domingo, 15 de junio de 2014

Consejos a una reina

Antes de que comenzara el Mundial, la palabra más repetida era "abdicación". Todos se preguntaban a qué se dedicaría el monarca una vez jubilado, y todos se olvidaban de la Reina. Así que de forma altruista he decidido darle unos consejos a doña Sofía.

No, era broma, soy consciente de que la Reina no verá jamás este blog, así que este será mi humilde homenaje a todas las mujeres jubiladas, quienes quizás merezcan más que cualquier monarca el descansar y dedicarse tiempo a sí mismas. Aquí van mis consejos. Gracias por el trabajo realizado, bienvenidas a una nueva vida.

Puede usted atender la huerta.


 También puede intentarlo con el baloncesto callejero.


¿Qué tal si va al parque? Ver niños puede ser un poco agobio, pero quizás contagiarse de un poco de vitalidad no le venga mal.

¿Y dedicarse a las plantas?
 Dormir entre flores no es mal plan, no hay que perder el contacto con la naturaleza.


Escalar es una muy buena opción, pero por favor, cambie la corona por un buen casco.

Espero también que no haya esperado hasta esta edad para empezar a reciclar, pero por si acaso, ya sabe que nunca es tarde si la dicha es buena.

Puede probar también con el pádel

Puede también tratar de ir a misa, aunque le aseguro que no será la única jubilada que optará por este plan.

También puede darse un paseo por la feria y rendirse ante la inmensidad de la noria.
Otra opción muy repetida, es la de sentarse en un banco a ver las obras.


Pasear con su rey no es mal plan, aunque dudo que esta sea la opción elegida en su caso.

Por último, siempre podrá optar por dormir como una reina.Aunque ya no lo sea.

lunes, 9 de junio de 2014

Pena

Siempre quise escribir sobre la pena, no sobre la capital sino sobre el sentimiento. Fiel a mi estilo, me he dirigido al diccionario de la RAE, de donde he extraído esta definición '2. f. Cuidado, aflicción o sentimiento interior grande.'

El caso es que no sé qué es peor si sentir pena o darla. El día a día, la rutina, la experiencia o como queramos llamarla nos han curado de espanto, ya nada nos impacta, ya no nos creemos nada, vamos acorazados a prueba de lástima. Solamente de vez en cuando, en sitios seguros nos la quitamos, lo hacemos en cines, en el sofá de casa o camino del trabajo, libro en mano. Por su parte, hay quien vive de dar pena, con motivos o sin ellos. Lloran en platós de televisión, te piden un euro en el lugar menos pensado o le mendigan un aprobado al profesor.

Mientras unos optan por practicar la cara del Gato con Botas de Shrek, otros procuran seguir adelante, y es que como diría Zenit 'Si caminas cojeando no das miedo, sino lástima'.  

Sobre la pena escribí hace unos meses este pequeño relato, no viene a resolver la duda que planteo en el segundo párrafo pero al menos me hizo pensar. Dice así:


Las paredes de la casa se caían, o al menos estaban en permanente lucha por aguantar un día más sin llegar al suelo, cobraba lo justo para sobrevivir, ni tan siquiera vivir (bajo mi criterio). Entre su descendencia, una hija deficiente de la que apenas podía disfrutar por culpa del trabajo. Trabajo inexistente, pero que le tenía a pie del teléfono esperando una llamada que acabara con su aparente rutina.
Yo sentía pena por él. Él sentía pena por mí. Él había encontrado la forma de ser feliz, y yo todavía andaba por el camino, pensando que había obstáculos insalvables.

viernes, 23 de mayo de 2014

Chico/ a de las pizzas

Mientras que hay quien se empeña en resaltar el valor de la curiosidad, hay quien afirma haber sido testigo de como el gato moría a manos de la curiosidad. No voy a posicionarme, pero sí me veo obligado a recordar una frase de Albert Einstein, 'No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso.'

El caso es que por mera curiosidad me ha dado por probar algunas herramientas que me permiten saber quién ha entrado a mi  este blog. No te sientas espiado, te entiendo y es verdad que eso de ser todos anónimos resulta hasta divertido. No se sabe quién puede estar leyendo, quién está dedicando unos segundos de su vida a leer lo que escribo, o quién entra aquí con intenciones de que le toque el corazón. Yo también sueño con tocarte el corazón, querido amigo, querida amiga, pero sé que no lo consigo, lo seguiré intentando, y mientras tanto me conformaré con entretenerte un ratito, al fin y al cabo de eso se trata la vida, de pasar buenos ratos. 

A estas alturas probablemente sigas sin entender el título de esta entrada, y te cueste entender qué relación tiene una pizza con la curiosidad. Pues allá voy, estas son las redes desde las que han accedido a este blog en los últimos días:

¿No ves nada raro?

¡Sí, en el número 10! Alguien accedió a este blog desde la red Wi-fi de algún Telepizza. Quizás alguien hambriento quiso olvidarse del hambre entrando aquí, puede que por el contrario, lo hiciera con las manos sucias de salsa de tomate y dejara rastro en la pantalla de su móvil o que leyera "mis cositas" sentado en la taza del WC tratando de hacer hueco antes de atravesarse una 4 estaciones con extra de champiñones.

Seas quien sea, seas del sexo que seas, gracias, a ti y a quien accedió desde Perú, o desde Pamplona, o de Cádiz, o Trujillo, o Vigo o Valencia. Quizás veas recortada tu libertad, o tu privacidad, pero debes saber que me alegra y me sorprende mucho esto de poder de llegar lejos desde el salón de mi casa. Glocalización creo que se llama a eso de 'Piensa global,actúa local'.

Ahora me gustaría terminar esta entrada con alguna frase que modifique eso de 'Estómago lleno, corazón contento' pero no se me ocurre nada. Lo siento.

jueves, 8 de mayo de 2014

Recuerdos de Playmobil

Leo que esta semana se celebra el 40 aniversario de los Playmobil, y me veo obligado a dedicar unas palabras a tan peculiar juguete. Nací a final de los 80, por lo que no soy de esos que llaman "clics" a tan simpáticos personajes. Se llamen como se llamen aquí va mi particular homenaje.

Antes de nada, debo dirigirme a mis padres. Papi, mami, este es el motivo por el que estaba rebuscando entre los juguetes. No se preocupen, no me ha dado ningún ataque de nostalgia. Y sí, papi, a mí también me hizo cierta ilusión volver a "jugar" un rato con los Playmobil, al fin y al cabo ellos me enseñaron muchas cosas.

¿Qué me enseñaron?

Que yo no soy un juguete, y por mí sí pasa el tiempo.



Que hay vida después de la alopecia.



Que un elefante no cabe en un coche.



Que de tal palo, tal astilla.



Que aunque parezca mentira, la fórmula 1 existía antes de Fernando Alonso.



Y las motos antes de Lorenzo, Rossi, Márquez...



Que las barbas no son una moda exclusiva del año 2014.



Que el amor no entienda de edades (ni razas).



Los payasos también conducen.




La unión hace la fuerza decían.



Aprendí también que hay amistades que son para siempre.

Que por mucha imaginación que se tenga, la realidad no es como la de los anuncios.


Somos animales...



Los juguetes también tienen su San Fermín



También me enseñaron que hay cosas que no tienen mucho sentido.






Compartir mesa con quien no piensa como nosotros no es tan mala idea.

Bueno, quizás quien siga este blog echará en falta mi lado más sentimental. No puedo defraudar a mi público y a partir de aquí vienen mis reflexiones más profundas. Espero no fallarles.

No hace falta que sea 14 de febrero para regalar flores.



Que una madre siempre te espera con los brazos abiertos.



Potenciemos los nexos.



Seamos como seamos, no debemos perder la sonrisa NUNCA.



Si una mujer se plantea algo, lo conseguirá.



No hay que dejar marchar a quien se quiere.



Somos muchos en este mundo, y todos tenemos nuestra función.




Al final, todos vamos a acabar en el mismo lugar.




En definitiva, los Playmobil me enseñaron que la imaginación es una herramienta muy poderosa. Podría pegarme horas y horas inventándome "tonterías" y creyéndome fotógrafo pero ya no soy un niño y tengo otras obligaciones.



Pd: todas las fotos son sacadas por mí, espero que al verlas a alguno de ustedes se les haya escapado eso de 'ese Playmobil lo tenía yo' con una sonrisita en la cara.

miércoles, 23 de abril de 2014

Palabras en la pared

Todas los días (laborables), camino del trabajo me encuentro con esta pintada en la pared:



 Reconozco que la primera vez que la vi la leí y seguí de largo, sin tan siquiera tratar de responder a lo que la pared me preguntaba. En otra ocasión comencé a delirar al creer que era la palabra 'andamios' la que aparecía escrita. Se me ocurrió que  "Andamios Pensando" y "Cómo Andamios" eran buenos nombres para una empresa de andamios, de hecho, no me extrañaría que ya existieran, y si no, cedo gratuitamente el uso de mis propuestas para un ejercicio de naming.

Por norma general seguí de largo, sin darle importancia a lo leído, camino de la oficina, inundado en la rutina. Incluso otras veces, como es normal, pasé al lado de la pared sin darme cuenta de la presencia de la pintada en cuestión.

Pero creo que ya es hora de que alguien responda a esta pared, de hecho, espero que ya alguien le haya respondido y no sea yo el primero en reflexionar al respecto.

Querida pared:
Tú,que mañana tras mañana me has visto camino de la oficina, tú que has visto borrachos apoyados en ti, gente orinarte, pintarte o pegarte carteles, o incluso vomitar en ti y no te has quejado y te has mantenido inmóvil, ¿Realmente me preguntas en qué andamos pensando?. Déjame que te responda.

Pensamos en todo y en nada, me explico, pensamos en todo tipo de cosas imaginarias y virtuales y a la vez en nada real. Lo deberías saber bien ya.

¿Recuerdas aquel hombre trajeado que pasó haces unos días por delante tuya? Pues pensaba en facturas, en cómo camelar a un poderoso cliente y en si su corbata iría a juego con la camisa tal vez.
Por su parte, aquella señora del bolso y generoso escote pensaba en cuántas horas haciendo cosas que no quería tendría que hacer para poder volver a casa.
Aquel joven tan normal por su parte pensaba en cómo seguir adelante con aquella mentira en la que anda metido y si realmente le compensa.
Aquellos jóvenes más normales aún que iban en grupo pensaban en qué sustancia usar para abstraerse, en si habría triunfo aquella noche y en fútbol.
Por tu lado pasó también una mujer pensando en la lista de la compra.
Otro niño pensaba mientras tanto en juguetes, y en regalos.
En llegar a fin de mes pensaba también una señora.

Dicen también que a tu lado pasó un enfermo terminal, yo no lo vi pero iba pensando en el tiempo que le quedaba de vida, arrepintiéndose tal vez de todo lo que hizo, o peor aún, lamentando todo lo que no llevó a cabo. Sin embargo, no deberías sentir pena por este último señor sino por todos los demás, y es que fue la única persona realmente consciente de las reglas de este juego que llaman vida.

Sin más me despido, deseándote que más personas te respondan, y recordando que nada es eterno, y quizás en poco tiempo una capa de pintura te tape y borre las palabras que portas.


PD: puede que ahora te estés preguntando en qué ando pensando yo, pero eso puede que te lo responda más adelante.

domingo, 20 de abril de 2014

20/4/14

Otra vez me toca enfrentar el 20 de abril. Frente a mis recuerdos y el ordenador, como ya es costumbre trato de escribir mi particular homenaje a la mítica canción de los Celtas Cortos. A veces pienso que ya he escrito demasiado en esta fecha y que hacerlo por enésima vez no es más que repetirme, en cambio, en otras ocasiones pienso que es ahora con tanto amigo lejos cuando más sentido tiene hacerle un guiño a toda esa gente con la que perdí el contacto o de la que me alejé (en sentido literal o figurado).

Claro que es duro ver como quienes compartieron grandes años/momentos contigo ahora son meros desconocidos, no saber siquiera como están, enterarte por otros de que esa persona vive ahora a decenas de miles de kilómetros de ti.... ¿A quién no le ha pasado? Esa chica que se moría por ti, quizás ahora agache la cabeza al ver a alguien como tú, aquella amistad de la que pensaste "nada puede separamos" se separó por eso mismo, por nada.

A mi edad ya estoy casi acostumbrado a las despedidas, a ver a amigos emigrar, a que haya cafés o cañas que no llegan nunca y a sentirme que el camino que recorro no tiene los mismos compañeros que en su momento lo recorrían conmigo. Una vez dicho esto, comienzo mi peculiar sucedáneo de carta.


Querido/a amigo/a:

‘A mí también me pasa’ debería llamarse esta carta, y es que yo también me acuerdo de ti en el momento menos esperado, yo también pienso que debería llamarte (o escribirte) ,yo también me pregunto qué será de ti, y también pienso que quizás podríamos haber hecho un poco más por no convertirnos en auténticos desconocidos íntimos.

Por una vez tengo cosas que contarte, yo que siempre te dije que mi vida no era muy interesante y que no tenía novedades.  Además, por una vez tengo la suficiente paciencia y madurez como para escucharte y celebrar éxitos juntos, o para buscar la mejor solución a tus problemas. No me deja indiferente pensar que ya no compartiremos ni alegrías ni mucho menos penas, esas penas tuyas que me hacían sentir útil al rebajarlas con diálogos y alguna copa. Y es que en un momento en el que la cooperación es más que necesaria, quizás la solución a nuestros problemas esté en compartirlos.

No quiero ser duro, pero lo peor está por llegar a esta edad. De repente un día sin querer quizás te enteres de que quien fue tu amigo tiene ya tres niños, cuando tú ni pareja le conocías, y quizás pienses eso de "¿que parte de la historia me perdí?". Tal vez te enteres de lo mal que lo está pasando quien fue tu amigo, o quizás duela más saber que hay quien celebra alegrías y no te invita.

Sería de iluso pensar que yo me quedé inmóvil llorando tu ausencia, de la misma forma que yo no me atrevo a pensar que tú hiciste eso por mí, lo que no deberías pensar en ningún momento es que otra persona ocupa ahora tu lugar, básicamente porque tu lugar es solamente tuyo. Y me atrevería a decir que lo sigue siendo.

Una vez escrito todo esto, te deseo lo mejor, y en parte te agradezco el haberme inspirado a escribir esta ya tradicional carta de 20 de abril.



Toda persona, por muy irrelevante que haya sido su presencia en tu vida ha contribuido a ser la persona que hoy eres. Aún así, solamente tú puedes elegir qué tipo de persona eres.


-Daniel “El Místico”-  (Quizás lo escribió otra persona antes, pero esto se me ocurrió a mí ahora mismo)

viernes, 4 de abril de 2014

Breve reflexión improvisada de camino

Decía Machado eso de 'caminante no hay camino, se hace camino al andar'. Pero ¿Cómo hemos llegado hasta este punto?

Primero nos dijeron que con estar en el camino era bastante.

Pero resultó que no era suficiente, había que estar en el camino, no valía estarse quieto.

Y ahora nos dicen que resulta que no hay camino, solamente hay movimiento.

Señor poeta, permítame que añada una coletilla a su frase... Se hace camino al andar, y hay que andar.



Sí, casi que el título fue más grande que el contenido en sí, pero tenía que ponerlo.