Dicen que las buenas costumbres no se deben perder, y en eso pienso cuando una vez más vuelvo a intentar hacer un pequeño repaso del año que termina. No sé si es cosa mía pero instintivamente tiendo a pensar que este 2010 se me ha ido volando, pero por otra parte echo la vista un año atrás y recuerdo en donde estaba y en lo que pensaba y contemplo como han cambiado las cosas hasta tal punto que un año me parece todo un mundo. Sin embargo tras este dilema sobre lo efímero que es el tiempo veo que 365 días después del anterior repaso vuelvo a encontrarme en el mismo lugar, es decir, frente a la pantalla de mi ordenador
Al igual que cada año pienso que cada uno tendrá su particular recuerdo, pero en la memoria colectiva (aunque quede lejos en la memoria fue este año 2010) quizás queden volcanes islandeses, alertas máximas en Canarias, terremotos en Haití o huelgas de controladores. Sin olvidarnos de la llamada de los vecinos saharauis a la que quizás no hemos sabido atender correctamente.
En la memoria individual de cada uno quedarán otras historias, hazañas, quizás llantos y sonrisas, nada nuevo al fin y al cabo, pero cobra más sentido todo esto si pienso que mientras nosotros vivíamos inmersos en la rutina, un reducido número de mineros chilenos conmovían al mundo por aguantar bajo tierra sin perder la calma. Chile fue protagonista también por arrebatarle a La Palma el “Telescopio Extremadamente Grande” y por temblar su tierra hace ya algunos meses. Incluso en nuestra mente, si me apuran, al pensar en Chile podremos cruzar el Atlántico en décimas de segundo para irnos a Sudáfrica; de hecho para que España fuera campeona del mundo previamente tuvo que ganarle al equipo chileno.
En más de una ocasión he hablado de la fuerza que tiene el fútbol para movilizar a las masas y unirlas a la vez, por encima de razas, condiciones o edades y este año se ha ratificado mi pensamiento, así que más allá del triunfo ante Holanda, del gol de Iniesta, el pulpo Paul o de la patada a Xabi Alonso me quedo con la emoción latente en todas partes, niños, adultos, veteranos, y por qué no, estudiantes que veían en el Mundial la única forma de evadirse de los exámenes.
Y al pensar en fútbol me acuerdo de mi Tenerife, si bien el 2009 fue un año para enmarcar, 2010 invita a ser olvidado, (y cuanto antes mejor), así que espero que lo de este equipo sea cosa de años impares y con 2011 vuelvan las tardes de alegrías(y que 2012 tenga aires de año impar), pese a todo debo agradecer que en la isla vecina no se haya hecho leña del árbol caído y se me haya respetado por seguir a mi equipo, hasta tal punto que allí el único problema que he tenido ha sido con un lituano de dos metros que no creo que sepa mucho de fútbol.
Ya que nombro a la isla vecina aprovecho para acercarme a un plano más personal, y recordar que ha sido un año de cambios, y pese a estar a menos de dos horas de mi casa el calor del hogar es inconfundible. No solo en el sentido más estricto y literal de la palabra hogar, sino las pequeñas cosas, esas calles peatonales de La Laguna, quedar a una determinada hora en la Catedral, salir de casa y escuchar el reloj de la Concepción anunciando las menos cuarto o por ejemplo el camino a casa tras potenciar el ocio nocturno.
No llego a esta conclusión única y exclusivamente tras haberme “mudado” a Gran Canaria sino tras un año bastante movidito de maletas, furgones, aeropuertos, y dormir en aproximadamente 15 lugares distintos. Cierto es que han sido viajes fugaces que no han permitido que me enamore ciegamente del lugar pero el recuerdo seguirá ahí, y junto a él la gente que me acompañaba, ya fuera en Madrid, Palencia o en los 2300 kilómetros recorridos por Italia.
Ha sido también el año en el que he comenzado a ver la vida como diplomado, y no sé si como consecuencia de ello o por mera casualidad, se ha despertado en mí un espíritu crítico con el día a día que nos rodea, espero que en 2011 pueda hacerlo como licenciado, pero no termino de verlo muy claro (este comentario negativo es cortesía de Varian, Pareto, Cob Douglas, Jarque Bera y demás “pensadores”…)
Termina así este año de Bajada en La Palma, sabiendo que la música de los enanos no volverá a sonar hasta 2015, pero no hará falta, porque el solo hecho de haberlos visto danzar habrá servido para rejuvenecer tanto como haga falta para volver a la niñez. Sensación que ni la tecnología 3D que parece haber despuntado en este año puede lograr.
Y siguiendo con el tema de las sensaciones, y teniendo que elegir una que represente mi año 2010 me quedo con la de reencontrarse con alguien tras mucho tiempo sin verse, y es que en mi caso puedo decir que he aprendido a disfrutar el momento y no echar en cara las largas ausencias, máxime cuando ahora al volver no me esperan secos saludos, sino sinceros y calurosos abrazos, aunque debo reconocer también que aún sigo creyéndome y creciéndome cuando escucho que alguien pronuncia eso de “a ver si quedamos un día”.
A fin de ahorrar energía, y más sabiendo que en 2011 la luz subirá un 9,8%, me despido no sin antes transmitir a todos mis mejores deseos para 2011, y en especial para todas aquellas personas que no han tenido un buen 2010, así que para ellos, si me lo permiten, va mi abrazo más fuerte, y un mensaje claro, “saldremos adelante”Feliz año
viernes, 31 de diciembre de 2010
Un año de blog
Hace ya un año, decidí impulsivamente crear este blog, y si a los políticos se les concede un período de 100 días para analizar los resultados, en mi caso he optado por un año para hacer lo propio.
Extraigo dos principales conclusiones:
La primera es que me he dejado ir, y si en un principio la media era de 7/8 entradas por mes ahora no es así, sin embargo me doy por satisfecho, porque con cualquier otra actividad, como por ejemplo el gimnasio no creo que hubiera tenido tanta constancia.
La segunda conclusión es que la persona menos pensada siempre puede acabar leyendo este blog, y me alegra el momento cuando alguien me dice que entró a ver mi blog.
Así que lo único que puedo esperar es que con el 2011 vuelva la constancia.
Muchas gracias
Extraigo dos principales conclusiones:
La primera es que me he dejado ir, y si en un principio la media era de 7/8 entradas por mes ahora no es así, sin embargo me doy por satisfecho, porque con cualquier otra actividad, como por ejemplo el gimnasio no creo que hubiera tenido tanta constancia.
La segunda conclusión es que la persona menos pensada siempre puede acabar leyendo este blog, y me alegra el momento cuando alguien me dice que entró a ver mi blog.
Así que lo único que puedo esperar es que con el 2011 vuelva la constancia.
Muchas gracias
lunes, 29 de noviembre de 2010
Corre el tiempo,corre...
Me he estremecido al ver el calendario, no es la primera vez que me pasa, pero sigue conmoviéndome este hecho.
Me conmueve la proximidad de las fiestas, los exámenes, el final del año,planes y más planes acumulándose, el echar la vista un año atrás y preguntarme "¿hace un año ya de eso?"... También me duele pensar que se acaba noviembre y todavía no he dejado mi huella aquí y peor aún, no haber hecho ni una triste visita a este humilde blog. Por eso ahora me enfrento a la pantalla del ordenador para llevar a cabo un intento de repaso de estos últimos días, semanas, que se han convertido en mes.
El tiempo ha corrido, realmente lo hace siempre, pero esta vez lo he sentido pasar más rápido si cabe, y mientras, en mi móvil se han ido acumulando pequeñas notas que han ido surgiendo espontánemante.
La lectura positiva que saco de todo esto es que por primera vez en mucho tiempo me he puesto a escribir porque salía de mí y lo necesitaba, y no porque me entraran remordimientos de tener abandonado este blog. Y esta vez no se trata de un par de líneas (a la vista queda)
El caso es que durante esta ausencia cibernética he estado otra vez por Madrid.
No sé qué tiene Madrid que por una parte te atrapa, hasta tal punto que al igual que La Meca debería ser obligatorio visitarla una vez en la vida, pero por otro lado te deja una sensación de vacío, prisas; y mientras cada uno marcha por su camino nace el pensamiento de que el cruzarte con alguien en sus calles es fruto del azar, y que es muy difícil que el destino vuelva a juntarte con ese alguien.
Quizás me pase solo a mí, pero cuando viajo en el Metro de Madrid siento una extraña sensación que me devuelve al 11 de marzo de aquel ya casi lejano 2004, nadie lo dice pero la siento latente, algo similar me pasa cuando paso por los aparcamientos de la T4 y recuerdo las imágenes del atentado de ETA...
Pero se olvida todo al instante cuando me invade el optimismo al ver la Gran Vía, me entran también ganas de poder ver algún día unos Juegos Olímpicos en la Capital. Y entonces sigo paseando por Madrid y veo lo grande que es, y bajo mis influencias pueblerinas me da por pensar "esto no puede ser tan grande".
Justo tras mi paso por Madrid, volví a casa, pero no es el momento de hablar de ello, de hecho bastaría con esperar a que vuelva a las pantallas el famoso anuncio del turrón y comprobar que una imagen vale más que mil palabras.
(Y mientras, veo como se expanden las tradiciones al saber que en Gran Canaria también se celebra la Fuga de San Diego)
También debo decir que noviembre ha corrido tanto que no me ha dejado cumplir mi promesa de ponerme serio y ponerme a estudiar a diario, y ya van dos meses que me pasa esto.
He de sumar a todo esto que tras más de dos meses durmiendo en una cama que no es la mía sigo sin poder afirmar que estoy viviendo aquí, más que nada por resignación y porque mi cepillo de dientes sigue durmiendo en el neceser, y no en el vaso donde debería hacerlo.
Y corro como lo hace el tiempo, a la carrera todo, hasta tal punto que esta entrada que se presentaba como una de las más reflexivas se llena de prisas.
En fin, termina un noviembre más de clásicos Barça-Madrid (y viceversa) y termina esta entrada, además lo hacen con la misma sensación, podrían haber dado más de sí, pero también menos.
Me conmueve la proximidad de las fiestas, los exámenes, el final del año,planes y más planes acumulándose, el echar la vista un año atrás y preguntarme "¿hace un año ya de eso?"... También me duele pensar que se acaba noviembre y todavía no he dejado mi huella aquí y peor aún, no haber hecho ni una triste visita a este humilde blog. Por eso ahora me enfrento a la pantalla del ordenador para llevar a cabo un intento de repaso de estos últimos días, semanas, que se han convertido en mes.
El tiempo ha corrido, realmente lo hace siempre, pero esta vez lo he sentido pasar más rápido si cabe, y mientras, en mi móvil se han ido acumulando pequeñas notas que han ido surgiendo espontánemante.
La lectura positiva que saco de todo esto es que por primera vez en mucho tiempo me he puesto a escribir porque salía de mí y lo necesitaba, y no porque me entraran remordimientos de tener abandonado este blog. Y esta vez no se trata de un par de líneas (a la vista queda)
El caso es que durante esta ausencia cibernética he estado otra vez por Madrid.
No sé qué tiene Madrid que por una parte te atrapa, hasta tal punto que al igual que La Meca debería ser obligatorio visitarla una vez en la vida, pero por otro lado te deja una sensación de vacío, prisas; y mientras cada uno marcha por su camino nace el pensamiento de que el cruzarte con alguien en sus calles es fruto del azar, y que es muy difícil que el destino vuelva a juntarte con ese alguien.
Quizás me pase solo a mí, pero cuando viajo en el Metro de Madrid siento una extraña sensación que me devuelve al 11 de marzo de aquel ya casi lejano 2004, nadie lo dice pero la siento latente, algo similar me pasa cuando paso por los aparcamientos de la T4 y recuerdo las imágenes del atentado de ETA...
Pero se olvida todo al instante cuando me invade el optimismo al ver la Gran Vía, me entran también ganas de poder ver algún día unos Juegos Olímpicos en la Capital. Y entonces sigo paseando por Madrid y veo lo grande que es, y bajo mis influencias pueblerinas me da por pensar "esto no puede ser tan grande".
Justo tras mi paso por Madrid, volví a casa, pero no es el momento de hablar de ello, de hecho bastaría con esperar a que vuelva a las pantallas el famoso anuncio del turrón y comprobar que una imagen vale más que mil palabras.
(Y mientras, veo como se expanden las tradiciones al saber que en Gran Canaria también se celebra la Fuga de San Diego)
También debo decir que noviembre ha corrido tanto que no me ha dejado cumplir mi promesa de ponerme serio y ponerme a estudiar a diario, y ya van dos meses que me pasa esto.
He de sumar a todo esto que tras más de dos meses durmiendo en una cama que no es la mía sigo sin poder afirmar que estoy viviendo aquí, más que nada por resignación y porque mi cepillo de dientes sigue durmiendo en el neceser, y no en el vaso donde debería hacerlo.
Y corro como lo hace el tiempo, a la carrera todo, hasta tal punto que esta entrada que se presentaba como una de las más reflexivas se llena de prisas.
En fin, termina un noviembre más de clásicos Barça-Madrid (y viceversa) y termina esta entrada, además lo hacen con la misma sensación, podrían haber dado más de sí, pero también menos.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Balance de situación a los 21 años
Tras tantos años estudiando contabilidad debo confesar que algo se me ha pegado, me explico, cuando termina el ejercicio toda empresa debe presentar el balance de situación de la empresa al cierre, detallando tanto lo que “tiene” como lo que “debe”. Y me ha dado por hacer lo propio.
No es que considere que se acabe una etapa de mi vida aquí, ni nada parecido pero considero que el alcanzar la mayoría de edad “mundial” puede ser un buen momento para hacer repaso y sacar conclusiones de lo vivido, a continuación paso a enumerar las más importantes.
En primer lugar debo reconocer que soy un afortunado, me importa más bien poco que otros tengan más que yo, básicamente porque no tengo necesidad de nada, y mientras algunos mueren sin conocer gente noble yo he tenido la suerte de crecer junto a ellos, tomarlos como referentes y escuchar sus consejos de forma más que gratuita. Mientras algunos hablaban y dudaban de la existencia de tesoros yo los tenía en casa, y no, no quiero pecar de vanidoso pero me he sonrojado en más de una ocasión al ver como se hablaba de familiares míos sin que nadie supiera siquiera que compartíamos apellido y sangre, y mejor aún, nunca oí palabras negativas sobre ninguno de ellos. Podría seguir con una larga (casi infinita) lista de cosas que jamás me han faltado pero quizás acabaría sintiéndome peor por no estar tan agradecido por ellas.
Otro de mis grandes descubrimientos durante estas dos décadas y un año es que a todo se acaba acostumbrando uno, he tenido que acostumbrarme a coger aviones solo, a dormir en camas que no son la mía (espero que no se malinterprete), a grandes ausencias o a pensar que hay cosas como la niñez que no van a volver jamás, por ejemplo.
Aún así debo reconocer que hay miedos que permanecen, y lógicamente he tenido que acostumbrarme a vivir con ellos, me seguirá asustando escuchar el teléfono a medianoche, o la misma soledad seguirá estremeciéndome. De la misma forma reconozco que otros miedos han ido menguando, y ya no me asusta tanto el riesgo de quedarme mudo de forma permanente.
He logrado esbozar un pequeño fragmente de mi filosofía de vida, y lo único claro que he sacado se resume en una frase “pá las risas”, lo sé, puede parecer pasota, infantil o incluso irrespetuoso, pero la vida me ha llevado a caer en que lo material no importa y son los momentos lo que realmente interesa, así que por el mismo precio mejor poner una sonrisa y ver los problemas de otra forma, he ahí la explicación a mis momentos de locura,(puede que no se comprendan si no se entiende que casi siempre me satisface más una sonrisa como respuesta que cualquier otra recompensa y por ello permito a veces que me invada el espíritu de un bufón)
Sin embargo debo reconocer que todavía no me queda muy claro quién soy ni quién quiero ser, vivo rodeado de incongruencias, dudando de la identidad del verdadero Daniel, si está compuesto por mi visión o simplemente por la visión que otros tienen de mí, o qué faceta es la más válida, la que a veces regala eternos diálogos o la que en otras ocasiones (no tan abundantes) se limita a usar el silencio como forma de expresión. No lo sé, aunque si lo pienso bien creo que prefiero no saberlo, y así poder tener alguna incógnita que invite a llevar una vida enfocada al desciframiento de la misma. Pensándolo mejor, creo que actúo así más veces de las que creía, de hecho lo hago cuando pospongo la lectura de algunos mensajes a mejores momentos, o cuando dejo interesantes lecturas para otros instantes, disfrutando de la mezcla entre intriga y certeza de que algo bueno me está esperando o al conservar el postre en la comida para el final por ejemplo (lógicamente no son prácticas aisladas, y me agrada saber que no soy el único que las lleva a cabo).
http://www.youtube.com/watch?v=sNDYTBSC0Kk
El caso es que una vez más he escrito y he caído en que he sufrido interferencias, me explico, a la hora de releer mis palabras caigo en que puedo haberme inspirado en la siguiente canción, y empiezo a dudar de qué hubiera pasado si la canción no hubiera existido.
No es que considere que se acabe una etapa de mi vida aquí, ni nada parecido pero considero que el alcanzar la mayoría de edad “mundial” puede ser un buen momento para hacer repaso y sacar conclusiones de lo vivido, a continuación paso a enumerar las más importantes.
En primer lugar debo reconocer que soy un afortunado, me importa más bien poco que otros tengan más que yo, básicamente porque no tengo necesidad de nada, y mientras algunos mueren sin conocer gente noble yo he tenido la suerte de crecer junto a ellos, tomarlos como referentes y escuchar sus consejos de forma más que gratuita. Mientras algunos hablaban y dudaban de la existencia de tesoros yo los tenía en casa, y no, no quiero pecar de vanidoso pero me he sonrojado en más de una ocasión al ver como se hablaba de familiares míos sin que nadie supiera siquiera que compartíamos apellido y sangre, y mejor aún, nunca oí palabras negativas sobre ninguno de ellos. Podría seguir con una larga (casi infinita) lista de cosas que jamás me han faltado pero quizás acabaría sintiéndome peor por no estar tan agradecido por ellas.
Otro de mis grandes descubrimientos durante estas dos décadas y un año es que a todo se acaba acostumbrando uno, he tenido que acostumbrarme a coger aviones solo, a dormir en camas que no son la mía (espero que no se malinterprete), a grandes ausencias o a pensar que hay cosas como la niñez que no van a volver jamás, por ejemplo.
Aún así debo reconocer que hay miedos que permanecen, y lógicamente he tenido que acostumbrarme a vivir con ellos, me seguirá asustando escuchar el teléfono a medianoche, o la misma soledad seguirá estremeciéndome. De la misma forma reconozco que otros miedos han ido menguando, y ya no me asusta tanto el riesgo de quedarme mudo de forma permanente.
He logrado esbozar un pequeño fragmente de mi filosofía de vida, y lo único claro que he sacado se resume en una frase “pá las risas”, lo sé, puede parecer pasota, infantil o incluso irrespetuoso, pero la vida me ha llevado a caer en que lo material no importa y son los momentos lo que realmente interesa, así que por el mismo precio mejor poner una sonrisa y ver los problemas de otra forma, he ahí la explicación a mis momentos de locura,(puede que no se comprendan si no se entiende que casi siempre me satisface más una sonrisa como respuesta que cualquier otra recompensa y por ello permito a veces que me invada el espíritu de un bufón)
Sin embargo debo reconocer que todavía no me queda muy claro quién soy ni quién quiero ser, vivo rodeado de incongruencias, dudando de la identidad del verdadero Daniel, si está compuesto por mi visión o simplemente por la visión que otros tienen de mí, o qué faceta es la más válida, la que a veces regala eternos diálogos o la que en otras ocasiones (no tan abundantes) se limita a usar el silencio como forma de expresión. No lo sé, aunque si lo pienso bien creo que prefiero no saberlo, y así poder tener alguna incógnita que invite a llevar una vida enfocada al desciframiento de la misma. Pensándolo mejor, creo que actúo así más veces de las que creía, de hecho lo hago cuando pospongo la lectura de algunos mensajes a mejores momentos, o cuando dejo interesantes lecturas para otros instantes, disfrutando de la mezcla entre intriga y certeza de que algo bueno me está esperando o al conservar el postre en la comida para el final por ejemplo (lógicamente no son prácticas aisladas, y me agrada saber que no soy el único que las lleva a cabo).
http://www.youtube.com/watch?v=sNDYTBSC0Kk
El caso es que una vez más he escrito y he caído en que he sufrido interferencias, me explico, a la hora de releer mis palabras caigo en que puedo haberme inspirado en la siguiente canción, y empiezo a dudar de qué hubiera pasado si la canción no hubiera existido.
martes, 5 de octubre de 2010
Aprendizajes con retraso
Errar es humano, con mayor o menor frecuencia todos nosotros hemos caído en ello sin excepción. Sin embargo algo no me encaja, teóricamente por cada error debería seguir un reconocimiento de culpa y una reflexión sobre lo acontecido. El caso es que siento que no es así, empezando por mí y acabando por la persona más alejada de mí, aquella a la que jamás conoceré, aquella que nunca sabrá de mi existencia ni yo de la suya.
En ocasiones creo que hay una variable que intenta corregir este desajuste (creo que se me está empezando a pegar la forma de hablar de los economistas). Esta variable es el tiempo, dicen que lo cura todo, sinceramente no creo que sea así del todo, pero lo que si hace es que con el paso del tiempo caigamos en lo tonto que fuimos actuando de una determinada forma, aportando un nuevo punto de vista en el que no habíamos caído antes.
Eso me ha pasado en estos días (no he tenido que llevar la vista muy atrás para arrepentirme la verdad). Hasta tal punto que las circunstancias me han llevado a posicionarme en la eterna lucha entre los que dicen que la vida es demasiado corta y los que por el contrario creen que es larga. En este caso la vida es larga, no sé si somos arrieritos o dejamos de serlo, pero lo que a partir de ahora trataré de grabar a fuego en mi consciencia es que no debo cerrar puertas, dejarlas entreabiertas quizás, pero jamás cerrarlas, uno nunca sabe dónde ni en qué circunstancias acabará.
Y creo que estoy cayendo en demasiados tópicos, me estoy empezando a preocupar. Así que aquí lo dejo por hoy.
En ocasiones creo que hay una variable que intenta corregir este desajuste (creo que se me está empezando a pegar la forma de hablar de los economistas). Esta variable es el tiempo, dicen que lo cura todo, sinceramente no creo que sea así del todo, pero lo que si hace es que con el paso del tiempo caigamos en lo tonto que fuimos actuando de una determinada forma, aportando un nuevo punto de vista en el que no habíamos caído antes.
Eso me ha pasado en estos días (no he tenido que llevar la vista muy atrás para arrepentirme la verdad). Hasta tal punto que las circunstancias me han llevado a posicionarme en la eterna lucha entre los que dicen que la vida es demasiado corta y los que por el contrario creen que es larga. En este caso la vida es larga, no sé si somos arrieritos o dejamos de serlo, pero lo que a partir de ahora trataré de grabar a fuego en mi consciencia es que no debo cerrar puertas, dejarlas entreabiertas quizás, pero jamás cerrarlas, uno nunca sabe dónde ni en qué circunstancias acabará.
Y creo que estoy cayendo en demasiados tópicos, me estoy empezando a preocupar. Así que aquí lo dejo por hoy.
viernes, 1 de octubre de 2010
Titular
Hay determinados momentos en los que siento la necesidad de ponerle un titular a mi vida, no sé si es un resquicio de mi ya casi difunta vocación periodística o es una necesidad intrínseca a la especie humana.
Recuerdo por encima de todos esos momentos uno en especial, soplaba una brisa de despedida, aunque en esta ocasión afortunadamente era un “hasta luego” y no un temido “adiós”. Busqué, y no encontré nada me preocupé y de repente apareció una señal de luminosa de tráfico con un mensaje. Así encontré lo que tanto buscaba, cortesía de la DGT, y aprendí ahí que en ocasiones lo que uno busca está en el lugar menos pensado y tarde o temprano seguro que llegará.
¿A qué viene todo esto? Es la pregunta que surge ahora, la razón es que es ahora unos años más tarde, casi en el mismo lugar y en relativamente la misma situación cuando me veo a rescatar el mismo titular. ¿Cuál es?
"LO IMPORTANTE ES VOLVER"
Recuerdo por encima de todos esos momentos uno en especial, soplaba una brisa de despedida, aunque en esta ocasión afortunadamente era un “hasta luego” y no un temido “adiós”. Busqué, y no encontré nada me preocupé y de repente apareció una señal de luminosa de tráfico con un mensaje. Así encontré lo que tanto buscaba, cortesía de la DGT, y aprendí ahí que en ocasiones lo que uno busca está en el lugar menos pensado y tarde o temprano seguro que llegará.
¿A qué viene todo esto? Es la pregunta que surge ahora, la razón es que es ahora unos años más tarde, casi en el mismo lugar y en relativamente la misma situación cuando me veo a rescatar el mismo titular. ¿Cuál es?
"LO IMPORTANTE ES VOLVER"
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Predicciones
A veces me despierto con complejo de “pitoniso” y creo que hoy ha sido uno de esos días. A continuación mostraré alguna de mis predicciones ante el fin del verano:
Para empezar vendrá Amaral de la mano de las emisoras de turno a recordarnos que “no quedan días de verano”, seguiremos el estribillo con o sin resignación y retomaremos el camino hacia el lugar al que nos dirigíamos. Las pelotas en las plazas dejarán de correr, quizás el próximo fin de semana saldrán de su escondite o con mucha más suerte esta misma tarde. La ropa de baño perderá protagonismo en los armarios y serán las bufandas y las chaquetas quienes reinarán por una temporadita. Los ventiladores se convertirán en un mero objeto de adorno mientras observan el éxito que tiene el paragüero.
Eternas charlas en terrazas de bares con cañas y frutos secos serán canceladas con el propósito de llegar cuanto antes a casa para ponerse el pijama y esperar a un nuevo día. Amigos que ya no viven aquí cargan sus maletas destino al lugar donde habitan, un “nos vemos en Navidades” saldrá de sus bocas y justo tras pronunciar la frase el pensamiento de “ojalá se cumpla y así sea” surge. Los amores de verano se despedirán escudándose en el consuelo de verse el próximo verano aún sabiendo que queda mucho por llover, y más con un otoño y un invierno de por medio.
Y todo eso mientras en el espejo podrás ver como poco a poco el moreno que tanto costó se va degradando.
A su vez las orquestas que amenizaban fiestas de pueblos costeros dejarán su puesto a panderetas, guitarras y melodías menos animadas. El vendedor de helados se replanteará seriamente dedicarse a la venta de castañas para poder llevar el pan a casa.
Mientras, la televisión se llenará de anuncios de juguetes y turrones. Y quizás presenciaremos un anacronismo cuando se cuele algún anuncio que incite a descargarte la canción del verano.
Pero no todo es tan gris como el cielo que reinará algunos días a partir de ahora, porque justo después de Amaral puede ser que suene El Canto del Loco y te recuerde que Volverá, seguro que volverá. Entonces ahí puede que comprendas que lo que hace divertida a esta vida son los extremos, aburriría que todo fuera día y no existiera la noche y viceversa, no sabríamos lo que es el frío porque no conocemos el calor.
Y quizás solamente sea así cuando logres comprender que toda época del año tiene su encanto.
El arco iris te encontrará en algún charco, despedidas en portales pueden convertirse en un “sube a mi casa, tomaremos café para evitar el frío”, los almendros se pondrán en flor, las bodegas abrirán para sacar sus nuevos vinos y se improvisarán excursiones con la única intención de ver la nieve y jugar con ella. Las calles se iluminarán de luces y tras todo esto y más surgirá un gran descubrimientp: El optimismo y la alegría no entienden de épocas y pueden estar en cualquier lugar,
Para empezar vendrá Amaral de la mano de las emisoras de turno a recordarnos que “no quedan días de verano”, seguiremos el estribillo con o sin resignación y retomaremos el camino hacia el lugar al que nos dirigíamos. Las pelotas en las plazas dejarán de correr, quizás el próximo fin de semana saldrán de su escondite o con mucha más suerte esta misma tarde. La ropa de baño perderá protagonismo en los armarios y serán las bufandas y las chaquetas quienes reinarán por una temporadita. Los ventiladores se convertirán en un mero objeto de adorno mientras observan el éxito que tiene el paragüero.
Eternas charlas en terrazas de bares con cañas y frutos secos serán canceladas con el propósito de llegar cuanto antes a casa para ponerse el pijama y esperar a un nuevo día. Amigos que ya no viven aquí cargan sus maletas destino al lugar donde habitan, un “nos vemos en Navidades” saldrá de sus bocas y justo tras pronunciar la frase el pensamiento de “ojalá se cumpla y así sea” surge. Los amores de verano se despedirán escudándose en el consuelo de verse el próximo verano aún sabiendo que queda mucho por llover, y más con un otoño y un invierno de por medio.
Y todo eso mientras en el espejo podrás ver como poco a poco el moreno que tanto costó se va degradando.
A su vez las orquestas que amenizaban fiestas de pueblos costeros dejarán su puesto a panderetas, guitarras y melodías menos animadas. El vendedor de helados se replanteará seriamente dedicarse a la venta de castañas para poder llevar el pan a casa.
Mientras, la televisión se llenará de anuncios de juguetes y turrones. Y quizás presenciaremos un anacronismo cuando se cuele algún anuncio que incite a descargarte la canción del verano.
Pero no todo es tan gris como el cielo que reinará algunos días a partir de ahora, porque justo después de Amaral puede ser que suene El Canto del Loco y te recuerde que Volverá, seguro que volverá. Entonces ahí puede que comprendas que lo que hace divertida a esta vida son los extremos, aburriría que todo fuera día y no existiera la noche y viceversa, no sabríamos lo que es el frío porque no conocemos el calor.
Y quizás solamente sea así cuando logres comprender que toda época del año tiene su encanto.
El arco iris te encontrará en algún charco, despedidas en portales pueden convertirse en un “sube a mi casa, tomaremos café para evitar el frío”, los almendros se pondrán en flor, las bodegas abrirán para sacar sus nuevos vinos y se improvisarán excursiones con la única intención de ver la nieve y jugar con ella. Las calles se iluminarán de luces y tras todo esto y más surgirá un gran descubrimientp: El optimismo y la alegría no entienden de épocas y pueden estar en cualquier lugar,
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