miércoles, 6 de junio de 2012
Confianza
martes, 15 de mayo de 2012
Better days
viernes, 20 de abril de 2012
Salvando la tradición de los 20 de abril
miércoles, 4 de abril de 2012
Creí
Es un debate muy manido, repetido y todo adjetivo que se le quiera poner, pero siempre por estas fechas se reabre un poco más el asunto de la creencia o no en Dios, una vez más no voy a mojarme con este tema, pero al menos este eterno debate ha hecho que me inspire para escribir sobre algunas de las cosas en las que he llegado a creer para luego descubrir su dudosa fiabilidad.
Para empezar me hicieron creer en los Reyes Magos, modelaron mi comportamiento a base de asustarme con poder quedarme sin regalos porque desde el cielo andaban controlándonos, a ti y a mí, y de repente, sin esperarlo un día la realidad me sorprendió en forma de regalo mal escondido, comentarios inoportunos o tickets de compra en la papelera. No sé si el fin justificaba realmente los medios pero creo que fue la primera gran vez en la que recuerdo haberme sentido engañado, algo casi inevitable.
Años y décadas más tarde, otra gran mentira fue desenmascarada, esta vez quienes me engañaron no quisieron hacerlo, me dijeron “estudia mucho para labrarte un futuro”, creo que hice algo de caso, estudié y me preparé para el futuro que me habían prometido para mí, pero este no llegó, sin embargo a otros que tomaron la pereza como camino la vida parece sonreírles, con solo participar en supuestos concursos, o con dar con la persona adecuada y enamorarla.
Exactamente lo mismo pasó con los pasos de peatones, desde la mejor de las intenciones me dijeron que creyera en ellos y los respetara, y el propio camino fue quien me dijo que había atajos más seguros.
Con los políticos seré breve, pero a veces me arrepiento de haberme creído que ellos eran la voz del pueblo y me representaban. Lo siento, pero es que he visto a políticos hacer cosas que yo nunca haría.
También llegué a creerme que la pasta de dientes blanqueante realmente funcionaba, y si fuera así yo debería tener los dientes como el que más, pero por la cuenta que me trae no voy a culpar al marketing de ello.
Los coches con las pegatinas de “Bebé a bordo” también han sido fruto de mi proceso de vuelta a la realidad tras un gran desengaño. Y es que o bien en el interior no va un niño sino un adolescente bastante crecidito, o quien conduce se cree con derecho para hacer lo que quiera con su coche.
Los aeropuertos y sus controles de seguridad merecen otro punto y aparte, de hecho, invito a que pasen con la misma ropa varias veces y vean que a veces pita el arco de seguridad y otras veces no.
Las buenas intenciones, las ofertas de Ryanair, las empresas que hacen donaciones de forma desinteresada, el amor a primera vista… y muchas cosas más han corrido igual suerte
Y acumulando decepciones he crecido, por lo que la muerte de Dios que Nietzsche anunciaba no me pillará desprevenido, de hecho, por las cosas que he contado y más he dejado de creer en la raza humana, y ya sabemos en quien se inspiró el creador para diseñar al ser humano.
lunes, 26 de marzo de 2012
Aire en movimiento
Bob Dylan cantaba que la respuesta estaba en el viento, y a su vez, inconscientemente tal vez, a modo de complemento, un villancico canario nos decía eso de “vamos a escuchar al viento”. Estas dos afirmaciones en manos de un publicista de Apple o de un propio aficionado a la tecnología serían una poco original forma de vendernos el “iCloud”. Sin embargo yo miro al cielo y no encuentro respuestas.
A veces calima, rayos de sol, nubes, y algún que otro avión y cada vez menos cometas; de noche veo la luna, y no siempre. Y por si fuera poco, este año el cielo nos regala menos lluvia de lo normal. Y no, igual que no encuentro cigüeñas cargadas de niños, tampoco encuentro respuestas, sino todo lo contrario, preguntas y más preguntas, preguntas en el aire buscando respuesta y paradójicamente yo me vuelvo insolidario y pongo más preguntas en el aire. El cielo debe estar mucho más colapsado que un juzgado español con papeles por resolver.
El cielo es un gran banco de preguntas, tanto de preguntas comunes como cuestiones individuales. A él miramos para buscar respuestas y consuelo, buscamos que nos lleve a conocer mundo y queremos también encontrarnos de nuevo en él con quienes ya no están o simplemente creer que en él podremos hacer todo lo que no hagamos en la tierra. A nivel individual en él deben estar tanto todas aquellas preguntas que no respondí o aquellas que jamás me respondieron. Hubo preguntas que no respondí por miedo, otras porque no las oí y la mayoría de ellas porque no sabía la respuesta y ni siquiera el viento pudo ayudarme a resolverlas. No sé qué hicieron los demás con mis preguntas, o si a lo mejor (o a lo peor para ser más exactos) si muchas de las preguntas que me hice y jamás salieron de mí eran compartidas y en la cabeza de la otra persona rondaba una cuestión similar.
Fuera cual fuera el motivo ya no vale lamentarse ni crear una red para atrapar preguntas, cual cazamariposas, sería volver a caer en el mismo error que cometió don Quijote hace 407 años y querer competir contra esos gigantes que son los molinos de viento. Y es que con tanto molino jugando con el viento todas las preguntas deben estar desordenadas, rotas y mezcladas.
Y una vez escrito todo esto, tengo que lanzar otra pregunta más al aire ¿qué hacen con tanta preguntas aquellos que dicen que viven del aire?
miércoles, 29 de febrero de 2012
Reflexión rápida sobre una rana
Dicen que vivimos deprisa y no deja de ser algo paradójico si nos fijamos en cómo ha crecido la esperanza de vida, el índice de paro y la mecanización del trabajo por ejemplo. Vamos por la vida con prisas, ignorando semáforos para peatones, mirando al suelo por si acaso nos pisoteen o nos sorprenda algún excremento de perro, a veces miramos al frente con el fin de encontrarnos algún rostro conocido, o desconocido pero llamativo y otras veces vamos mirando escaparates, soñando con tener o no.
¿A qué viene todo esto? En una de las calles más transitadas de mi ciudad se esconde una rana de mampostería (no sé cuál es la definición verdadera de mampostería pero juraría que la rana es de este tipo). Adosada a una columna y a dos metros y medio (aproximadamente) del suelo. Casi nadie sabe de su existencia o de su explicación, y creo que no es más que una bella metáfora que nos recuerda lo sumidos que estamos en la rutina, y lo cómodos que somos con respecto a nuestra ciudad, la rana estará para siempre, y quizás por eso no vengamos a detenernos en los detalles hasta que la vejez llegue a nosotros y todo paso y paseo suene a despedida. Probablemente quien puso la rana ahí no lo hizo para que hoy yo escribiera, pero aún así le doy las gracias por ponerla, y demostrarnos que no todo está visto, y en cualquier esquina, si buscamos podremos ver algo nuevo y sorprendente.
lunes, 13 de febrero de 2012
Segunda reflexión
Es real la escena que acabo de recrear, tanto como que cuando tuvo lugar, hace ya unos cuantos años, yo no sabía qué significaba efímero y deduje por el contexto, no sé si con acierto o no, que efímero era sinónimo de relativo.
El caso es que desde que era pequeño he sido consciente de lo moldeable que es el tiempo, y de cómo los días de piscina en verano se pasaban volando y los tediosos días de clase se hacían eternos, especialmente si se trataba de un lunes. Ahora mis percepciones han variado y en vez de comparar una hora de piscina con una hora de clase comparo un cuarto de hora de clases spinning con un cuarto de hora de un partido de fútbol, o cualquier otra estúpida comparación que se me pase por la cabeza.
Sinceramente ya he tenido suficiente tiempo para demostrarme a mí mismo que andaba equivocado cuando pensaba eso de “cuando uno se lo pasa bien el tiempo pasa más rápido” pero sorprendentemente mi supuesta madurez no me ha traído nuevos aprendizajes que remplacen al anterior y sigo fiel a mi teoría. Lo que sí he logrado es tratar de buscar una explicación a este suceso.
Por otra parte, dicen los expertos, y algún que otro grupo de investigadores de universidades remotas y no tan remotas que reír alarga la vida, ignoro si tiene algún fundamento científico o si se trata de placebo para que tratemos de reír el mayor número de veces posible. Pero por el bien de esta entrada debo pensar que tiene algún sentido.
Y es que a la conclusión que he llegado es que dentro o fuera de nosotros, no sé bien, existe una parte cuyo nombre, lugar y tamaño desconozco que se encarga de hacer que reine la justicia dentro de nosotros, y así cuando reímos estamos alargando nuestra vida para compensar el tiempo que hemos visto pasar rápido mientras nos lo estábamos pasando bien.