Hay rutinas, buenas o malas, que sin darnos cuenta dejamos de hacer. Muchas veces no le damos importancia a la última vez que las llevamos a cabo, porque ni tan siquiera sabemos que no habrá una próxima vez en un horizonte temporal cercano.
Rara vez hay un motivo aparente, simplemente sucede, como con ese amigo al que dejaste de ver y llamar, sin que nada pasara. Nada salvo el tiempo.
Lo mismo pasa con algunas palabras, las dejamos de usar, aunque esta vez con motivos. Que 'perdón' o 'gracias' son cada vez menos usadas y más necesarias no es nada nuevo, pero no escribiré hoy sobre ello. Voy más allá, más atrás en el tiempo.
El caso es que ha vuelto a mi cabeza la palabra "arrullar", y me atrevería a decir que llevaba décadas sin tener conciencia de ella. Ya fuera por haber crecido o por la estúpida manía de eliminar columpios de los parques. Tal es mi obsesión, que pese a mi edad, que cada vez que veo un columpio, intento jugar un poco, y comprobar aliviado que todavía sueño con poder dar la vuelta al columpio, o tocar las nubes con la punta del pie.
'Arrúllame' era la palabra mágica cuando las piernas no llegaban al suelo para poder dar un impulso, una forma implícita de pactar un empujón a cambio de darlo después. Es tan mágico el verbo 'arrullar', que veo que para la RAE, ninguna de las acepciones es la que yo he usado.
Creo que pocas palabras son capaces de evocarme tan buenos recuerdos como esta.
¿Nos arrullamos?
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martes, 30 de junio de 2020
viernes, 21 de febrero de 2020
Palabras
No seré yo quien descubra que Internet es maravilloso, igual que tampoco seré yo quien niegue que a veces es un arma de doble filo. El caso es que esta vez me ha servido para llegar a esta entrevista*.
No conozco de nada a la entrevistada, pero me ha resultado muy curioso que Diana Orero, reconozca que coleccione palabras. Más me sorprende que sea capaz de encontrar belleza en la palabra "todavía". Y es cierto.
Acto seguido, he recordado a un viejo conocido que decía que su palabra favorita era "albahaca" y también reconozco belleza en la palabra, más bien por su sonoridad que por las emociones o reflexiones que pueda provocar.
Después, recordé a quienes tatúan palabras en su piel, para en un momento de bajón tener un motivo para rearmarse, o simplemente porque el arte también está en las palabras. Serendipia, sinergia, resilencia, ... son esas palabras que calan y pueden cambiar una actitud cuando uno descubre sus significados.
Por último, me ha dado por pensar en cuál es mi palabra favorita, y no me siento preparado para dar una respuesta todavía, pero he comenzado a ver belleza en palabras que usamos a diario y no ocupan más de tres letras: "mar", "luz", "sol", u otra más bella todavía que no voy a compartir. ¿Alguien se ha parado alguna vez a pensar la belleza que esconde un "ven"? Ven, que yo te acojo, ven que me apetece verte, ven que te ayudo, ven que no te vas a arrepentir, ven.
Y entonces, cuando ya casi tengo decidido escribir sobre el tema, a mi cabeza llega Amaral, y su conocida "Sin ti no soy nada", cuando afirma eso de "soy solo un actor que olvidó su guion, al fin y al cabo son solo palabras". Y me duele ese "solo", porque ¿acaso hay algo más importante que las palabras? Hoy no se me ocurre, pero pensaré sobre ello mientras busco mi palabra favorita, que sigo sin encontrarla... todavía...
*He visto que el tiempo para leer la entrevista es limitado, así que si tienes problema para acceder a la misma, la parte que ha inspirado esta historia habla de una escuela en Chicago que ha comenzado a descubrir el poder de la palabra "todavía" y en caso de suspenso, los alumnos son calificados con un "todavía no", porque si algo no ha acabado bien es que no ha acabado todavía.
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