptaré alguna postura oriental o si simplemente con tratar de pensar aún menos me servirá.
Sea lo que sea, creo que requiero de un lugar de silencio (metafóricamente hablando) en el que haya tan poco ruido que pueda escucharme a mí mismo (¡qué paradójico también que el ruido lo imprero que impide escuchar sea nuestro propio interior!)
Luego llegará el momento de recapacitar sobre lo aprendido y quizás comprobar así que lo primero que aprendí fue realmente lo más importante.
Y tras este balance interno, volveré, cumpliendo el deber intrínseco de tener que reinventarme día a día, manteniendo lo que me hace ser yo inalterable... Entradas sobre Madrid, sobre la vida, la lingüística, caminos, la universidad o incluso sobre cosas que aún no han sido inventadas me esperan... Solamente es cuestión de ir a por ellas, y seguro que llegarán.
Ahora me marcho a pensar, volveré en breve
Nota: el fragmento de Saramago lo saqué de http://cuaderno.josesaramago.org/
domingo, 13 de junio de 2010
Empatía
Aprendí en clases de Ética uno de sus principios más importantes, decía algo así como “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”, cierto es que no a todos nos gustan las mismas cosas ni nos gusta que nos traten de la misma forma, pero aún así creo que la frase habla por sí sola sin dejar muchas dudas tras de sí y el mensaje es casi universal.
El caso es que a raíz de esta máxima llego a dar con el término empatía, no sé qué pasa con la palabra, puede ser su similitud con la palabra simpatía que le hace mucho daño, quizás sea que no queremos aplicarla o tal vez su desconocimiento, pero creo que apenas nos acordamos de practicarla a diario y su significado necesita más difusión.
Sin embargo la vida pese a ser relativamente corta nos pone en (casi) todo tipo de situaciones, puede que en su momento no entendieras por qué tu padre no quiso comprarte aquella bici, o por qué tu mejor amigo estaba algo callado, o creías que tu pareja ya no te quería simplemente porque no podía acompañarte al cine u otras situaciones así de cotidianas.
Te enfadaste, no comprendiste, renegaste, lloraste o incluso llegaste a enfadarte, pero luego el tiempo te enseñó (y si no, tiempo al tiempo) que tu padre quería que valoraras la bici que ya tenías, tu amigo tenía problemas en su casa o que tu pareja tenía que hacer algo importante…
Y ahora me veo en tu situación, han pasado los años y estoy en tu lugar, ya no soy el niño que quiere la bici sino el padre que intenta que su hijo sea mejor persona (metafóricamente por supuesto). Hoy me encuentro en tu situación, la empatía y el tiempo me han traído hasta aquí y como rectificar es de sabios debo pedirte perdón por desconfiar de ti y lo único que se me ocurre decirte es que TE ENTIENDO.
El caso es que a raíz de esta máxima llego a dar con el término empatía, no sé qué pasa con la palabra, puede ser su similitud con la palabra simpatía que le hace mucho daño, quizás sea que no queremos aplicarla o tal vez su desconocimiento, pero creo que apenas nos acordamos de practicarla a diario y su significado necesita más difusión.
Sin embargo la vida pese a ser relativamente corta nos pone en (casi) todo tipo de situaciones, puede que en su momento no entendieras por qué tu padre no quiso comprarte aquella bici, o por qué tu mejor amigo estaba algo callado, o creías que tu pareja ya no te quería simplemente porque no podía acompañarte al cine u otras situaciones así de cotidianas.
Te enfadaste, no comprendiste, renegaste, lloraste o incluso llegaste a enfadarte, pero luego el tiempo te enseñó (y si no, tiempo al tiempo) que tu padre quería que valoraras la bici que ya tenías, tu amigo tenía problemas en su casa o que tu pareja tenía que hacer algo importante…
Y ahora me veo en tu situación, han pasado los años y estoy en tu lugar, ya no soy el niño que quiere la bici sino el padre que intenta que su hijo sea mejor persona (metafóricamente por supuesto). Hoy me encuentro en tu situación, la empatía y el tiempo me han traído hasta aquí y como rectificar es de sabios debo pedirte perdón por desconfiar de ti y lo único que se me ocurre decirte es que TE ENTIENDO.
domingo, 30 de mayo de 2010
30 de mayo, Día de Canarias
Voy a confesarme, quizás no suene a nuevo, pero necesito decirlo, ME GUSTA MI TIERRA.
No hablo de independencia ni nacionalismos extremos, de hecho, respecto a este tema tengo una opinión bastante bipolar, si bien un día creo que es una buena vía al momento puedo llegar a pensar que ese no es el mejor camino a seguir.
Pero hay algo innegable, como país multicultural que es España en el que hay comunidades con más de una lengua oficial o incluso podemos hacer chistes con andaluces, gallegos, catalanes, vascos… Canarias no puede quedarse fuera, tenemos mucho que mantener y mostrar al mundo, porque ni comemos paella todos los días ni tenemos tablaos flamencos ni tenemos las corridas de toros como afición. Prefiero escuchar unos pitos y tambores, perderme buscando un guachinche remoto soy carnavalero antes que seguidor de otras fiestas y podría seguir así un buen rato.
No creo que el futuro esté en el pleito insular, porque sostengo con total firmeza y con la seguridad de que no me voy a equivocar que todas y cada una de las islas tienen algo que aportar a Canarias, y al mundo en general, el timón no solo lo tienen las capitales, e incluso El Hierro, pese a ser la más pequeña de las islas pueden aportarnos grandes lecciones de respeto al Medio Ambiente, o incluso grandes vinos (hay que barrer para casa), La Palma y sus cielos, La Gomera y la fuerza de su gente que se ha afrontado a un terreno tan abrupto, Fuerteventura y sus playas o Lanzarote con la magia de Manrique aún latente.
Y hay que cuidar todo esto, es evidente que si no lo hacemos nosotros, no vendrán de fuera a conservarlo por nosotros, y si así fuera creo que sería el momento de reflexionar e incluso sentir vergüenza por no valorar TODO lo que tenemos.
Así que como oraba aquella campaña publicitaria, lo único que puedo decir es que sí, ¡Es una suerte vivir aquí!
No hablo de independencia ni nacionalismos extremos, de hecho, respecto a este tema tengo una opinión bastante bipolar, si bien un día creo que es una buena vía al momento puedo llegar a pensar que ese no es el mejor camino a seguir.
Pero hay algo innegable, como país multicultural que es España en el que hay comunidades con más de una lengua oficial o incluso podemos hacer chistes con andaluces, gallegos, catalanes, vascos… Canarias no puede quedarse fuera, tenemos mucho que mantener y mostrar al mundo, porque ni comemos paella todos los días ni tenemos tablaos flamencos ni tenemos las corridas de toros como afición. Prefiero escuchar unos pitos y tambores, perderme buscando un guachinche remoto soy carnavalero antes que seguidor de otras fiestas y podría seguir así un buen rato.
No creo que el futuro esté en el pleito insular, porque sostengo con total firmeza y con la seguridad de que no me voy a equivocar que todas y cada una de las islas tienen algo que aportar a Canarias, y al mundo en general, el timón no solo lo tienen las capitales, e incluso El Hierro, pese a ser la más pequeña de las islas pueden aportarnos grandes lecciones de respeto al Medio Ambiente, o incluso grandes vinos (hay que barrer para casa), La Palma y sus cielos, La Gomera y la fuerza de su gente que se ha afrontado a un terreno tan abrupto, Fuerteventura y sus playas o Lanzarote con la magia de Manrique aún latente.
Y hay que cuidar todo esto, es evidente que si no lo hacemos nosotros, no vendrán de fuera a conservarlo por nosotros, y si así fuera creo que sería el momento de reflexionar e incluso sentir vergüenza por no valorar TODO lo que tenemos.
Así que como oraba aquella campaña publicitaria, lo único que puedo decir es que sí, ¡Es una suerte vivir aquí!
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