miércoles, 18 de marzo de 2020

Aplazar

Parece la palabra de moda, y quizás lo sea junto a otras. Todo se aplaza: los partidos de liga, las elecciones, Eurovision, Eurocopa, los pagos de impuestos, la selectividad, los abrazos, los reencuentros, los cafés prometidos, y un infinito etcétera. Hasta hemos aplazado la vida, ¡qué cosas!

Creo que ya he escrito sobre ello, pero todo esto me recuerda a esa frase que aunque venga como consuelo detesto. Sí, me refiero a eso de "eso es que no era el momento, todo llega".  Y quizás sea eso, quizás no era el momento, y toque volver a buscar la oportunidad de vivirlo, porque aplazar no es anular.

Aplazamos tantas cosas, que no sé cómo haremos y si estaremos preparados para gestionarlo, conscientes de que aunque todo llegue, ya nada será igual.

Y por eso, propongo dotar de un nuevo significado a la palabra aplazar, y llevar a cabo esta nueva acepción cuando todo esto pase: "dícese de la acción de llenar las plazas".

Aplacemos la plazas, abarrotemos las barras de bar, "descallemos" las calles calladas, atendamos las tiendas de barrio ahora desatendidas, volvamos a vivir la vida.

martes, 17 de marzo de 2020

Música

Raro es el momento al que no podamos ponerle banda sonora. Hay una canción para cada instante y para cada persona.

Ayer comencé a pensar qué haría cuando todo esto terminara, en fiestas y reencuentros. Llenaremos la calle de nuevo y nos sentiremos inmortales. Empiezan a decir que todo cambiará a partir de ahora, que nos encontraremos con un mundo nuevo. Pero espero que no sea tan nuevo como para que cambien las emociones, como para que un abrazo deje de valer. Y si cambia, espero que sea a mejor.

El caso es que sin buscarla, ayer me vino esta canción a la cabeza:





Hoy, ya no pienso en fiestas, por eso de no acabar desilusionado por tener muchas expectativas básicamente. Hoy me ha dado más por pensar en quienes pasan la cuarentena solos en casa. Me ha entrado pena e impotencia por no poder ayudar a mi manera, aunque fuera con un abrazo.

Y sin quererlo, en uno de los conciertos en redes que los artistas se están dedicando a dar desde sus casas, me apareció esta canción que tantas veces canté:



Y eso, que no estarás sola. ¡Ánimo!

domingo, 15 de marzo de 2020

Jugar

Si algo bueno traen las situaciones atípicas como esta, es que agudizan el ingenio y nos animan a hacer cosas que quizás de otra forma no haríamos.

Escribí hace mucho tiempo (tanto que ni yo mismo he podido localizar la entrada en cuestión) que para mí, el episodio de la tormenta tropical Delta que azotó Canarias hace ya unos cuantos años sería recordado como "los días en que giré el sillón". Porque sí, sin televisión por no haber luz, girar el sillón y ver la vida a través de la ventana era lo más interesante con lo que podía encontrarme.

Esta vez, con las calles vacías, sin lluvia cayendo, lo interesante no estaba en las ventanas, así que hemos rescatado en casa viejos juegos de mesa, para jugar. Sí, jugar. Ese verbo que suena a infancia, a parques, a plastilina, playmobil, contar hasta 20 contra la pared, a balones, a improvisar mundos con cualquier objeto, a imaginar tener una profesión que cuando tuviste odiaste, ... creo que ya sabes a qué suena.

Desde hace unos meses vengo dándole vueltas a una frase que leí hace unos años y volvió a mí hace unos meses. No puedo otorgarle autoría y mucho menos reproducirla al pie de la letra, pero venía a decir algo así como que hubo un día en que sin saberlo, fue el último día en que bajaste a la plaza a jugar con tus amigos. Dependiendo del día pienso que es una reflexión triste o bien que es toda una invitación a vivir cada momento como si fuera el último. (no descarto que en estos días retransmitan Toy Story y siga dándole vueltas a estos pensamientos)

Jugar es un verbo que algunos siguen haciendo con los sentimientos de las personas, pero no toca hoy hablar de ellos. Les deseo lo mejor a esas personas. Es más, creo que todos lo hemos hecho, y casi siempre a quienes no lo merecían.

Poco admiro del idioma de Shakespeare, por mucho que a diario nos asalten anglicismos hasta en los lugares menos esperados. Curiosamente, palabras que en nuestro idioma también tendrían equivalente. Pero pensar que en inglés se use el verbo "play" para hablar de instrumentos musicales creo que también esconde mucha poesía (quizás los angloparlantes piensen que hablar de tocar va más allá, por eso de usar el sentido del tacto para hacer música, no lo sé).

En definitiva, aprovechemos estos días para jugar, ya sea con las palabras, los instrumentos, las ideas, y no tanto con las pantallas ni las personas.


sábado, 14 de marzo de 2020

Quédate en casa

No sé si lo conseguiré, pero sorprendido al ver la reacción de muchos artistas ante esta situación tan excepcional, he decidido poner mi granito de arena y escribir con más frecuencia durante estos días. No sé si a alguien le servirá para entretenerse un rato, pero al menos a mí me valdrá para pasar el tiempo, esperando a que todo esto pase.

Ya sabes que no soy muy dado a comentar la actualidad, prefiero ver este espacio, tu espacio, como un lugar anacrónico al que poder volver en cualquier momento, un refugio en el que  la única huella del tiempo que percibo está en mi madurez y en cómo probablemente ahora no me reconozca en muchas cosas que en su momento escribí. 

Pero hoy es diferente, parece imposible olvidar estos días, huele a que serán de esos que contaremos a nuestros nietos, si llegan. Cada uno contará una versión diferente, una anécdota marcará "la batallita", un recuerdo diferente quedará dentro de nosotros. Y lo mejor, es que seguro lo recordaremos con una sonrisa, como aquel desamor que una vez nos desveló, como aquella clase de spinning, aquella maratón o las horas de estudio a deshora antes de aquel examen. Me encanta sonreír al recordar aquello que  en su momento me hizo sufrir.

Todavía queda por pasar, pero de momento creo que mi recuerdo de todo esto girará en torno a una de las frases más repetidas en el día de hoy "quédate en casa". Porque sí, en mi búsqueda de belleza en todo aquello que tomamos por cotidiano, me he puesto a pensar en lo bonita que es esa frase. Piénsalo:

 Quédate en casa,
 hay hueco, nos haremos compañía 
y me sobran camisetas que aspiran ser pijama
 Quédate en casa, no faltará conversación 
compartamos manta y snacks.

Quédate en casa, jugaremos a juegos todavía por inventar
y desde el balcón vemos la ciudad, 
permaneciendo ajena a lo que pasa en estas cuatro paredes. 
Reirás al ver antiguas fotos
yo reiré solo con tenerte cerca.

Y para el día de mañana, que no sé si quiero que llegue
le robaremos cinco minutos al despertador
habrá prórroga, sabiéndonos eternos 
y si no hay café, queda té.

Pensándolo mejor, quédate tú en tu casa, y yo en la mía
escríbeme si quieres, brinda contigo misma
quédate ahí, consciente de que por lo bueno merece esperar
quédate que cuando volvamos a abrazarnos nada nos podrá frenar.


Saludos a todos desde mi casa.



viernes, 21 de febrero de 2020

Palabras

No seré yo quien descubra que Internet es maravilloso, igual que tampoco seré yo quien niegue que a veces es un arma de doble filo. El caso es que esta vez me ha servido para llegar a esta entrevista*.

No conozco de nada a la entrevistada, pero me ha resultado muy curioso que Diana Orero, reconozca que coleccione palabras. Más me sorprende que sea capaz de encontrar belleza en la palabra "todavía". Y es cierto.

Acto seguido, he recordado a un viejo conocido que decía que su palabra favorita era "albahaca" y también reconozco belleza en la palabra, más bien por su sonoridad que por las emociones o reflexiones que pueda provocar.

Después, recordé a quienes tatúan palabras en su piel, para en un momento de bajón tener un motivo para rearmarse, o simplemente porque el arte también está en las palabras. Serendipia, sinergia, resilencia, ... son esas palabras que calan y pueden cambiar una actitud cuando uno descubre sus significados.

Por último, me ha dado por pensar en cuál es mi palabra favorita, y no me siento preparado para dar una respuesta todavía, pero he comenzado a ver belleza en palabras que usamos a diario y no ocupan más de tres letras: "mar", "luz", "sol", u otra más bella todavía que no voy a compartir. ¿Alguien se ha parado alguna vez a pensar la belleza que esconde un "ven"? Ven, que yo te acojo, ven que me apetece verte, ven que te ayudo, ven que no te vas a arrepentir, ven.

Y entonces, cuando ya casi tengo decidido escribir sobre el tema, a mi cabeza llega Amaral, y su conocida "Sin ti no soy nada", cuando afirma eso de "soy solo un actor que olvidó su guion, al fin y al cabo son solo palabras". Y me duele ese "solo", porque ¿acaso hay algo más importante que las palabras? Hoy no se me ocurre, pero pensaré sobre ello mientras busco mi palabra favorita, que sigo sin encontrarla... todavía...  


*He visto que el tiempo para leer la entrevista es limitado, así que si tienes problema para acceder a la misma, la parte que ha inspirado esta historia habla de una escuela en Chicago que ha comenzado a descubrir el poder de la palabra "todavía" y en caso de suspenso, los alumnos son calificados con un "todavía no", porque si algo no ha acabado bien es que no ha acabado todavía.

viernes, 17 de enero de 2020

Otro mundo



Me encuentro sentado en un banco, apenas es mediodía de este viernes de enero pero el goteo de gente no cesa, fotos junto al lago, caricias a los caballos de la policía, unas 4 esculturas humanas, una docena de barcas y algún vendedor ambulante conforman mi paisaje cada vez que levanto la cabeza del libro que me tiene entretenido esperando a que sean las 15:00. Para variar, siempre me paso esperando a que las cosas sean, y cuando son, no disfruto, buscando otro momento por el que esperar. Para bien o para mal, me temo que no soy el único que sufre de ram cruel síndrome.

De camino hasta aquí he pensado en este blog, y en cómo es posible que ahora que se me presupone más tiempo, no encuentre la inspiración. “Las cosas llegan cuando menos las esperas, pero de verdad que llegan, Daniel” es la frase que más escucho en los últimos tiempos, es Trending Topic en mis oídos. Y yo siempre respondo, que claro que llegarán, pero es normal sentir vértigo ante la incertidumbre del cómo llegará, dónde y cuándo.

Reina el silencio, pese a la gente, interrumpido únicamente por un trompetista, a mi juicio, bastante amateur. Por lo tanto, no reina el silencio. Con las trompetas, me pasa lo mismo que con los aeropuertos y los asilos, no sé si son alegres o tristes. Seguro que la respuesta es un “depende”.

No reconozco muchas de las melodías que toca, salvo una que si no recuerdo mal va acompañada de una letra que dice algo así como “que allá en el otro mundo, en vez de infierno encuentres gloria y que una nube de tu memoria me borre a mí”. Nunca me había detenido en esa canción, y si lo hice seguramente fue pensando sobre esa nube y no sobre el otro mundo. 

Y con eso me entretengo, pensando en si solamente hay otro mundo, o hay tantos mundos como personas. Y opto por lo segundo, así me encaja mejor en mi cabeza. 

El caso es que sin darme cuenta, he sacado el móvil y he empezado a escribir, a ver si va a ser verdad que la inspiración, el trabajo o el amor aparece cuando menos lo esperas.

martes, 31 de diciembre de 2019

Volver a los 20


Suelo comenzar mi entrada - resumen del año mirando hacia atrás y nunca hacia delante, y este año he decidido hacer una mezcla. Y es que en unas horas volveremos a los locos años 20, mientras casualmente hace unos meses abandonaba mi veintena.

Y creo que volver a los 20 no nos vendrá mal, recuperar la oportunidad de forjar una personalidad, de descubrir y descubrirse, de aprender a detectar los ventiladores de mierda que lamentablemente siguen girando, cada vez con mayor número de revoluciones por minuto. Volver a los 20 es vivir frenéticamente mientras se adquieren responsabilidades, brindar mientras uno se siente afortunado y también aprender a decir adiós en lugar de hasta luego.

Volver a los 20 es buscar un lugar e ir hacia él, timoneando porque rara vez hay un rumbo estable. Es también afrontar con seriedad algunos temas mientras evitamos dejar morir el niño que habita en alguna parte de nosotros.

Escribía hace unos párrafos que los 20 suponen aprender a decir adiós, y eso hago con este 2019 que en líneas generales ha sido muy bueno, en él me he sentido afortunado aproximadamente 8,7millones de veces mientras descubría que tampoco es tanto lo que necesito para ser feliz. He tomado decisiones, porque los 20 me han enseñado a aprender a elegir sin miedo a equivocarme, asumiendo que elegir también es rechazar.

Y todo eso, mientras los montes de Gran Canaria o El Amazonas ardían al igual que Notre Dame. Mientras nos dirigíamos 3 veces a las urnas (o en su defecto a las oficinas de Correos), mientras los medios hablaban de sentencias y exhumaciones. Las calles fueron tomadas en gran parte del globo, mientras una tal Greta intentaba ponernos de acuerdo a todos. Y no lo consiguió. Igual que tampoco se consiguió rescatar al pequeño Julen de aquel pozo en Totalán.

Nos abandonaron personajes como Arturo Fernández, Blanca Fernández Ochoa, Eduard Punset, Rubalcaba o José Antonio Reyes.

En definitiva, parafraseando a Karina ‘mirar la vista atrás es bueno a veces, mirar hacia delante es vivir temor’, y ese es mi deseo para estos años 20, que volvamos a lo bueno de los 20 y podamos vivir, vivir mucho y sin miedo.

Te deseo un feliz 2020 lleno de mucha vida.