viernes, 30 de septiembre de 2011

Indecisión

En el origen de este blog, allá por enero de 2010, a la hora de presentarme escribí que había elegido mi carrera a raíz de lo mucho que me costaba decidirme, ese problema persiste, pero tras darle muchas vueltas por fin me he decidido a manifestarlo públicamente.


No soy médico ni nada parecido, así que no sé bien cómo se redacta un informe médico, aunque supongo que habrá que empezar hablando de los síntomas:

El caso es que si en un bar pido un Aquarius y me preguntan ¿naranja o limón? Acabo diciendo eso de “el que tú quieras”, por una parte es entendible esa respuesta, pero igual respuesta se ha llevado más de una vez mi peluquero. Por otra parte, jamás tuve un mejor amigo por no tener que mojarme, carezco también de color favorito, comida preferida o cualquiera de esas cosas, salvo número de la “suerte”, que fue él el que me eligió a mí.

Tampoco tengo libro favorito, ni actor, ni actriz… de hecho por no tener no tengo ni prototipo de mujer ideal, ni idea alguna de donde vivir dentro de unos años ¿Chalet? ¿Piso? ¿Ático? ¿Casa con jardín en medio de la nada? También he tenido que explicar en más de una ocasión que no soy ni del Barcelona ni del Real Madrid.

Y en lo que a mis finanzas respecta, todavía no sé cuánto tengo que ahorrar para comprarme mi primer coche, ¿Será un deportivo? ¿Un todoterreno quizás? ¿O un coche familiar? No lo sé.
Además no sé qué prefiero si los retos fáciles o los complicados, pero me consuela ver como hay mucha gente en mi misma situación, aunque por otra parte también pienso que hay gente que tiene como afición principal quejarse, bien sea por tener que afrontar una situación compleja o porque todo es demasiado fácil.

Otra situación tensa tiene lugar cuando quiero quedar con alguien, así surgen mil preguntas ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Qué hacemos? … En este caso, la mejor solución es optar por la improvisación como alternativa, aunque conociéndome a la más mínima acabo dejando el bastón de mando a la otra persona.

Este problema también tiene repercusiones en mi apariencia física, más allá de los “mañana empiezo en serio con el gimnasio” o los "¿me afeito?" , a veces quiero asumir mis entradas en la cabeza y raparme, y por el contrario, otras veces me gustaría dejarme el pelo largo.

Sin embargo, en los próximos dos meses creo que llegaré al cenit de mi problema, al tener que afrontar las segundas elecciones de este año. Volverán los mismos discursos, las mismas promesas, y yo, sin una ideología clara. No sé si sobreviviré o acabaré optando por fugarme a una cueva y acabar totalmente incomunicado.

Y ahora surge la pregunta, ¿A qué se debe esta entrada tan atípica? No lo sé, para variar, no pretendo ni dar pena ni me creo gracioso, simplemente creo es una forma más para justificar mi pereza a la hora de escribir, y es que tenía en mente escribir bastante este mes de septiembre, aprovechando todo mi tiempo libre pero mi indecisión no me ha dejado, hasta tal punto que ya no sé qué prefiero, si tener demasiado tiempo libre o andar siempre ocupado entre exámenes, trabajos, clases y demás menesteres.

Y sé que ahora debería terminar esta entrada diciendo algo asi como “no dejes que otros decidan por ti” pero es que todavía no me decido a ponerlo.

lunes, 22 de agosto de 2011

Que no caduquen...

Hace ya unos años, no sé bien cómo, de forma espontánea, vino a mi cabeza una combinación de palabras que hasta la fecha no había escuchado ni se me había ocurrido antes. La idea era muy simple: “los sentimientos caducan”. Siempre quise escribir sobre ello, pero no sabía qué otra cosa podía añadir para defender una tesis tan esclarecedora. No sé bien si en alguna entrada del blog colé la frasecita, pero durante un tiempo en toda conversación medianamente seria salía a la luz mi pequeño descubrimiento. Sin embargo, por norma general, nadie le prestaba atención ni parecía sorprenderse con mi afirmación, y creo que es eso lo que más me sorprende.

Lo hemos asimilado con mucha resignación, sin quejarnos, todo tiene fecha de caducidad, todo se acaba, hasta el agua tiene fecha de caducidad, años y años en galerías y una vez embotellada no aguanta ni un lustro; la moda también caduca, lo que hoy es tendencia mañana será carne de trapo para limpiar cristales en el mejor de los casos. Lo mismo sucede con la música, quienes hoy gobiernan en las listas de los más vendidos (quien dice vendidos dice bailados, escuchados o descargados) dentro de una década quizás solamente sean pasto de nostálgicos. La tecnología tampoco se salva, quien realmente quiera estar a la última tendrá que vivir por y para ello, sacrificar sus vacaciones (además de sus ahorros) para ir a comprar porque en menos de un mes el “panorama tecnológico” habrá cambiado totalmente. Y no es ese el único problema porque un gran desembolso por un artilugio no asegura que vaya a ser eterno, se romperá, interesa que se rompa y por eso se romperá, dejará de funcionar y no quedará otra que resignarse.

Ahora bien, ¿cómo pueden caducar los sentimientos? ¿Estará esto relacionado con las estrategias mercantilistas de las que hablaba antes? No lo sé, quizás nos falte memoria y la amnesia haga que se difuminen sentimientos, el tiempo desgasta nuestra memoria, y esta a su vez desgasta a los sentimientos, quien hoy te quita el sueño quizás dentro de medio año sea una mera anécdota, el amigo al que hoy le cuentas todo puede convertirse en un desconocido más en unos años, las oportunidades y sueños que hoy tienes en muy poco tiempo pueden convertirse en cachito de olvido, cual juguetes en el trastero; una auténtica pena, lo que el día de ayer te ilusionaba hoy como mucho aspira a seguir manteniendo un hueco antes de ser desechado o en su defecto, corriendo mejor suerte, reciclado. La oportunidad perdida, junto con la flecha lanzada y la palabra pronunciada, como dice el proverbio chino, no vuelven jamás, y eso me aterra mucho.

Y es que temo que el ingenio tras haber sido despertado por las crisis se marche al volver los tiempos de bonanza, que sin duda volverán, el sentimiento de orgullo caducará y volveremos a caer en los mismos errores, nos acomodaremos, y quizás alguien vuelva a preguntarse eso de ¿por qué caducará todo? Contra el resto de caducidades por motivos biológicos o económicos podemos hacer más bien poco, pero contra la caducidad de los sentimientos hay más soluciones que escribir una simple entrada en un blog.

jueves, 28 de julio de 2011

La palabra exacta

No es la primera vez que me pasa pero llevo un tiempo en busca de la palabra precisa, esa que diga lo que pienso y además suene bien, esa que sea original y deje claras mis intenciones. Mil rodeos y malabares, palabras que no encajan en este puzle, para al final llegar a la conclusión de que la palabra ya está más que inventada, quizás desgastada y puede que también mal utilizada en muchas ocasiones. Gracias es la palabra que necesitaba. Dice la canción eso de “Gracias a la vida que me he dado tanto”, gracias a la gente que compone mi vida que me ha enseñado tanto, corrijo yo.


El caso es que al volver a casa me encuentro con situaciones que me reconfortan, pese a este pequeño síndrome “post-erasmus” que no niego poder estar padeciendo. En primer lugar agradezco el cruzarme con gente por la calle que no confiaba en mí, porque me han enseñado que en el fondo no soy tan rencoroso como creía y no tengo problema alguno en dedicar un par de minutos de mi tiempo a gente a la que otros le darían la espalda. Por otra parte agradezco a mi familia el haberme permitido ser el típico niño que en vez de jugar con otros niños se quedaba con los adultos en la mesa, porque es ahí donde aprendí muchas de las cosas que hoy sé, haciendo un gran esfuerzo por estar callado y escuchando, en otras palabras siendo “ropa tendida”.
Sería también muy absurdo no agradecer a mis amigos el saber esperar para verme, y sobretodo el querer verme, el apoyo emocional prestado desde la distancia, igual que tampoco puedo olvidarme de tonta esa gente, potenciales amigos que a su manera me han acompañado en este tramo fuera de casa, recordándome, por si acaso se me fuera a olvidar que como bien dice la definición de sinergia, el resultado de la unión de dos o más elementos es mayor que el de cada elemento por separado, y ahora dejo que se cambie la palabra elemento por “isla”.


Por último y sí por ello más importante, para por una vez ser claro y breve debo decir que me parece cuanto menos curioso que tal día como hoy pero hace seis años tuviera lugar el peor día de mi vida y que hoy más de un lustro después venga a dar gracias al mundo. Gracias a ese día aprendí lo fugaz que es la vida, el “carpe diem” y demás frases de carpeta de estudiante y tatuaje de nostálgico pasaron de ser un mero tópico a ser una lección aprendida, enseñándome que en un segundo puede cambiar todo, sin embargo no le doy las gracias para nada a la vida por esa mala jugada, me quedo con el aprendizaje y punto.


En conclusión, por si no queda claro, gracias por haber ayudado en mi formación, no solo académicamente sino también personal, que al fin y al cabo es lo que importa, de nada vale un buen currículum vitae sin tener el cariño del prójimo, y yo por lo menos siento haberlo tenido este año.

martes, 12 de julio de 2011

Cajón desastre de sastre

¿Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta?


Es esa una pregunta muy recurrente, de hecho, suele hacer aparición casi siempre en momentos ociosos, donde plantearse ese tipo de cosas es casi la única preocupación. Habrá respuestas de todos los tipos a la cuestión, de hecho por cada persona habrá una respuesta que le delatará y dejará ver su grado de originalidad y el estado de su espíritu de superviviencia: mecheros, navajas, mantas, libros, play stations y su correspondiente generador de electricidad, neveras infinitas con cervezas…


A raíz de esto, y como variante de la pregunta anterior, o quizás sin relación alguna, de vez en cuando suelo preguntarme qué cosas trataría de salvar si se incendiara mi casa (toco madera para que esta no arda) (lo siento, tenía que hacer este juego de palabras).Nunca he encontrado una respuesta clara, es más en función de cómo ande mi estado anímico se me van ocurriendo varias cosas, a veces pienso que cogería los álbumes de fotos, así siempre quedara algún recuerdo al que echarle un ojo de vez en cuando, otras veces pienso en papeles como el libro de familia, cartillas de ahorro... Pero dado que ya casi todo está informatizado suelo cambiar de opinión y por eso se me ocurre que salvar los ordenadores y demás material tecnológico será la solución correcta, y rara vez logro pensar en algo mejor.


El caso es que cuando llega el momento de hacer mudanza o hacer/deshacer una maleta suelo caer en la multitud de cosas que uno piensa que va a necesitar, y al final acaban estancadas, y como al contrario cosas que uno cree que no utilizará mucho al final son usadas mucho más de lo que uno pensaba al final. Es cierto tal y como predican tanto grandes oradores como ciudadanos de a pie nos aferramos a lo material, pensamos que todo nos va a hacer falta, acumulamos más de la cuenta y nos pueden las ansias, queriendo tener más y olvidándonos que en el cementerio tantos artilugios nos servirán para más bien poco. La teoría me la sé pero todavía no entiendo la razón por la cual acumulo toallitas de Binter, creyendo que tarde o temprano me harán falta, y no, son carne de bolsillo.


Por otra parte, y es aquí a donde quería llegar, este año he echado de menos muchas cosas, es evidente, y negarlo sería una mentira muy grande, pero tras meditar un poco y queriendo clasificar mis carencias creo que lo que más he podido extrañar con toda sinceridad son los abrazos, de hecho, de haberlo sabido me hubiera traído una cajita con ellos y los hubiera dosificado para usarlos en momentos puntuales. Mentiría si tratara de negar que echo de menos algunos abrazos más que otros. Es más creo que algún día debería profundizar en los abrazos, en sus modalidades, en su duración, su grado de sinceridad, su fuerza, su capacidad de sorpresa pero sobretodo en sus prolegómenos, en ese momento en el que las personas que se reencuentran deciden que es momento para sellar el momento con un abrazo.

Y todo esto me ha demostrado una vez más que prefiero aprender por error y por mi cuenta que esperar a que personas disfrazadas de filósofo intenten enseñarme a base de refranes y frases de sobre de azúcar. Lo siento, soy así de cabezón.


En definitiva, veo que me he vuelto un romántico, o mejor dicho, se me ha acentuado tanto mi romanticismo que está llegando a un punto nada positivo. Debo cambiar.

domingo, 26 de junio de 2011

Saliendo del paso en junio...

He vuelto a caer en los mismos errores y he dejado pasar otro mes sin escribir, otra vez casi sobre la campana me enfrento a la pantalla de mi ordenador con la intención de escribir algo medianamente coherente. No quiero ser reincidente y volver a culpar a los dichosos exámenes de mi ausencia, así que esta vez me voy a limitar a culpar al mes de junio en sí. Mes con el que nunca he terminado de aclararme.

Junio me sabe a final, a notas, a exámenes, a despedidas,( grandes despedidas), a planes que desde un principio están abocados a no ser llevados a cabo, me sabe también a graduaciones y sus pertinentes tópicos, tiene también cierto sabor a cambio de chip, a tener que aclimatarse a otros horarios, a arreglar papeles… Por otra parte, junio me lleva a quemar viejos propósitos, a quitarme el reloj, a planificar el tiempo libre, aEurocopa o Mundial en años pares, a acordarse de toda esa gente a la que uno quiere ver…

También fue en junio cuando tomé la decisión de cambiar de aires, algo meditado pero con aires de improvisación, al fin y al cabo es improvisando la única forma de vivir que conozco.

En un par de días se cumple un año de ese momento en el que decidí (decidimos) el piso donde pasaría gran parte de este año, sin embargo aún no me siento capacitado para hacer balance sobre ello, básicamente porque creo que las buenas y malas obras de arte hay que verlas desde lejos, a la distancia correcta, o en otras palabras, para ver bien una foto en el ordenador no hay que ampliarla hasta que se pixele ni alejarla tanto como para que no se diferencie nada.

Un poeta diría que la vida son píxeles, algunos negros, otros con más color, otros vacíos, algunos camuflados y otros tantos dándole sentido a la imagen. Metáforas aparte, mi intención es poder escribir algún día sobre este año/curso pero todavía ando buscando la distancia temporal correcta para hacerlo, aún no es el momento porque quedan píxeles por descubrir y tendré que estar atento para no alejarme tanto como para que se difuminen mis recuerdos y corra igual suerte la imagen que quiero dibujar. Lo que sí puedo afirmar con total seguridad, a modo de lienzo sobre el que pintar es que estos días no resultarán ser unos días discretos, y seguramente se dejarán ver con algún fotograma el día que toda mi vida se me pase por delante. Y sabré que todo comenzó en junio…

Y así termina esta pequeña reseña a junio, saliendo del paso, y esperando no volver a tropezarme con meses tan traicioneros como este. Sin embargo creo que pido mucho.

lunes, 30 de mayo de 2011

Ya se me olvidaba qué día era hoy...

Entre tanto cambio de blog casi se me olvidaba que hoy era Día de Canarias (con mayúsculas lo de Día)... y tirando de "hemeroteca" he llevado la vista atrás para ver lo que escribía hace ya un año, me sorprendo a mí mismo, ya que sigo pensando igual, de hecho me reafirmo en todo lo dicho, palabra por palabra, y más si cabe habiendo profundizado un poco más en la otra capital canaria. Dado que poco más puedo añadir, solamente me queda decir eso de "Feliz Día de Canarias"
PD: Sigue siendo una GRAN suerte vivir aquí

Cambios en el blog

He vivido siempre al límite de la indecisión, nunca tuve claro qué estudiar, y peor aún nunca supe si quería o no a ciertas personas. Declaraciones innecesarias a un lado, he de reconocer que he estado un buen rato cambiando la apariencia de este blog y lo que más me ha costado decidir ha sido qué foto poner de fondo, pensé en poner una con una bandera a cuadros, pero eso de estar siempre pensando en la meta no es muy recomendable; existía también la opción de poner la imagen de una bodega, pero la broma estaría servida por un tiempo, montañas nevadas, ríos y letreros luminosos de Las Vegas me tentaron también. Imágenes de crucigramas, a forma de metáfora o cartones de huevos también eran opciones. (En el caso de los huevos hubiera dado juego con el nombre de este blog, y como comprenderán no es cuestión.
El caso es que dado que siempre ando quejándome de la falta de tiempo para este blog pero intento terminar siempre con una frase optimista he optado por la actual foto de una bicicleta aparentemente abandonada. ¿Motivo? No solamente por eso que dicen de "montar en bici nunca se olvida" sino porque pasar un ratito por este blog resulta siempre un soplo de aire fresco.
Y así varios motivos más como mis recuerdos de infancia por ejemplo, el caso es que espero que gusten estos cambios.