martes, 20 de abril de 2021

20 de abril (suma y sigue)

 20 de abril de 2021

Cuéntame, ¿cómo estás?. Y no, no es un cómo estás de compromiso, de esos que nacen sin esperar respuesta. Es una pregunta sincera, cuéntame. 

Debo decirte que aunque hace tiempo que dejaste de doler, y aunque ya asumí que hay planes que nacieron para nunca cumplirse, de vez en cuando te recuerdo. Y si te sirve de consuelo, al final siempre queda un dulce regusto. Por ello, no me queda más que ser agradecido contigo.

Nos hacemos mayores, y seguro que nos hemos convertido en todo aquello que dijimos que nunca seríamos. Solo pido que el brillo de tus ojos nunca cambie, que nadie te haya expoliado tu alegría. 

Pero cuéntame, qué es de ti. ¿Has podido mantener tu fidelidad hacia el yo que hace tiempo conocí? ¿Los pájaros de tu cabeza que te hacían tan tú han logrado escapar? 

No sé si a tu vida ha llegado alguna cigüeña cargada, si tus noches ahora suenan a llantos y no a aquellas canciones que bailábamos de aquella manera. Si es así, espero que algún día le cuentes a tus herederos que hubo un tiempo en que soñabas con los ojos abiertos un futuro mejor a este presente, y a tu lado estaba yo.

Por mi parte, todo sigue bien, llego tarde a casi todo, pero sigo en pie.

Seguro ya no sabes dónde encontrarme, es algo que ni yo mismo sé, así que no me enfadaré si no respondes. 





miércoles, 31 de marzo de 2021

¿Qué nos está pasando?

 Por edad, o quizás por otros motivos, debería ser de la generación paperless. Pero no, no lo soy, no sé si es el olor, mi memoria fotográfica para recordar por qué página voy o simplemente que tener algo tangible me da la sensación de no olvidar nunca el libro en cuestión. No lo sé.


Algo parecido me pasa con los discos de música. Me gusta comprarlos, para luego digitalizarlos y escucharlos desde mi teléfono. Con suerte, el disco más afortunado sonará en el coche, pero cada vez menos, al fin y al cabo sigo viéndole la gracia a la incertidumbre de escuchar radios musicales. Tal es este sucedáneo de TOC que he llegado a comprar vinilos sin saber si el viejo tocadiscos de casa funcionaba (como era de esperar, no, no funcionaba).


Sin embargo, esta manía mía no me impide ver las ventajas de los juegos soportes. Al fin y al cabo, gracias a ellos he podido hacer nuevos descubrimientos culturales o saciar la sed de alguna canción concreta.


Y sí, todo esto lo cuento para justificar que a mí haya llegado una vieja canción, una de esas que si todavía no ha pasado a los anales de la historia, no creo que lo haga. Con todos los respetos a sus autores.





¿Qué me está pasando? ¿Qué nos está pasando?


Que con cualquier cosa nos conformamos y aceptamos un mensaje antes que una llamada, que entregamos 5 días a la semana a no sé quién para poder tener dos para nosotros. Que seguimos haciendo caso a nuestro orgullo antes que a nuestro corazón, o cabeza. Seguimos usando el plural solo para culpar y conjugamos solo la primera persona del singular para vivir.


Y sí, creo que lo que me pasa es que me hago mayor, ya lo he comentado antes.

domingo, 21 de febrero de 2021

Domingo de piñata


Tú ibas vestida igual que tus amigas, yo, a saber de qué. Me lo preguntaste y yo traté de explicarte. No sé si lo conseguí. Nada nuevo, hay cosas que nunca te pude explicar.

Antes, sin darme cuenta te había estado buscando, siempre alerta. Y apareciste, cuando yo buscaba hielo, haciendo que de repente cualquier búsqueda que no llevara a tu saludo dejara de tener sentido.

Yo, lo suficientemente borracho como para sentir vergüenza al día siguiente, tú lo suficientemente sobria como para poder recordar lo hablado. 

No recuerdo qué canción sonaba, solo que hablamos del pasado, te conté de las veces que pensé en ti, y deseé, como deseo, que alguien te haya dado todo el amor que mereces y que yo no llegué a tiempo a darte. Seguiste sin entender mi disfraz, pero las heridas se disfrazaron de cicatrices por un momento, y no por la magia del alcohol.

Luego marchaste, prometiendo dar señales de vida, y de repente, por cada metro, se hizo un muro. 

Buscando tu llamada perdida, acabé encontrando un mensaje tuyo "me alegro de haberte visto, ya estoy en casa" y yo supe que quizás no fuera allí donde querías estar.

Y a ese día, quizás quieras llamarlo "algún día", yo prefiero llamarlo, "el carnaval que nunca fue".

domingo, 31 de enero de 2021

Ruido

 Me hago mayor. Podría notarse en las arrugas, en mi deplorable estado físico o en el indicador que desees, y probablemente estés en lo cierto. Sin embargo, creo que lo que más denota esta vejez quizás precoz es mi obsesión por el silencio. 

He decidido votar a quien me asegure en su programa electoral que perseguirá y sancionará a quienes insolidariamente deciden compartir su música con quien no lo hemos pedido, ya sea en la calle, en el transporte público o en la playa. Y sí, se me hace raro hablar de insolidaridad y hablar de compartir en la misma frase. 

Puede que en algún momento lo hiciera, principalmente en aquellos años y aquellas edades en las que llamar la atención era casi una prioridad, pero tampoco soporto a quienes ríen en voz alta, con su respectiva palmada cualquier tontería, solo por el mero hecho de hacerse notar.

“Son jóvenes, por mucho que se lo expliques, no lo van a entender” dice un señor a su señora mientras unos jóvenes recrean la escena mencionada en el párrafo anterior. Y yo, asiento para mis adentros, confirmando que me hago mayor. Luego marchan, y yo respiro aliviado, como cuando alguien apaga el extractor de la cocina, mientras me digo que el placer está en pequeñas cosas, y el silencio es una de ellas cuando es elegido.

No sé si ya lo he escrito anteriormente, diría que sí, pero en su momento aprendí en clase de Música que un tal John Cage había descubierto que el silencio absoluto no existe, y quizás por eso a veces me dé por pensar que la felicidad absoluta tampoco existe.

jueves, 31 de diciembre de 2020

El año en que...

En una de sus canciones, Andrés Suárez, uno de mis cantautores de cabecera, bautizó a este 2020 que afortunadamente termina como "el año en que no hubo verano ni fiestas de barrio". Y aunque es una descripción muy acertada, se me ocurren muchas otras que complementen esta descripción.

Porque este 2020 también ha sido el año de las mascarillas, del hidrogel, de la carrera por la vacuna, de los PCRs, ERTEs, de las clases de gimnasia en el salón, de los asintomáticos o de los besos y abrazos pendientes que pienso cumplir.  Porque prometo abrazar diferente, cerrando los ojos, y lo dejo hoy, 31 de diciembre por escrito.

Fue año en que descubrimos quién le había robado el mes de abril a Sabina, de los últimos carnavales en la vieja normalidad, el año en que El Grinch consiguió dejarnos sin Navidad, o tuvimos que pedir cita para ir a la playa, el año de cifras en el telediario por encima de nuestras posibilidades de digestión o el de aquellos días en que supimos que un beso por videollamada no es igual.

2020 será el año del confinamiento; de los aplausos a las 7, del “a ver si esta mierda termina pronto”, del miedo y los balconazis. El año del vacío, ya fuera en calles, oficinas, gradas, cabezas, corazones, cines o terrazas.

Fue el año bisiesto al que le sobraron muchos días, en el que llegamos a creer que saldríamos mejores y nos dijimos aquello tan repetido de "éramos felices y no lo sabíamos", en el que o endiosamos o machacamos al bueno de Fernando Simón o en el que acabamos con todas las existencias de papel higiénico.

2020 era el año redondo que no lo fue tanto, el año olímpico que tampoco lo fue, el momento en que corroboramos que siempre, la realidad podrá superar a la ficción. El año del "Resistiré" en los altavoces y el "Ya no puedo más" en boca de los hosteleros y multitud de empresarios. 


Este 2020 será el año de despedidas que quizás ya ni recordemos, de Michael Robinson a Pau Donés, de Aute, a David Gistau, pasando por Lucía Bosé o El Diego, sin olvidarnos jamás de todos los familiares que hoy, y siempre no volverán a estar físicamente en nuestras mesas.


Pandemia aparte, este año nos ha traído el desalojo de Trump de la Casa Blanca, del Black Lives Matter, de la aprobación de la eutanasia o del Rey emérito huido. Ha sido el año de la vergüenza en Arguineguín y el primero en muchos en que no tuvimos que ir a las urnas.

En lo personal, este 2020 termina con altas y sin bajas en mi familia, y lo celebro pero en mi cabeza no dejan de resonar las palabras de mi amigo Javi, que hace unos meses me dijo que deberían darnos el derecho a elegir si este año cuenta en nuestras vidas o no. Francamente, no sabría con qué quedarme, pero en ningún caso, dejaré de desearles lo mejor para este 2021 que en nada empieza.

¡A vivir!




lunes, 30 de noviembre de 2020

Paraguas

Llegados a este punto, hay algo que debo confesar: no creo en los paraguas.

No es que sea escéptico o que tenga mis dudas sobre su utilidad, simplemente ya no creo en ellos. 

Será que tuve la suerte de ver Venecia con lluvia, que en mi ciudad la lluvia hace brotar vida entre los adoquines y los tejados o que no pude darle mucho uso a mis botas de agua de Mickey durante mi juventud. Al fin y al cabo, ¿a quién no le ha intrigado nunca la lluvia?

Sí, sé que una herramienta a la que Rihanna dedicó una canción o que tiene un objeto específico para guardarlo, mientras esperan su oportunidad, pero ya no creo en ellos. Lo siento. 

Bajo él disfruté de grandes compañías y por ello no me importó perderme bellos paisajes, pero eso fue cuando creía en ellos.

No sé, a lo mejor es que que no crecí lo suficiente como para poder llevarlo con seguridad y firmeza, o que me he vuelto práctico y no me gusta cargar con nada, que es una responsabilidad tener que cuidar de un objeto más, no lo sé bien.

El caso es que ya no creo en los paraguas, por lo que puedo añadir un nuevo punto a esta entrada que hace ya unos cuantos años escribí a un niño que espero haya crecido feliz.


viernes, 23 de octubre de 2020

En mis 13

 A veces me gusta darle la vuelta a las cosas y tratar de buscar la forma de ver las cosas con ojos nuevos. En cambio otras, prefiero seguir conservando algunas tradiciones. Pero sin duda, lo mejor es cuando logro darle una vuelta a lo de siempre, conservando tradiciones. ¿Cómo era aquello de 'que todo cambie para que nada cambie?

Así que aquí estoy, dándole la vuelta a los 31 que hoy cumplo, para decir que estoy en mis 13, que sigo en mis trece.

Porque sí, pese a los años sigo en mis trece, paseándome por mi mundo interior, trancando las puertas a desconocidos. Sigo en mis trece, acumulando libros, soñando despierto y luchando por hacer que mis sueños dejen de serlo.

Sigo en mis trece creyendo que hay un mundo mejor esperándome, sin por ello dejar de valorar las cosas buenas de este. Sigo en mis trece en eso de querer a mi manera, aunque a veces mi querer no sea compatible con otros. 

Porque no me avergüenza reconocer que sigo en mis 13, con todo por hacer, amando y odiando al tiempo por ir tan rápido, cuando tiempo es todo lo que tenemos, todo lo que somos. Y seguiré en mis trece pensando así, llámame cabezón.

Sigo en mis 13, esperando poder seguir cumpliendo, poder seguir dándole vueltas a las cosas, mientras la Tierra da vueltas al sol.