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jueves, 31 de diciembre de 2020

El año en que...

En una de sus canciones, Andrés Suárez, uno de mis cantautores de cabecera, bautizó a este 2020 que afortunadamente termina como "el año en que no hubo verano ni fiestas de barrio". Y aunque es una descripción muy acertada, se me ocurren muchas otras que complementen esta descripción.

Porque este 2020 también ha sido el año de las mascarillas, del hidrogel, de la carrera por la vacuna, de los PCRs, ERTEs, de las clases de gimnasia en el salón, de los asintomáticos o de los besos y abrazos pendientes que pienso cumplir.  Porque prometo abrazar diferente, cerrando los ojos, y lo dejo hoy, 31 de diciembre por escrito.

Fue año en que descubrimos quién le había robado el mes de abril a Sabina, de los últimos carnavales en la vieja normalidad, el año en que El Grinch consiguió dejarnos sin Navidad, o tuvimos que pedir cita para ir a la playa, el año de cifras en el telediario por encima de nuestras posibilidades de digestión o el de aquellos días en que supimos que un beso por videollamada no es igual.

2020 será el año del confinamiento; de los aplausos a las 7, del “a ver si esta mierda termina pronto”, del miedo y los balconazis. El año del vacío, ya fuera en calles, oficinas, gradas, cabezas, corazones, cines o terrazas.

Fue el año bisiesto al que le sobraron muchos días, en el que llegamos a creer que saldríamos mejores y nos dijimos aquello tan repetido de "éramos felices y no lo sabíamos", en el que o endiosamos o machacamos al bueno de Fernando Simón o en el que acabamos con todas las existencias de papel higiénico.

2020 era el año redondo que no lo fue tanto, el año olímpico que tampoco lo fue, el momento en que corroboramos que siempre, la realidad podrá superar a la ficción. El año del "Resistiré" en los altavoces y el "Ya no puedo más" en boca de los hosteleros y multitud de empresarios. 


Este 2020 será el año de despedidas que quizás ya ni recordemos, de Michael Robinson a Pau Donés, de Aute, a David Gistau, pasando por Lucía Bosé o El Diego, sin olvidarnos jamás de todos los familiares que hoy, y siempre no volverán a estar físicamente en nuestras mesas.


Pandemia aparte, este año nos ha traído el desalojo de Trump de la Casa Blanca, del Black Lives Matter, de la aprobación de la eutanasia o del Rey emérito huido. Ha sido el año de la vergüenza en Arguineguín y el primero en muchos en que no tuvimos que ir a las urnas.

En lo personal, este 2020 termina con altas y sin bajas en mi familia, y lo celebro pero en mi cabeza no dejan de resonar las palabras de mi amigo Javi, que hace unos meses me dijo que deberían darnos el derecho a elegir si este año cuenta en nuestras vidas o no. Francamente, no sabría con qué quedarme, pero en ningún caso, dejaré de desearles lo mejor para este 2021 que en nada empieza.

¡A vivir!




lunes, 31 de diciembre de 2018

Camino a 2019


Decía el poeta que se hace camino al andar, y el camino que me paseó por este moribundo 2018 rumbo a 2019 ha sido el más difícil y a la vez más gratificante de cuantos recuerdo. Más de 3,8 millones de pasos he dado este año según mi reloj, y pese a los traspiés hoy puedo sentarme a escribir que cada uno de esos pasos físicos y metafóricos han sido necesarios. Ninguno ha sobrado.

Dicen también que el halago debilita, y creo que este año ha sido en el que más halagos recibí, y pese a ellos estoy más fuerte que nunca. Y no, no hablo de fortaleza física precisamente.

Este 2018 conjugué muchos de los verbos que conozco y creo que el más doloroso ha sido despedir, no olviden la frase de Risto Mejide: ‘Crecer es aprender a despedirse’ y quizás haya pasos desagradables por los que pasar para poder seguir creciendo.

Será el tiempo y sus inclemencias quien decida cuántas huellas quedan en mi camino de este paso por 2018. Por lo pronto, ya ha dejado mi huella, haciéndome comenzar este resumen anual hablando de mí mismo creo que por primera vez. Y por seguir cambiando, no quiero esperar a la última línea para dar las gracias a todos y todas las personas que me acompañaron este año.

2018 será recordado por otros tantos caminos: el camino hacia la igualdad que llenó las calles el 8 de marzo, o el camino que el pequeño Gabriel jamás llegó a completar son solo un ejemplo.

Y ruido, no ha faltado ruido en este camino, impidiéndonos oír a los pájaros cantar, al viento soplar y a los árboles desperezarse. Y así llegó Vox o las cremas Olay robadas, así el Valle de los Caídos multiplicó sus visitas, así Cataluña siguió llenándose de lazos amarillos. Y no, por mucho que cambie, no tengo intención de comenzar a hacer valoraciones políticas en este blog.

Vimos al cuñado del Rey caminar hacia prisión, a varios ministros dimitir, una moción de censura, un Presidente sospechoso de copiar y no sé cuántos casos de máster regalados.

Pero vimos también a una estrella del tenis ayudar a reparar los estragos de una riada, a un equipo de niños sobrevivir a varios días en una cueva tailandesa y a una catalana revitalizar el flamenco.

Forges, Stephen Hawking, Quini, José María Íñigo, Montserrat Caballé, Stan Lee o Avicci cogieron otro camino y nos abandonando, haciendo que este mundo fuera un poquito peor sin ellos.


En lo deportivo, este camino ha estado marcado por varios nombres. Y es que vimos cómo se cesaba a un seleccionador a pocas horas de comenzar un Mundial, a una estrella ególatra estropear las celebraciones de su equipo o un Presidente empeñando en llevar La Liga a Estados Unidos. Sin embargo, no solo de fútbol ha vivido este año, y así hemos visto retirarse a Alonso o Pedrosa, a la selección femenina de baloncesto brillar en Tenerife y a mil deportistas más ganar sin copar portadas. (Del Tenerife mejor no decir nada).


Para el año que comienza, solo pido poder estar dentro de un año escribiendo con la sensación de seguir en el camino correcto y con la gente correcta. ¡Que tu camino te lleve a donde quieras llegar!

¡Feliz 2019!

miércoles, 31 de diciembre de 2014

El 2014 que termina

Finaliza 2014, siento un ‘déjà vu’, entre trajes traídos de la tintorería, bolsas con uvas, ropa interior roja y sobretodo con la extraña sensación de siempre. Otro año que termina, otro 31 de diciembre frente a la pantalla del ordenador, tratando de no olvidar ningún hecho relevante que haya traído este año. Otra vez sin saber por dónde empezar.

Así que para que nada cambie, empezaré por quienes nos abandonaron este año.

Se nos fue el tío Phil (James Avery), el abuelo de Médico de Familia (Mariano Peña), el padre de la rumba catalana (Peret), el abuelo y padre de la selección española (Luis Aragonés). La democracia también quedó un poco huérfana, al ver desaparecer a Adolfo Suárez, provocando que todo un clásico como el aeropuerto Madrid-Barajas cambiara/ampliara su nombre.

Se nos fue mucho talento, como el de Gabriel García Márquez, Joe Cocker, (don) Alfredo Di Stefano, Paco de Lucía o Robin Williams.

Sin quizás tanto talento, pero con bastante dinero, vimos desaparecer personajes como Emilio Botín o la duquesa de Alba (por motivos prácticos, no pondré su nombre completo).

El Chavo del Ocho o el joven cocinero Darío Barrio también tienen su lugar en este humilde homenaje, al igual que Tito Vilanova, a quien su vida se le esfumó como aquel extraño avión de Malaysia Airlines al que se le perdió la pista.

Se fueron también miles de vidas anónimas, víctimas del dichoso ébola, de atentados, por violencia doméstica o por alguna de las estúpidas guerras que aún en pleno siglo XXI siguen teniendo lugar.

Y entre tanta mordaza, tanta separación y tanto distanciamiento por fin nos unimos para algo, y no hablo de la mejora de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, hablo de aquel día de abril en el que todos reconocimos ser macacos tras ver a Dani Alves comer un plátano que le habían lanzado.

No fue el año del cambio, pero hubo cambios: Crimea dejó de pertenecer a Ucrania, según Rusia. Y también cambió nuestra monarquía, con una abdicación y la llegada de un Rey y una Reina que por fin saben hablar inglés y que no tienen hijas corruptas (de momento) (presuntamente todo esto). Cambió el panorama político con la llegada de un tal Pablo Iglesias, liderando Podemos, haciendo que en Moncloa, en Ferraz y en Génova más de uno se echara a temblar.

Este año quedamos al desnudo, ya fuera para aceptar el Reto del Tibu, o para mojarnos contra la ELA. Se desnudaron también los concursantes de Adán y Eva y el CNI con la llegada de un tal Francisco Nicolás, al que aún no sé si creer o no.

Magaluf llenó telediarios en verano, y Dani Rovira apareció a todas horas en todos los canales a raíz del éxito de Ocho Apellidos Vascos. Volvió Torrente a los cines, y volvimos a sentirnos perdedores al ver a la selección española regresar de Brasil en la primera fase. No sirvió de consuelo ver a Brasil llevarse 7 goles por parte de Alemania, merecida campeona.

Y mientras, Artur Mas continuó con su consulta catalana, que acabó convertida en un sucedáneo de referéndum. Elección que no tuvo Teresa Romero para decidir si sacrificaban a Excalibur o no.

En lo personal, este fue el año de llegar al cuarto de siglo, de volver a lugares a los que no me canso de volver (para 2015 trataré de escribir sobre esto), y de conocer nuevos lugares. Visité la CN Tower de Toronto pero la niebla no me dejó ver Toronto Entero, me dejé salpicar por las Cataratas del Niágara, me desperté viendo el Big Ben y me emocioné al ver a peregrinos llegar a Santiago. Y bueno, también me sentí raro al ver a la Unión Deportiva Las Palmas perder el ascenso en el último minuto. Escondí mis colores, al visitar el 7 Palmas en un derbi que no pudimos ganar. Me reencontré con viejos amigos, “corrí” mi primera carrera y me fui de boda.

Y sobretodo, puedo decir que este año no sufrí ninguna baja. Algo que le pido al 2015.

En definitiva, este fue mi año, ahora toca pensar en el 2015 que según algunos se presenta opaco, como las tarjetas de Bankia, por mi parte, prefiero pensar que siempre habrá hueco para un rayo de luz y esperanza.


Feliz 2015 a todos, y espero que este año les trate como de verdad se merecen.