A veces hago cosas que no tienen explicación alguna (quizás sea más que a veces, cierto). El problema no es hacerlo, sino repetirlo.
No es la primera vez que de regreso a casa tras ingerir alguna copa me paro en algún kiosco a comprar el periódico, no sé si es mi manera de sentirme menos mal, de confundir a los transeúntes que se encuentran con alguien despeinado, con camisa, sello de discoteca y un periódico. No lo sé, quizás sea mi forma de volver al hogar.
Y eso hice ayer, con el mediodía amenazando me dio por comprar el periódico y terminar el regreso a casa hojeándolo, empezando siempre por el final, lo siento pero es algo que no creo que pueda cambiar a estas alturas de la película.
Y ahí estaba mi paisano Juan Cruz, cerrando las páginas de El País hablando del miedo (lo puedes leer aquí).
Lo he corroborado leyendo algunas notas en mi móvil y el miedo siempre me ha generado curiosidad, siempre ha sido fuente inspiración, quizás sea la palabra más incluida en estas cosas que escribo. Y siempre escribí considerando a los miedos como un lastre, como un freno, como el mayor de los males, aun consciente de que muchos de nuestros miedos son ficticios, un mero invento. Pero jamás me dio por pensar que el miedo podría ser un impulso, un mecanismo que nos invita a actuar, a descubrir nuestros talentos, a sacar lo mejor de nosotros.
Pero creo que más importante todavía es confirmar que tras muchos de nuestros comportamientos hay un miedo detrás justificándonos, y me aterra imaginar que mi gente esté teniendo miedo y yo sea incapaz de verlo. Creo que de esto ya escribiré más adelante.
Pensándolo ahora, quizás detrás de mi costumbre de comprar el periódico de vuelta a casa haya algún miedo, tendré que analizarlo.
domingo, 29 de septiembre de 2019
sábado, 31 de agosto de 2019
Mis lugares
Si por algo me alegro del fin del verano es por el supuesto regreso del rigor a los medios de comunicación. Abres los diarios y en las entrevistas se limitan a preguntar por un color, una canción o un lugar. Entrevistas frescas he oído que las llaman algunos iluminados. Y yo, que nunca he sido de elegir comienzo a plantearme qué respondería yo a esas preguntas si algún día la fama me alcanzase y a alguien le interesara algo así.
Hablemos de lugares, hay lugares que cambian, lugares que permanecen iguales ante el paso del tiempo o lugares que no queremos que cambien, y cambian. Hay lugares que nos esperan o lugares en los que hemos sido felices, a los que Sabina advertía que no hemos tratar de volver. Y quizás ese sea el motivo por el que hay lugares de los que no queremos irnos nunca.
La extensión de los lugares varía, porque hay lugares que ocupan 3 metros cuadrados, 500 hectáreas, un continente y lugares tan grandes que simplemente no ocupan. A estos últimos, puedes llamarlos recuerdos, imaginación, o como quieras, no todo ha de tener nombre.
Hay lugares por los que pasamos a diario ignorando el peligro que esconden. Puede que la esquina que siempre bordeas haya sido escenario del primer beso de alguna pareja, aunque no haya cartel que indique el riesgo de alto voltaje que allí se esconde.
No es el paisaje, no son las fotos que a diario acapare el espacio, ni tan siquiera es la ausencia de ruido, es simplemente la sensación que en nosotros dejaron. A muchos de mis lugares vuelvo con frecuencia y aunque todavía no lo he hecho, no descarto algún día poder acercarme a los niños escépticos que jueguen sobre el asfalto y decirles, '¿Ves este lugar? Pues aquí un día sucedió la magia'.
En definitiva, creo que no se trata de buscar nuestro lugar en el mundo como seudo-coachs nos hacen creer, sino de buscar qué huella queremos dejar en cada lugar.
Hablemos de lugares, hay lugares que cambian, lugares que permanecen iguales ante el paso del tiempo o lugares que no queremos que cambien, y cambian. Hay lugares que nos esperan o lugares en los que hemos sido felices, a los que Sabina advertía que no hemos tratar de volver. Y quizás ese sea el motivo por el que hay lugares de los que no queremos irnos nunca.
La extensión de los lugares varía, porque hay lugares que ocupan 3 metros cuadrados, 500 hectáreas, un continente y lugares tan grandes que simplemente no ocupan. A estos últimos, puedes llamarlos recuerdos, imaginación, o como quieras, no todo ha de tener nombre.
Hay lugares por los que pasamos a diario ignorando el peligro que esconden. Puede que la esquina que siempre bordeas haya sido escenario del primer beso de alguna pareja, aunque no haya cartel que indique el riesgo de alto voltaje que allí se esconde.
No es el paisaje, no son las fotos que a diario acapare el espacio, ni tan siquiera es la ausencia de ruido, es simplemente la sensación que en nosotros dejaron. A muchos de mis lugares vuelvo con frecuencia y aunque todavía no lo he hecho, no descarto algún día poder acercarme a los niños escépticos que jueguen sobre el asfalto y decirles, '¿Ves este lugar? Pues aquí un día sucedió la magia'.
En definitiva, creo que no se trata de buscar nuestro lugar en el mundo como seudo-coachs nos hacen creer, sino de buscar qué huella queremos dejar en cada lugar.
miércoles, 31 de julio de 2019
Los veranos han cambiado
No sé cómo lo hago, pero cada vez pasan más rápido los veranos. Y escribo esto con nostalgia, más allá de esas noches de Grand Prix recién duchado, con arena en la ducha y agua en los oídos. Con asombro al verme reflejado en el espejo del baño con un moreno intenso.
Mis veranos ya no saben a botellón en la calle ni a libros llenos de crema solar, a bañadores enjuagados o a nevera con refrescos.
Y sí, en algún momento escribí a los amores de verano, reconociendo que pese a ser amores de usar y tirar, eran amores al fin y al cabo. Y no, nunca tuve un amor de verano, mi forma de ser no me dejaría amar con otra fecha de caducidad que no sea la muerte. Aunque cada la eternidad me parezca más improbable.
La época estival no es más que una excusa para alargar los días y para proponer arreglar el mundo desde una terraza. El mundo no tiene arreglo, pero es momento de soñar que sí se puede.
El verano es época para olvidar, y no hablo solo del frío o el reloj en la guantera del coche. Es momento de desconectar, de no recordar ni cómo se coge un lápiz o de no saber ni qué día es.
Y así estoy yo, no por desconectar, sino por no saber qué día es y por estar una vez más buscando excusa por abandonar este blog.
Te deseo que vivas tu verano a tu manera, con nostalgia o sin ella.
domingo, 30 de junio de 2019
Hace mucho mucho mucho
Viajo en Metro y oigo que un niño, de no más de 3 años le recuerda a su madre una historia de "hace mucho mucho mucho", y matiza que era de cuando él era pequeño, como si ahora estuviera preparado para sobrevivir en este mundo de gigantes. Vale, quizás lo esté.
No puedo evitar sonreír para mis adentros y pensar que su "hace mucho mucho mucho" seguro fue mi ayer.
Y me pongo a pensar, algo raro en mí, y me parece curioso que cuanta más edad tienes más cercano te parece todo y cuando más joven eres más lejano queda todo.
Siempre recuerdo como cuando yo tenía 15 años alguien me dijo eso de "si yo tuviera tu edad con lo que ahora sé,..." y para mis adentros pensé que era imposible que hubiera algo que yo no supiera. Y mírame ahora, casi duplicando edad, toda la vida estudiando y ahora sí que reconozco que nada sé. Sí, Descartes estaría orgulloso de mí.
El caso es que llego a mi parada y decido que quiero seguir viviendo. Pensar no debe ser tan bueno.
No puedo evitar sonreír para mis adentros y pensar que su "hace mucho mucho mucho" seguro fue mi ayer.
Y me pongo a pensar, algo raro en mí, y me parece curioso que cuanta más edad tienes más cercano te parece todo y cuando más joven eres más lejano queda todo.
Siempre recuerdo como cuando yo tenía 15 años alguien me dijo eso de "si yo tuviera tu edad con lo que ahora sé,..." y para mis adentros pensé que era imposible que hubiera algo que yo no supiera. Y mírame ahora, casi duplicando edad, toda la vida estudiando y ahora sí que reconozco que nada sé. Sí, Descartes estaría orgulloso de mí.
El caso es que llego a mi parada y decido que quiero seguir viviendo. Pensar no debe ser tan bueno.
lunes, 27 de mayo de 2019
Lugares olvidados
Me preguntan por mi blog y respondo que lo tengo descuidado, tanto que le han salido telarañas, a la vez que me reconozco a mí mismo que hay cierta belleza en los lugares abandonados, o al menos en los poco transitados.
Hay telarañas, pero no se ven arañas cerca. ¡Qué más quisiera yo que hubiera vida en él! Porque el único resto de vida que hay son unas huellas de zapato del 41 y la marca de algo que parece un tacón. He sido afortunado y he mantenido alejadas a ratas y cucarachas, o al menos no hay heces de roedores ni negros cadáveres a la vista.
Hay polvo, mucho polvo, demasiado polvo, escondido y sin esconder. Tanto que da para escribir palabras, frases, tu nombre o según tu nivel de madurez alguna figura fálica.
Todavía llega la luz, lo hace colándose, pero llega. Y está bien que así sea, porque no hay sombra sin luz, y a veces parece que lo que no se ve, no es. Y de momento, este blog sigue siendo. Tampoco hay ruido, ni eco, aunque con suerte, los días de tiempo sur se oye al viento soplar.
Junto a aquello que compré con intención de no usar nunca,hay ropa en cajas, alguna desnudez fortuita y miedos caricaturizados. Mas la ropa ya no me vale, no solo por cambio de tallaje, sino porque quizás ya no sea el que antaño fui. Quizás te valga como disfraz o como trapo y ese no sea su lugar. Porque también hay disfraces, esperando su momento, igual que una sombrilla de playa que respira aliviada porque pasó ya el invierno.
Con suerte, alguna etiqueta ayudará a encontrar eso que buscas, pero aun así, reina el desorden. Y gracias a eso, todavía quedan restos de eso que en su momento fue importante y ahora no es nada, restos que luchan por no ser vistos la próxima vez que toque hacer limpia como muestra de que definitivamente, no todo es para siempre.
Una bicicleta con las ruedas en el suelo, secretos y algo que no debiera estar, pero está, completan este paisaje.Hay cuadros sin firmar y palabras escritas que ya no volverán a ser leídas, condenadas al olvido hasta que como en Jumanji, la curiosidad de la adolescencia eviten su fin.
Hay recuerdos como razón de ser, y ahora estás tú. Perdona el desorden, pero tienes permiso para rebuscar.
Hay telarañas, pero no se ven arañas cerca. ¡Qué más quisiera yo que hubiera vida en él! Porque el único resto de vida que hay son unas huellas de zapato del 41 y la marca de algo que parece un tacón. He sido afortunado y he mantenido alejadas a ratas y cucarachas, o al menos no hay heces de roedores ni negros cadáveres a la vista.
Hay polvo, mucho polvo, demasiado polvo, escondido y sin esconder. Tanto que da para escribir palabras, frases, tu nombre o según tu nivel de madurez alguna figura fálica.
Todavía llega la luz, lo hace colándose, pero llega. Y está bien que así sea, porque no hay sombra sin luz, y a veces parece que lo que no se ve, no es. Y de momento, este blog sigue siendo. Tampoco hay ruido, ni eco, aunque con suerte, los días de tiempo sur se oye al viento soplar.
Junto a aquello que compré con intención de no usar nunca,hay ropa en cajas, alguna desnudez fortuita y miedos caricaturizados. Mas la ropa ya no me vale, no solo por cambio de tallaje, sino porque quizás ya no sea el que antaño fui. Quizás te valga como disfraz o como trapo y ese no sea su lugar. Porque también hay disfraces, esperando su momento, igual que una sombrilla de playa que respira aliviada porque pasó ya el invierno.
Con suerte, alguna etiqueta ayudará a encontrar eso que buscas, pero aun así, reina el desorden. Y gracias a eso, todavía quedan restos de eso que en su momento fue importante y ahora no es nada, restos que luchan por no ser vistos la próxima vez que toque hacer limpia como muestra de que definitivamente, no todo es para siempre.
Una bicicleta con las ruedas en el suelo, secretos y algo que no debiera estar, pero está, completan este paisaje.Hay cuadros sin firmar y palabras escritas que ya no volverán a ser leídas, condenadas al olvido hasta que como en Jumanji, la curiosidad de la adolescencia eviten su fin.
Hay recuerdos como razón de ser, y ahora estás tú. Perdona el desorden, pero tienes permiso para rebuscar.
sábado, 20 de abril de 2019
Otro 20 de abril...
No sé si fue el poeta, el cantante o el filósofo el que dijo que somos los libros leídos, los discos escuchados y los vinos bebidos (y si no lo dijo nadie, lo digo yo). Somos también el tiempo que compartimos con los demás. así que nos guste o no, todavía guardo un poco de ti en mí, y tú llevas contigo parte de mí.
Y no, no es necesario que intentes devolver lo que ahora es tuyo ni reclamar de vuelta lo que un día me diste. Sí podría contarte todo lo que tu pedacito y yo hemos vivido, de cómo gente me recordó a ti, de aquella gente buena que se cruzó en mi camino y dejó su pedazo en mí, y de aquellos no tan buenos que también dejaron su huella.
Tú cogiste tu camino, o yo el mío, pero que sepas que fue un placer compartir recorrido contigo. Y de veras te agradezco el ser tan diferente a mí, el tiempo me ha demostrado que la gente que te enriquece no es precisamente la que piensa igual que uno.
Creo que por encima de todo lo que mencioné al principio, somos todo aquello que soñamos. Y te doy las gracias, por aquellos planes que soñamos y nunca cumplimos, todavía queda el anhelo de poder cumplirlos, aunque el tiempo cada vez pase más rápido.
Y solo por eso, termino aquí mi cada vez menos extensa carta del 20 de abril.
¡Sigue paseando mi trocito que yo seguiré haciendo lo propio con el tuyo!
Y no, no es necesario que intentes devolver lo que ahora es tuyo ni reclamar de vuelta lo que un día me diste. Sí podría contarte todo lo que tu pedacito y yo hemos vivido, de cómo gente me recordó a ti, de aquella gente buena que se cruzó en mi camino y dejó su pedazo en mí, y de aquellos no tan buenos que también dejaron su huella.
Tú cogiste tu camino, o yo el mío, pero que sepas que fue un placer compartir recorrido contigo. Y de veras te agradezco el ser tan diferente a mí, el tiempo me ha demostrado que la gente que te enriquece no es precisamente la que piensa igual que uno.
Creo que por encima de todo lo que mencioné al principio, somos todo aquello que soñamos. Y te doy las gracias, por aquellos planes que soñamos y nunca cumplimos, todavía queda el anhelo de poder cumplirlos, aunque el tiempo cada vez pase más rápido.
Y solo por eso, termino aquí mi cada vez menos extensa carta del 20 de abril.
¡Sigue paseando mi trocito que yo seguiré haciendo lo propio con el tuyo!
domingo, 31 de marzo de 2019
Lo estás haciendo bien
Bien, pero bien de adverbio.
Porque este es un texto para recordarte una sola cosa que no quieren que sepas: “lo estás haciendo bien”.
No te voy a pedir que te lo repitas, ya lo hago yo por ti.
Porque sí, sabes bien que la perfección no existe y pese a ello te empeñas en encontrarla. No seas cruel con tu persona, porque lo estás haciendo bien.
Dicen y dicen, y vuelven a decir que intentes de otra forma lo que ya funciona. No hace falta alejarse de esa gente, simplemente no les hagas caso, porque lo estás haciendo bien.
Que nos han soltado en un mundo cada vez más loco sin manual de instrucciones no es nuevo. Y tú, has escrito el tuyo. Y eso está bien.
Puedes tener los ojos más bonitos jamás vistos, pero si eres incapaz de ver lo bien que lo estás haciendo, ya no serán útiles.
Lo estás haciendo bien, y ¿sabes qué? Mañana lo harás mejor.
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