Mostrando entradas con la etiqueta 20 de abril. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 20 de abril. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de abril de 2020

20 de abril de 2020

20 de abril de 2020

¿Cómo estás? 

No, no es un “¿qué tal?” de ascensor, de esos retóricos, que se hacen por cumplir y que en el 90% de los casos no hallan respuesta. Es un “¿cómo estás?” en toda regla, de esos que te cogen descolocado y te invitan a pensar la respuesta para luego desnudarte.

A estas alturas, no debe sorprenderte mucho que te escriba, llevo ya varios años haciéndolo en días como hoy, vale que quizás has cambiado de nombre, de sexo o de edad, pero mi intención sigue siendo la misma. De hecho, sigo sin saber por qué espero un año para esto.

No obstante, esta vez es diferente, no es solo que me haya entrado la melancolía y te haya tenido que hablar, es que mire donde miren me hablan de “distanciamiento social” y pienso si no estábamos lo suficientemente distanciados ya, acumulando promesas de cafés, cervezas, vinos, copas, paseos, conversaciones, viajes, abrazos, consejos, ... sí, la vida en sí misma ya estaba pendiente antes.

No voy a preguntarte si recuerdas grandes momentos, sino si ya olvidaste los más cotidianos: las esperas bajo mi portal, o mis dedos activando el timbre de tu casa, la fortuna de los pasos dados juntos, fueran los que fueran. Ya sabes que aunque tendamos a olvidarlo, lo bueno no está en lo extraordinario, sino en ser feliz con la rutina construida.

Algunos de los de antes ya no están, y otros hemos cambiado y aunque siga sin quererme lo que debiera cada vez le tengo más aprecio a la vida, y eso compensa. Al fin y al cabo, sigue vigente eso de que es mejor calidad que cantidad, y antes que quererse mucho, hay que quererse bien.

Admito que eché en falta tu aliento en los momentos de desánimo, tu hombro en las derrotas y tu copa en los brindis. Y aunque viva en mí la certeza de que estás bien, me apena pensar que no has acudido a mí en los momentos malos, el pacto que sellamos sigue vigente y puedes seguir contando conmigo.

Por mi parte, tengo descubrimientos que compartir contigo, como que se puede llorar con un te quiero o que te vi mientras sonaba nuestra canción. 

Bueno, ya me voy despidiendo, espero que en estas fechas tan propicias a ordenar armarios, mis palabras hayan desordenado un poco tu conciencia. Espero esto sea un hasta pronto, aunque como ya te conté, temo que no haya carnaval donde te vuelva a ver. 

Aunque sé que no me contestarás, porque te conozco y no cedes tan fácilmente, sigo deseando que te hayas sentido aludido y me busques. ¿Por qué nunca me llamas? ¿por qué no te llamo nunca? ¿acaso no hemos descubierto ya que empatía debería ganar siempre a ego?.

Sigue con tus sueños, el mío ya lo sabes...


sábado, 20 de abril de 2019

Otro 20 de abril...

No sé si fue el poeta, el cantante o el filósofo el que dijo que somos los libros leídos, los discos escuchados y los vinos bebidos (y si no lo dijo nadie, lo digo yo). Somos también el tiempo que compartimos con los demás. así que nos guste o no, todavía guardo un poco de ti en mí, y tú llevas contigo parte de mí.

Y no, no es necesario que intentes devolver lo que ahora es tuyo ni reclamar de vuelta lo que un día me diste. Sí podría contarte todo lo que tu pedacito y yo hemos vivido, de cómo gente me recordó a ti, de aquella gente buena que se cruzó en mi camino y dejó su pedazo en mí, y de aquellos no tan buenos que también dejaron su huella.

Tú cogiste tu camino, o yo el mío, pero que sepas que fue un placer compartir recorrido contigo. Y de veras te agradezco el ser tan diferente a mí, el tiempo me ha demostrado que la gente que te enriquece no es precisamente la que piensa igual que uno.

Creo que por encima de todo lo que mencioné al principio, somos todo aquello que soñamos. Y te doy las gracias, por aquellos planes que soñamos y nunca cumplimos, todavía queda el anhelo de poder cumplirlos, aunque el tiempo cada vez pase más rápido.

Y solo por eso, termino aquí mi cada vez menos extensa carta del 20 de abril.

¡Sigue paseando mi trocito que yo seguiré haciendo lo propio con el tuyo!





viernes, 20 de abril de 2018

Hay una mesa

Hay una mesa vacía, no sé si tiene mantel o no, si la adorna un florero, un servilletero o un cenicero cada vez más en desuso. Puede que también luzca alguna herida de guerra, que cojee un poco o que la pintura no esté en su mejor momento, todo puede ser. Tampoco sé si es cuadrada, redonda, de madera o de plástico. No sé nada. Sí sé que a su vera hay dos sillas. No me preguntes el modelo, no nos detengamos en esos detalles. Puede ser una butaca, un taburete, incluso un sillón o todo lo que tu imaginación desee.



Si los objetos hablaran, si fueran capaces de sentir, tengo claro que nos diría lo triste que se encuentra, las ganas de que la ocupemos, y nos ocupemos de escuchar el uno al otro. Nos hablaría tal vez de todo lo que ha presenciado, y estoy seguro de que nos diría que nunca vio a nadie como nosotros ocuparla. 

Hay también un camarero, o quizás una camarera, o tal vez muchos, muchas. Pero algo habrá y esperará a que decidamos qué queremos tomar. Sí sé, no todo va a ser dudas, que yo esperaré a que pidas tú primero, por costumbre, por indecisión y para unirme a tu ritmo: agua, cerveza, algo caliente, un batido,... lo que sea pero sin hielo, para que no se derrita porque si por mí fuera, no habría relojes presionando.

Habrá una palabra de ánimo, una invitación a la calma, una bajada a la tierra... y no sé si el mejor de los consejos. Un chiste fácil también aparecerá por allí. Ya me conoces. Habrá una conversación pendiente, cuéntame qué fue de aquel viaje, de quien ocupó tu corazón, de tus sueños,... y habrá también algún abrazo huérfano que encontrará a su madre.

En esta mesa hay hueco para contar recuerdos, viejas batallas y antiguos anhelos, y si no, créeme que podremos apretarnos para hacerles hueco. Puede también que nos preguntemos por aquellos a quienes les perdimos el rastro, que nos contemos que ya algunos de los nuestros empujan carros de bebé, que hay quien cruzó el charco y quien una noche de carnaval se dejó ver a lo lejos. Hay una mesa libre, y cabe casi todo en ella, mas no hay hueco para nuestro orgullo.

Porque hay una mesa vacía, esperando que nos volvamos a sentar y nos pongamos al día. Y yo, como cada 20 de abril, seguiré esperando que esa mesa termine su espera. 

De fondo, ya sabes qué canción sonará.


jueves, 20 de abril de 2017

Más 20s de abril

20 de abril de 2017

Hola, ¿cómo estás?

No creo que te sorprenda mucho que te escriba, ya sabes que desde hace un tiempo me dedico a juntar palabras que recuerden nuestra ya maltrecha relación de amistad por esta fecha. Como si con eso bastara, igual que el que celebra el amor solamente los catorces de febrero.

Lo que empezó siendo una coña hace unos años, es ya una tradición tan consolidada que seguramente si no te escribiera hoy, algunos se desilusionarían.Y pese a ello, debo reconocer que para mí, tampoco es un día más. Los veintes de abril tienen ese punto de especial que solamente las grandes fechas tienen: los cumpleaños, las noches de reyes y quizás deba parar de contar ya.

Reconozco que hubo un tiempo en que escribí esperando una reacción, removerte y que levantaras el teléfono o que tocaras a mi puerta, pero no, ahora escribo porque lo disfruto, como si en parte fuera mi día, olvidándome que todos los días deben ser míos, y tuyos y de todos.

Por mi parte, antes de que me lo preguntes, quizás te interese saber que sigo bien. No digo igual, porque ya sabes que seguir igual es imposible. Sí mantengo algunos rasgos. Sigo mirando con positivismo las cosas que la vida me trae, y hasta en el mayor de los lodos, buscando una gota de agua que me otorgue claridad (perdóname por este símil tan cursi y forzado). También me mantengo inconformista, porque no es incompatible con ser positivo.

No sé si recuerdas aquella noche en la cabaña de turno, aquel desplante o simplemente no sé si recuerdas que no pasó nada para que las cosas se enfriaran.

Y quizás pienses que nos debemos una conversación, una cerveza, unas disculpas o una explicación y debes saber que por mi parte no hay deuda alguna. Me basta con que si algún día tenemos tiempo el uno para el otro, no invitemos al orgullo a la cita.


Ante todo cuídate y procura que quienes te rodean te cuiden. Yo lo haría. 



Mensaje a los incondicionales del 20 de abril: perdón, quizás esperaban otra cosa pero no sé ni cómo encontré 10 minutos de mi tiempo para esta entrada. Prometo comenzar a pensar en la entrada de dentro de 365 días.

miércoles, 20 de abril de 2016

Otro 20 de abril

-Daniel, ¿todavía sigues escribiendo los 20 de abril?-

Son varias las personas que aún me cuestionan a ese respecto. Y aquí está la respuesta.

Reconozco que al llegar abril aún se remueve algo dentro de mí y comienzo a recopilar posibles frases para mi ya tradicional entrada del 20 de abril, sin embargo, este año me ha costado encontrar las palabras.

Y cuando llega el 20 de abril, que podría ser un día más en el calendario, me siento especialmente alegre. ¡Y que no me quiten esa sensación! ¡Que no me quiten la posibilidad de recordar a quienes ahora caminan más lejos de mí! (y no en sentido literal precisamente)

Viejo amigo, no dejes que me quiten la ilusión de por una vez al año sentir que me dirijo a ti. Si quieren, que nos quiten lo bailado, lo vivido y lo bebido, pero que no nos quiten los problemas divididos, ni las alegrías compartidas.

Si tienen valor, que nos quiten las risas a destiempo, las sonrisas inoportunas o la complicidad permanente. Que tampoco nos quiten el recuerdo de aquellas llamadas a deshoras, cargadas de verdad o de mentira, qué más da.

Que se atrevan a quitarnos nuestros sueños, ya sea en forma de viajes, de abrazos, de trabajos o con sabor a cerveza. Las exageraciones convertidas en risas, no creo que nos las puedan arrebatar, al igual que aquellos consejos que compartimos pero que no siempre aplicamos.

Y así, solamente así, quitándonos todo eso, podré sentir que de verdad te has ido.

Por mi parte, por si el orgullo te impidiera preguntar, te digo que no puedo quejarme, conservo algunas manías todavía, igual que conservo tu lugar en mi recuerdo. He crecido como persona, pero no físicamente, si acaso, lo he hecho a los lados. He vivido momentos en los que me han tocado el corazón, y al igual que tú, tuve días mejores y también días peores. Tuve la intención de llamarte, pero no lo hice.

En definitiva, aquí está otro 20 de abril  en el que agradezco a Celtas Cortos por invitarme a escribirte, otro 20 de abril en que te agradezco el haberme inspirado con nuestra historia.


¡Salud!


lunes, 20 de abril de 2015

20 de abril

Querida/querido:

Debo reconocer que este 20 de abril no sé bien qué decirte, escribo casi por inercia. Con la misma inercia de quien me dice eso de "a ver si nos vemos" o el clásico "avisa y hacemos algo". Cuando comencé escribiendo los 20 de abril lo hacía con nostalgia, esperando una reacción, reacción que jamás llegó. Posteriormente, escribí desde el rencor, algo muy feo por cierto. Ahora escribo desde la tradición, sabiendo que la "carta" de la canción cumple hoy 25 años.

Ya tengo una edad, son muchos años escuchando 20 de de abril de Celtas Cortos, ya llevo encima un gran listado de personas en quien inspirarme cuando pretendo hacer este clásico homenaje anual a la canción. Y me temo que este listado seguirá creciendo cada vez más.

Llevo también encima desilusiones, distanciamientos inexplicables y recuerdos, muchos recuerdos. Y no, no voy a hacer un drama de ello, me he vuelto un tanto "hippie" (claramente entre comillas), un poco más "maduro", un poco más reflexivo. He empezado a ver la vida como una suma de etapas, donde cada persona llega en su momento, cumple su función y con suerte se queda. Pero no es lo habitual quedarse para siempre, hay ciclos que acaban como el de Raúl en el Madrid, el de Guardiola en el Barcelona, o el de El Canto del Loco... Claro que entristece, pero el mundo sigue y seguirá.

Y es que tras errores, malentendidos que no quisimos sentarnos a entender o tras cambios de circunstancias la vida siguió, y aquí seguimos, vivos, en pie (o eso espero de ti).

Puedes estar tranquila o tranquilo, nadie ha ocupado tu hueco, que para algo es tuyo, además, jamás lo pretendí. Sabes bien que cada risa es única, y nadie lo hace como tú. Cierto es que nos hemos privado de compartir alegrías, todo un delito en los tiempos que corren. Pero peor aún es pensar que ninguno de los dos ha estado en los malos momentos del otro. Lo siento.

En definitiva, sigo bien, aún no tengo hijos, ni madre para ellos. No te rías, estando más cerca de la treintena que de la veintena este comentario es totalmente pertinente. Sigo pensando más de la cuenta, aunque ahora sueño menos pero hago más por hacerlos realidad. Sigo sin comer pescado ni nada del mar pero sigo tratando de poner pasión en todo lo que hago.

El resto del resumen, si quieres, te lo hago en persona, sin prisas, con nuestra actitud de siempre, pero con más entradas en el pelo y más experiencias encima.

Que tengas un bonito 20 de abril