jueves, 28 de julio de 2011
La palabra exacta
El caso es que al volver a casa me encuentro con situaciones que me reconfortan, pese a este pequeño síndrome “post-erasmus” que no niego poder estar padeciendo. En primer lugar agradezco el cruzarme con gente por la calle que no confiaba en mí, porque me han enseñado que en el fondo no soy tan rencoroso como creía y no tengo problema alguno en dedicar un par de minutos de mi tiempo a gente a la que otros le darían la espalda. Por otra parte agradezco a mi familia el haberme permitido ser el típico niño que en vez de jugar con otros niños se quedaba con los adultos en la mesa, porque es ahí donde aprendí muchas de las cosas que hoy sé, haciendo un gran esfuerzo por estar callado y escuchando, en otras palabras siendo “ropa tendida”.
Sería también muy absurdo no agradecer a mis amigos el saber esperar para verme, y sobretodo el querer verme, el apoyo emocional prestado desde la distancia, igual que tampoco puedo olvidarme de tonta esa gente, potenciales amigos que a su manera me han acompañado en este tramo fuera de casa, recordándome, por si acaso se me fuera a olvidar que como bien dice la definición de sinergia, el resultado de la unión de dos o más elementos es mayor que el de cada elemento por separado, y ahora dejo que se cambie la palabra elemento por “isla”.
Por último y sí por ello más importante, para por una vez ser claro y breve debo decir que me parece cuanto menos curioso que tal día como hoy pero hace seis años tuviera lugar el peor día de mi vida y que hoy más de un lustro después venga a dar gracias al mundo. Gracias a ese día aprendí lo fugaz que es la vida, el “carpe diem” y demás frases de carpeta de estudiante y tatuaje de nostálgico pasaron de ser un mero tópico a ser una lección aprendida, enseñándome que en un segundo puede cambiar todo, sin embargo no le doy las gracias para nada a la vida por esa mala jugada, me quedo con el aprendizaje y punto.
En conclusión, por si no queda claro, gracias por haber ayudado en mi formación, no solo académicamente sino también personal, que al fin y al cabo es lo que importa, de nada vale un buen currículum vitae sin tener el cariño del prójimo, y yo por lo menos siento haberlo tenido este año.
martes, 12 de julio de 2011
Cajón desastre de sastre
Es esa una pregunta muy recurrente, de hecho, suele hacer aparición casi siempre en momentos ociosos, donde plantearse ese tipo de cosas es casi la única preocupación. Habrá respuestas de todos los tipos a la cuestión, de hecho por cada persona habrá una respuesta que le delatará y dejará ver su grado de originalidad y el estado de su espíritu de superviviencia: mecheros, navajas, mantas, libros, play stations y su correspondiente generador de electricidad, neveras infinitas con cervezas…
A raíz de esto, y como variante de la pregunta anterior, o quizás sin relación alguna, de vez en cuando suelo preguntarme qué cosas trataría de salvar si se incendiara mi casa (toco madera para que esta no arda) (lo siento, tenía que hacer este juego de palabras).Nunca he encontrado una respuesta clara, es más en función de cómo ande mi estado anímico se me van ocurriendo varias cosas, a veces pienso que cogería los álbumes de fotos, así siempre quedara algún recuerdo al que echarle un ojo de vez en cuando, otras veces pienso en papeles como el libro de familia, cartillas de ahorro... Pero dado que ya casi todo está informatizado suelo cambiar de opinión y por eso se me ocurre que salvar los ordenadores y demás material tecnológico será la solución correcta, y rara vez logro pensar en algo mejor.
El caso es que cuando llega el momento de hacer mudanza o hacer/deshacer una maleta suelo caer en la multitud de cosas que uno piensa que va a necesitar, y al final acaban estancadas, y como al contrario cosas que uno cree que no utilizará mucho al final son usadas mucho más de lo que uno pensaba al final. Es cierto tal y como predican tanto grandes oradores como ciudadanos de a pie nos aferramos a lo material, pensamos que todo nos va a hacer falta, acumulamos más de la cuenta y nos pueden las ansias, queriendo tener más y olvidándonos que en el cementerio tantos artilugios nos servirán para más bien poco. La teoría me la sé pero todavía no entiendo la razón por la cual acumulo toallitas de Binter, creyendo que tarde o temprano me harán falta, y no, son carne de bolsillo.
Por otra parte, y es aquí a donde quería llegar, este año he echado de menos muchas cosas, es evidente, y negarlo sería una mentira muy grande, pero tras meditar un poco y queriendo clasificar mis carencias creo que lo que más he podido extrañar con toda sinceridad son los abrazos, de hecho, de haberlo sabido me hubiera traído una cajita con ellos y los hubiera dosificado para usarlos en momentos puntuales. Mentiría si tratara de negar que echo de menos algunos abrazos más que otros. Es más creo que algún día debería profundizar en los abrazos, en sus modalidades, en su duración, su grado de sinceridad, su fuerza, su capacidad de sorpresa pero sobretodo en sus prolegómenos, en ese momento en el que las personas que se reencuentran deciden que es momento para sellar el momento con un abrazo.
Y todo esto me ha demostrado una vez más que prefiero aprender por error y por mi cuenta que esperar a que personas disfrazadas de filósofo intenten enseñarme a base de refranes y frases de sobre de azúcar. Lo siento, soy así de cabezón.
En definitiva, veo que me he vuelto un romántico, o mejor dicho, se me ha acentuado tanto mi romanticismo que está llegando a un punto nada positivo. Debo cambiar.
domingo, 26 de junio de 2011
Saliendo del paso en junio...
He vuelto a caer en los mismos errores y he dejado pasar otro mes sin escribir, otra vez casi sobre la campana me enfrento a la pantalla de mi ordenador con la intención de escribir algo medianamente coherente. No quiero ser reincidente y volver a culpar a los dichosos exámenes de mi ausencia, así que esta vez me voy a limitar a culpar al mes de junio en sí. Mes con el que nunca he terminado de aclararme.
Junio me sabe a final, a notas, a exámenes, a despedidas,( grandes despedidas), a planes que desde un principio están abocados a no ser llevados a cabo, me sabe también a graduaciones y sus pertinentes tópicos, tiene también cierto sabor a cambio de chip, a tener que aclimatarse a otros horarios, a arreglar papeles… Por otra parte, junio me lleva a quemar viejos propósitos, a quitarme el reloj, a planificar el tiempo libre, aEurocopa o Mundial en años pares, a acordarse de toda esa gente a la que uno quiere ver…
También fue en junio cuando tomé la decisión de cambiar de aires, algo meditado pero con aires de improvisación, al fin y al cabo es improvisando la única forma de vivir que conozco.
En un par de días se cumple un año de ese momento en el que decidí (decidimos) el piso donde pasaría gran parte de este año, sin embargo aún no me siento capacitado para hacer balance sobre ello, básicamente porque creo que las buenas y malas obras de arte hay que verlas desde lejos, a la distancia correcta, o en otras palabras, para ver bien una foto en el ordenador no hay que ampliarla hasta que se pixele ni alejarla tanto como para que no se diferencie nada.
Un poeta diría que la vida son píxeles, algunos negros, otros con más color, otros vacíos, algunos camuflados y otros tantos dándole sentido a la imagen. Metáforas aparte, mi intención es poder escribir algún día sobre este año/curso pero todavía ando buscando la distancia temporal correcta para hacerlo, aún no es el momento porque quedan píxeles por descubrir y tendré que estar atento para no alejarme tanto como para que se difuminen mis recuerdos y corra igual suerte la imagen que quiero dibujar. Lo que sí puedo afirmar con total seguridad, a modo de lienzo sobre el que pintar es que estos días no resultarán ser unos días discretos, y seguramente se dejarán ver con algún fotograma el día que toda mi vida se me pase por delante. Y sabré que todo comenzó en junio…
Y así termina esta pequeña reseña a junio, saliendo del paso, y esperando no volver a tropezarme con meses tan traicioneros como este. Sin embargo creo que pido mucho.
lunes, 30 de mayo de 2011
Ya se me olvidaba qué día era hoy...
Cambios en el blog
viernes, 27 de mayo de 2011
Tiempo
Somos tiempo, decía una antigua profesora, y quizás fue eso lo que más se me quedó de su clase (da que pensar sobre el sistema educativo que esto sea lo más importante que uno aprende en clase).
El caso es que miro el calendario y llevo mi vista atrás hacia el mismo día y mes de otro año y cual acto reflejo suena dentro de mí eso de “cómo pasa el tiempo”, o peor aún, miro el calendario y llevo mi vista hacia delante y pienso eso de “¿ya? Se me viene el tiempo encima”. Y viene tan tan encima que me aplasta. El caso es que se me ha ido ya casi un año fuera de casa y lo que parecía una eternidad ha resultado ser un suspiro, otra vez me ha ganado el tiempo, invicto en estas batallas, gran chamán que lo cura todo, o por lo menos lo relativiza, gran mago que ralentiza los malos momentos y acelera a la velocidad de la luz los buenos ratos, y quizás sea ese mi consuelo, si la vida se me ha hecho corta tiene que ser porque la he tratado de llenar con buenos momentos, con la sensación de carencia de tiempo siempre, dejando de conocer a gente maravillosa y buscando siempre el momento de reencontrarme con viejos amigos, momentos que todavía no han llegado.
Así que permitiéndome corregir a mi profesora, concluyo e que no somos tiempo, simplemente es el tiempo el que lo es todo: es la esperanza del preso, el regalo mutuo de una pareja de enamorados y a la vez todo lo que una pareja en crisis se pide ; es una de las partes de un contrato laboral, también la promesa del político, el deseo del estudiante apurado. Tiempo es el deseo de quien suspira por alguien que no le quiere, la goma que borra o difumina disgustos, el fármaco para pequeñas enfermedades, la última bala de quien busca desesperadamente trabajo, o el rival a batir del deportista, receta para la madurez, motivo de enfado de quien ve marchar su guagua sin él dentro e incluso la pila que nos mueve recordándonos que el fin está cerca. Y si vamos más allá, buen tiempo también es lo que busca quien quiere ir a la playa, o agua del tiempo quien quiere calmar su sed.
Puede que quizás no seamos tiempo, simplemente somos del tiempo, que no es lo mismo, tiempo que gasto escribiendo esto a modo de terapia entre tanta falta de horas para estudiar. Porque, dicen que reconocer un problema es el primer paso, ya he reconocido mi falta de tiempo, ¿qué toca ahora?
viernes, 13 de mayo de 2011
Llamémoslo desahogo
Siento desagradar, y me temo que no gustará lo que voy a escribir, pero en el fondo tendré que ser consecuente, como consecuentes son aquellos que critican a quienes contaminan y rechazan sacarse el carnet de conducir mientras otros hacen lo mismo pero se pasean con potentes deportivos.
Hablando de ser consecuentes no puedo olvidarme de quienes nombran derechos y se les llena la boca al pedir que se cumplan, y que les traten igual que los demás sin dar lo mismo que el resto, y créanme que no hablo de dinero ni nada parecido, y creo que no es necesario que empiece a definir lo que son obligaciones.
A raíz de este pensamiento van surgiendo otros y propiciado esta vez sí por la campaña electoral me da por pensar en el socialismo (no se salva nadie y en futuros párrafos hablaré del resto) y cómo bajo el nombre de este partido se refugia gente con los mejores coches, el mejor “check list” de lugares visitados, y sus hijos estudian en las mejores universidades del país, nada ilícito, pero por favor que no me digan luego que tu partido es “obrero” porque no cuela, y si realmente lo son que dejen claro que no pertenecen a la tercera acepción de la RAE, esa que dice “ m. y f. Trabajador manual retribuido” . Y es que tras una breve reflexión caigo en que no conozco a muchos socialistas humildes y a la gente humilde que conozco y se considera de izquierda tira más para el extremo, y la moraleja que saco es que es demasiado fácil ser socialista cuando se tiene dinero. Y parafraseo a Nach con eso de que tenemos un “partido socialista que no practica el socialismo” y que conste que me encantan las intenciones que esconde el socialismo pero su puesta en marcha dista mucho de lo ideal.
La derecha tampoco se va a librar de mi ataque de “sinceridad” y es que nadie que se dedique a poner zancadillas en vez de ayudar se merece mi total respeto, lo siento, pero con el paso del tiempo he aprendido a alejarme de las malas vibraciones.
Tampoco se libran de la quema nacionalistas que proclaman y venden los beneficios de su tierra pero luego consumen productos de fuera, por el simple hecho de que lo de fuera es siempre mejor, con este tema podría llenar hojas y hojas, y no es mi intención.
Política aparte me cabrea también ver como quien realmente necesita ayuda no la recibe y quien puede seguir sin ella la recibe y la invierte en cosas innecesarias. Becas que se convierten en interraíles, coches, prótesis mamarias, viajes, fiestas, ropa, tatuajes… subvenciones que se piden por ser pedidas, Erasmus alcoholizándose a costa de los contribuyentes, ayudas que nunca llegan a su destinatario, chanchullos y más chanchullos mientras quien realmente necesita apoyo para poder seguir no lo tiene. Gracias a dios, en este aspecto tengo la conciencia tranquila, y la única ayuda que he recibido tiene apellidos y nombre, y ese apellido casualmente es igual al mío, porque ha sido mi familia quien único ha financiado mi trayectoria (que yo sepa). Dentro de la familia, lógicamente van mis padres, quienes me regalaron hace unos días un libro llamado “Reacciona” y aún así no he logrado reaccionar ante tanto parásito con el que me encuentro casi a diario, y sigo poco más que poniendo la mejilla para que golpeen con la intensidad que quieran.
Y debo empezar a parar, porque algo me dice que puedo meterme en problemas, pero que nadie es tan bueno como él cree ni tan malo como sus detractores piensan es todo un hecho.
Como si el destino hubiera querido que dejara ya de rajar, mientras preparaba en mi cabeza esta entrada suena el timbre, y ante mi sorpresa me encuentro con el vecino de origen somalí que viene a despedirse porque se marcha a Londres, aún queda gente buena o por lo menos con buenas intenciones y algo de educación, y así logro ver que aún a mi pesar, y pese a que estaba empezando a desconfiar, todavía quedan motivos para creer en la raza humana.