lunes, 27 de mayo de 2019

Lugares olvidados

Me preguntan por mi blog y respondo que lo tengo descuidado, tanto que le han salido telarañas, a la vez que me reconozco a mí mismo que hay cierta belleza en los lugares abandonados, o al menos en los poco transitados.

Hay telarañas, pero no se ven arañas cerca. ¡Qué más quisiera yo que hubiera vida en él! Porque el único resto de vida que hay son unas huellas de zapato del 41 y la marca de algo que parece un tacón. He sido afortunado y he mantenido alejadas a ratas y cucarachas, o al menos no hay heces de roedores ni negros cadáveres a la vista.

Hay polvo, mucho polvo, demasiado polvo, escondido y sin esconder. Tanto que da para escribir palabras, frases, tu nombre o según tu nivel de madurez alguna figura fálica.

Todavía llega la luz, lo hace colándose, pero llega. Y está bien que así sea, porque no hay sombra sin luz, y a veces parece que lo que no se ve, no es. Y de momento, este blog sigue siendo. Tampoco hay ruido, ni eco, aunque con suerte, los días de tiempo sur se oye al viento soplar. 

Junto a aquello que compré con intención de no usar nunca,hay ropa en cajas, alguna desnudez fortuita y miedos caricaturizados. Mas la ropa ya no me vale, no solo por cambio de tallaje, sino porque quizás ya no sea el que antaño fui. Quizás te valga como disfraz o como trapo y ese no sea su lugar. Porque también hay disfraces, esperando su momento, igual que una sombrilla de playa que respira aliviada porque pasó ya el invierno.

Con suerte, alguna etiqueta ayudará a encontrar eso que buscas, pero aun así, reina el desorden. Y gracias a eso, todavía quedan restos de eso que en su momento fue importante y ahora no es nada, restos que luchan por no ser vistos la próxima vez que toque hacer limpia como muestra de que definitivamente, no todo es para siempre.

Una bicicleta con las ruedas en el suelo, secretos y algo que no debiera estar, pero está, completan este paisaje.Hay cuadros sin firmar y palabras escritas que ya no volverán a ser leídas, condenadas al olvido hasta que como en Jumanji, la curiosidad de la adolescencia eviten su fin.

Hay recuerdos como razón de ser, y ahora estás tú. Perdona el desorden, pero tienes permiso para rebuscar.

sábado, 20 de abril de 2019

Otro 20 de abril...

No sé si fue el poeta, el cantante o el filósofo el que dijo que somos los libros leídos, los discos escuchados y los vinos bebidos (y si no lo dijo nadie, lo digo yo). Somos también el tiempo que compartimos con los demás. así que nos guste o no, todavía guardo un poco de ti en mí, y tú llevas contigo parte de mí.

Y no, no es necesario que intentes devolver lo que ahora es tuyo ni reclamar de vuelta lo que un día me diste. Sí podría contarte todo lo que tu pedacito y yo hemos vivido, de cómo gente me recordó a ti, de aquella gente buena que se cruzó en mi camino y dejó su pedazo en mí, y de aquellos no tan buenos que también dejaron su huella.

Tú cogiste tu camino, o yo el mío, pero que sepas que fue un placer compartir recorrido contigo. Y de veras te agradezco el ser tan diferente a mí, el tiempo me ha demostrado que la gente que te enriquece no es precisamente la que piensa igual que uno.

Creo que por encima de todo lo que mencioné al principio, somos todo aquello que soñamos. Y te doy las gracias, por aquellos planes que soñamos y nunca cumplimos, todavía queda el anhelo de poder cumplirlos, aunque el tiempo cada vez pase más rápido.

Y solo por eso, termino aquí mi cada vez menos extensa carta del 20 de abril.

¡Sigue paseando mi trocito que yo seguiré haciendo lo propio con el tuyo!





domingo, 31 de marzo de 2019

Lo estás haciendo bien

Bien, pero bien de adverbio.

Porque este es un texto para recordarte una sola cosa  que no quieren que sepas: “lo estás haciendo bien”.

No te voy a pedir que te lo repitas, ya lo hago yo por ti.

Porque sí, sabes bien que la perfección no existe y pese a ello te empeñas en encontrarla. No seas cruel con tu persona, porque lo estás haciendo bien.

Dicen y dicen, y vuelven a decir que intentes de otra forma lo que ya funciona. No hace falta alejarse de esa gente, simplemente no les hagas caso, porque lo estás haciendo bien.

Que nos han soltado en un mundo cada vez más loco sin manual de instrucciones no es nuevo. Y tú, has escrito el tuyo. Y eso está bien.

Puedes tener los ojos más bonitos jamás vistos, pero si eres incapaz de ver lo bien que lo estás haciendo, ya no serán útiles.



Lo estás haciendo bien, y ¿sabes qué? Mañana lo harás mejor.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Cuento de febrero

Ahora, que la Navidad queda lejana, que los niños ya no son protagonistas y las bufandas yacen en los armarios. Ahora que en las calles faltan luces y no hay tanta prisa por reunirnos y vernos. En definitiva, ahora que hemos dejado de creer en la magia traigo un pequeño cuento. Un cuento tan fantástico como real. Un cuento tan mío como tuyo.

El caso es que todos los días al salir de casa, sigilosos, me seguían. En el mejor de los casos, viajaban en mis bolsillos, oprimidos entre la cartera y las llaves. En otras ocasiones, se colaban entre los calcetines y hacían que los pies me pesaran más, o en mi abdomen, agarrados cual murciélagos de mi camisa y provocando un evidente cosquilleo que alguna vez confundí con mariposas. Pero sin lugar a dudas,  peor era cuando se subían a mi espalda y casi me impedían caminar recto.

Eran tantos, que alguna vez ocuparon todos los recovecos de mi cuerpo y era casi imposible salir a la calle.

Hasta que un día, con alevosía y mucho sigilo salí por la puerta sin ellos. Y no me fue nada mal. Por supuesto, al volver a casa me estaban esperando, con mirada triste y cara de no haber roto un plato.

Al día siguiente, volví a repetir estrategia, pero se habían organizado haciendo guardia para que no saliera de casa sin ellos. Así que no me quedó otra que sacudirme al salir. No fue fácil, pero lo conseguí. Más difícil fue descubrir al llegar a casa todos los destrozos que habían hecho durante mi ausencia.

Así pasaron los días, algunos más tranquilos que otros, hasta que un sábado por la noche, al abrir la puerta, descubrí que se habían ido. Se habían aburrido, y sin avisar, me habían abandonado.

Y debo decir que no los eché de menos. Sí descubrí tiempo después lo inteligente que eran cuando un día descubrí bajo mi cama, entre polvo y restos de galletas las alas que había dado por rotas. No me las habían roto, simplemente me las habían escondido.

jueves, 31 de enero de 2019

Romper

Hace unas semanas, me contaban que en la cultura japonesa la palabra “romper” tiene muchas connotaciones negativas, y que por ello, los nipones suelen preferir el uso de la palabra “abrir”.

Sinceramente, no he hecho el más mínimo esfuerzo por confirmar que eso sea cierto, en parte por pereza y también por miedo a que no fuera cierto y me quedara sin reflexión. No olvidemos eso de “no dejes que la verdad te estropee un buen titular”. 

Desde que oí la reflexión, supe que ahí había una entrada en potencia en este cada vez más abandonado blog. No supe ni cómo, ni cuándo, pero no podía (ni puedo) guardarme para mí solo tal reflexión.

De esta forma, los habitantes del país del sol naciente, me han hecho pensar que ciertamente es lo mismo romper prejuicios que abrir la mente, abrir la boca casi siempre es romper con el silencio y romper muros es abrirse a la libertad.

Porque sí, como casi todo en la vida, muchas cosas dependen del prisma con el que miremos, o de los matices con que nos lo cuentan. Así hay quien sufre con una ruptura amorosa, y quién ve una apertura al mundo, cuando el amor termina.

Pero ahí no terminó mi reflexión, porque seguí dándole vueltas al asunto (algo no tan rato en mí) y me puse a pensar si por consiguiente, cerrar se puede cambiar por arreglar. Y sí, a veces hay que cerrar la puerta, para que todo se arregle, cerrar la boca para que vuelva el silencio. Tal es la historia, que encerramos en cárceles a quien se ha portado mal, para que se recomponga, o él o la sociedad (y no siempre funciona).

Todo esto me recuerda a un simulacro de maestro que tuve que de vez en cuando me recordaba que todo "pero" se puede cambiar por un "y". 

Jamás le hice caso, así que con permiso de los japoneses, es muy probable que siga usando el verbo romper. Siempre me gustó romper con todo.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Camino a 2019


Decía el poeta que se hace camino al andar, y el camino que me paseó por este moribundo 2018 rumbo a 2019 ha sido el más difícil y a la vez más gratificante de cuantos recuerdo. Más de 3,8 millones de pasos he dado este año según mi reloj, y pese a los traspiés hoy puedo sentarme a escribir que cada uno de esos pasos físicos y metafóricos han sido necesarios. Ninguno ha sobrado.

Dicen también que el halago debilita, y creo que este año ha sido en el que más halagos recibí, y pese a ellos estoy más fuerte que nunca. Y no, no hablo de fortaleza física precisamente.

Este 2018 conjugué muchos de los verbos que conozco y creo que el más doloroso ha sido despedir, no olviden la frase de Risto Mejide: ‘Crecer es aprender a despedirse’ y quizás haya pasos desagradables por los que pasar para poder seguir creciendo.

Será el tiempo y sus inclemencias quien decida cuántas huellas quedan en mi camino de este paso por 2018. Por lo pronto, ya ha dejado mi huella, haciéndome comenzar este resumen anual hablando de mí mismo creo que por primera vez. Y por seguir cambiando, no quiero esperar a la última línea para dar las gracias a todos y todas las personas que me acompañaron este año.

2018 será recordado por otros tantos caminos: el camino hacia la igualdad que llenó las calles el 8 de marzo, o el camino que el pequeño Gabriel jamás llegó a completar son solo un ejemplo.

Y ruido, no ha faltado ruido en este camino, impidiéndonos oír a los pájaros cantar, al viento soplar y a los árboles desperezarse. Y así llegó Vox o las cremas Olay robadas, así el Valle de los Caídos multiplicó sus visitas, así Cataluña siguió llenándose de lazos amarillos. Y no, por mucho que cambie, no tengo intención de comenzar a hacer valoraciones políticas en este blog.

Vimos al cuñado del Rey caminar hacia prisión, a varios ministros dimitir, una moción de censura, un Presidente sospechoso de copiar y no sé cuántos casos de máster regalados.

Pero vimos también a una estrella del tenis ayudar a reparar los estragos de una riada, a un equipo de niños sobrevivir a varios días en una cueva tailandesa y a una catalana revitalizar el flamenco.

Forges, Stephen Hawking, Quini, José María Íñigo, Montserrat Caballé, Stan Lee o Avicci cogieron otro camino y nos abandonando, haciendo que este mundo fuera un poquito peor sin ellos.


En lo deportivo, este camino ha estado marcado por varios nombres. Y es que vimos cómo se cesaba a un seleccionador a pocas horas de comenzar un Mundial, a una estrella ególatra estropear las celebraciones de su equipo o un Presidente empeñando en llevar La Liga a Estados Unidos. Sin embargo, no solo de fútbol ha vivido este año, y así hemos visto retirarse a Alonso o Pedrosa, a la selección femenina de baloncesto brillar en Tenerife y a mil deportistas más ganar sin copar portadas. (Del Tenerife mejor no decir nada).


Para el año que comienza, solo pido poder estar dentro de un año escribiendo con la sensación de seguir en el camino correcto y con la gente correcta. ¡Que tu camino te lleve a donde quieras llegar!

¡Feliz 2019!

jueves, 29 de noviembre de 2018

LUZ

Llegó el 25 de noviembre, pasó y no dediqué ni una sola palabra al Día Contra la Violencia de Género. Suena a cliché decir que ojalá ese día pase a celebrarse otras cosas, y como no quiero caer en tópicos, he decidido que sea un paso de peatones el que hable por mí.


Porque sí, no hay mujer sin luz, y me atrevería a decir que cada una brilla con su propia intensidad.

Ojalá solamente el destino, o cada una pueda elegir cuándo se acaba su luz.