Hay rutinas, buenas o malas, que sin darnos cuenta dejamos de hacer. Muchas veces no le damos importancia a la última vez que las llevamos a cabo, porque ni tan siquiera sabemos que no habrá una próxima vez en un horizonte temporal cercano.
Rara vez hay un motivo aparente, simplemente sucede, como con ese amigo al que dejaste de ver y llamar, sin que nada pasara. Nada salvo el tiempo.
Lo mismo pasa con algunas palabras, las dejamos de usar, aunque esta vez con motivos. Que 'perdón' o 'gracias' son cada vez menos usadas y más necesarias no es nada nuevo, pero no escribiré hoy sobre ello. Voy más allá, más atrás en el tiempo.
El caso es que ha vuelto a mi cabeza la palabra "arrullar", y me atrevería a decir que llevaba décadas sin tener conciencia de ella. Ya fuera por haber crecido o por la estúpida manía de eliminar columpios de los parques. Tal es mi obsesión, que pese a mi edad, que cada vez que veo un columpio, intento jugar un poco, y comprobar aliviado que todavía sueño con poder dar la vuelta al columpio, o tocar las nubes con la punta del pie.
'Arrúllame' era la palabra mágica cuando las piernas no llegaban al suelo para poder dar un impulso, una forma implícita de pactar un empujón a cambio de darlo después. Es tan mágico el verbo 'arrullar', que veo que para la RAE, ninguna de las acepciones es la que yo he usado.
Creo que pocas palabras son capaces de evocarme tan buenos recuerdos como esta.
¿Nos arrullamos?
martes, 30 de junio de 2020
sábado, 30 de mayo de 2020
Fronteras
No llegaba a la década de edad, cuando Benito Cabrera compuso “Soy de aquí”. Me atrevería a decir que no solo no hay canario que no la haya escuchado sino que es imposible no emocionarse al oírla. Mismo sentimiento puede generar el Pasodoble Islas Canarias, que según tengo entendido, fue compuesto por un valenciano sin pisar las islas. En este particular podium tampoco puedo olvidar “Nube de Hielo”, también de Benito Cabrera, con la peculiaridad de poder emocionar sin tener letra en su canción.
Pero volvamos al principio. Cuando comencé a escuchar “Soy de Aquí”, creo que no entendí bien eso de “con el mundo por frontera, ser canario es mi razón”. Porque en la infancia, en circunstancias como las nuestras, no solemos entender de fronteras. Para mí, la palabra frontera por aquel entonces o era el nombre del municipio en que veraneaba o en su defecto un modelo de Opel.
Pero las fronteras existen, a veces como fruto de guerras o como reparto entre mandamases con copa de alcohol y puro. En el caso de Canarias, las fronteras vienen dadas, puesto que las diseña el mar.
Es muy probable que no logremos encontrar una definición clara de qué es ser canario, pero sí tengo claro que con el paso de los tiempos ha ido ganando peso eso de tener el mundo por frontera. Son tantos los amigos que han abandonado la tierra en algún momento que quizás superen a los que no lo han hecho, y ese rasgo no deja de acompañarnos, porque al fin y al cabo, las islas son ese lugar al que siempre puedes volver, al que el anhelo siempre te querrá llevar. Sí, eso tiene un nombre, hogar.
Así que si por un casual hoy me lee algún canario alejado de esta tierra, que sepa que en cada palabra de esta entrada le va un especial abrazo. Sigue teniendo el mundo por frontera.
Feliz Día de Canarias, hoy, y siempre.
lunes, 20 de abril de 2020
20 de abril de 2020
20 de abril de 2020
¿Cómo estás?
No, no es un “¿qué tal?” de ascensor, de esos retóricos, que se hacen por cumplir y que en el 90% de los casos no hallan respuesta. Es un “¿cómo estás?” en toda regla, de esos que te cogen descolocado y te invitan a pensar la respuesta para luego desnudarte.
A estas alturas, no debe sorprenderte mucho que te escriba, llevo ya varios años haciéndolo en días como hoy, vale que quizás has cambiado de nombre, de sexo o de edad, pero mi intención sigue siendo la misma. De hecho, sigo sin saber por qué espero un año para esto.
No obstante, esta vez es diferente, no es solo que me haya entrado la melancolía y te haya tenido que hablar, es que mire donde miren me hablan de “distanciamiento social” y pienso si no estábamos lo suficientemente distanciados ya, acumulando promesas de cafés, cervezas, vinos, copas, paseos, conversaciones, viajes, abrazos, consejos, ... sí, la vida en sí misma ya estaba pendiente antes.
No voy a preguntarte si recuerdas grandes momentos, sino si ya olvidaste los más cotidianos: las esperas bajo mi portal, o mis dedos activando el timbre de tu casa, la fortuna de los pasos dados juntos, fueran los que fueran. Ya sabes que aunque tendamos a olvidarlo, lo bueno no está en lo extraordinario, sino en ser feliz con la rutina construida.
Algunos de los de antes ya no están, y otros hemos cambiado y aunque siga sin quererme lo que debiera cada vez le tengo más aprecio a la vida, y eso compensa. Al fin y al cabo, sigue vigente eso de que es mejor calidad que cantidad, y antes que quererse mucho, hay que quererse bien.
Admito que eché en falta tu aliento en los momentos de desánimo, tu hombro en las derrotas y tu copa en los brindis. Y aunque viva en mí la certeza de que estás bien, me apena pensar que no has acudido a mí en los momentos malos, el pacto que sellamos sigue vigente y puedes seguir contando conmigo.
Por mi parte, tengo descubrimientos que compartir contigo, como que se puede llorar con un te quiero o que te vi mientras sonaba nuestra canción.
Bueno, ya me voy despidiendo, espero que en estas fechas tan propicias a ordenar armarios, mis palabras hayan desordenado un poco tu conciencia. Espero esto sea un hasta pronto, aunque como ya te conté, temo que no haya carnaval donde te vuelva a ver.
Aunque sé que no me contestarás, porque te conozco y no cedes tan fácilmente, sigo deseando que te hayas sentido aludido y me busques. ¿Por qué nunca me llamas? ¿por qué no te llamo nunca? ¿acaso no hemos descubierto ya que empatía debería ganar siempre a ego?.
Sigue con tus sueños, el mío ya lo sabes...
¿Cómo estás?
No, no es un “¿qué tal?” de ascensor, de esos retóricos, que se hacen por cumplir y que en el 90% de los casos no hallan respuesta. Es un “¿cómo estás?” en toda regla, de esos que te cogen descolocado y te invitan a pensar la respuesta para luego desnudarte.
A estas alturas, no debe sorprenderte mucho que te escriba, llevo ya varios años haciéndolo en días como hoy, vale que quizás has cambiado de nombre, de sexo o de edad, pero mi intención sigue siendo la misma. De hecho, sigo sin saber por qué espero un año para esto.
No obstante, esta vez es diferente, no es solo que me haya entrado la melancolía y te haya tenido que hablar, es que mire donde miren me hablan de “distanciamiento social” y pienso si no estábamos lo suficientemente distanciados ya, acumulando promesas de cafés, cervezas, vinos, copas, paseos, conversaciones, viajes, abrazos, consejos, ... sí, la vida en sí misma ya estaba pendiente antes.
No voy a preguntarte si recuerdas grandes momentos, sino si ya olvidaste los más cotidianos: las esperas bajo mi portal, o mis dedos activando el timbre de tu casa, la fortuna de los pasos dados juntos, fueran los que fueran. Ya sabes que aunque tendamos a olvidarlo, lo bueno no está en lo extraordinario, sino en ser feliz con la rutina construida.
Algunos de los de antes ya no están, y otros hemos cambiado y aunque siga sin quererme lo que debiera cada vez le tengo más aprecio a la vida, y eso compensa. Al fin y al cabo, sigue vigente eso de que es mejor calidad que cantidad, y antes que quererse mucho, hay que quererse bien.
Admito que eché en falta tu aliento en los momentos de desánimo, tu hombro en las derrotas y tu copa en los brindis. Y aunque viva en mí la certeza de que estás bien, me apena pensar que no has acudido a mí en los momentos malos, el pacto que sellamos sigue vigente y puedes seguir contando conmigo.
Por mi parte, tengo descubrimientos que compartir contigo, como que se puede llorar con un te quiero o que te vi mientras sonaba nuestra canción.
Bueno, ya me voy despidiendo, espero que en estas fechas tan propicias a ordenar armarios, mis palabras hayan desordenado un poco tu conciencia. Espero esto sea un hasta pronto, aunque como ya te conté, temo que no haya carnaval donde te vuelva a ver.
Aunque sé que no me contestarás, porque te conozco y no cedes tan fácilmente, sigo deseando que te hayas sentido aludido y me busques. ¿Por qué nunca me llamas? ¿por qué no te llamo nunca? ¿acaso no hemos descubierto ya que empatía debería ganar siempre a ego?.
Sigue con tus sueños, el mío ya lo sabes...
miércoles, 25 de marzo de 2020
Los malos
A estas alturas no debería avergonzarme el reconocer ser espectador de "La Ruleta de la Suerte" (o La Ruleta de la Fortuna para los más nostálgicos). Pero tranquilidad, porque no voy a ponerme ahora a vender las bondades del programa ni nada por el estilo.
El hecho es que hace dos días me encontré, al igual que todos los espectadores, con el siguiente panel:
Y para variar, comencé a darle más vueltas si cabe a mi cabeza. No sabría decir si me removió más pensar que en la historia de alguien soy yo el malo, o tratar de adivinar sobre los malos de mi historia.
Quizás no sea momento de contar mi todavía inacabada historia, pero me cuesta identificar malos o malas. Y si los hay, no deben tener forma humana. Lógicamente, he coincidido con gente de todo tipo a lo largo de mi vida, todos con sus aciertos y errores, pero de ahí a dotarles de la vitola de "malos", hay un mundo. De algunos me alejé, de otros me alejaron, y de otros lucho por escapar, aunque una parte de mí no quiera. Pero no tuvieron nunca el papel de malos, y eso no es bueno del todo.
Malos fueron otros, los de siempre, a quienes culpamos los que todavía anhelamos triunfos, los que no hemos dicho la última palabra, los que pensamos que hemos hecho méritos para haber alcanzado algún logro más: mala pudo haber sido la suerte, las circunstancias o simplemente el momento, si es que hay diferencia entre los tres conceptos. Creo que no siempre le damos al azar el papel que merece.
A veces soy escéptico sobre el destino y otras veces sobre las casualidades, y en cualquier caso, viajo siempre con una frase de Ismael Serrano en la cabeza "la excusa más cobarde es el culpar al destino".
De la misma forma, hay gente que ha tenido el valor de reconocer su decepción conmigo, de entregarme reproches que intenté tomar como regalos, pero aun así, no creo formar parte del quinteto titular de sus malos. Hay gente con la que no estuve a la altura, quienes pagaron una cuenta que no les correspondía o quienes aparecieron en el momento más inapropiado. En cualquier caso, entre ser el malo en la historia de alguien, o simplemente no aparecer, no sabría qué escoger.
Dudo también que haya gente mala como tal, sino gente que dosifica con quien gastar su bondad, gente que solamente es capaz de usar su bondad para sí mismo y se olvida de que muchas veces es más gratificante dar que recibir.
En cualquier caso, aprovecho estos días de (más) reflexión para pedir disculpas si por algún casual aparezco en el papel de malo en la historia de alguien, creo que es un honor que no merezco todavía.
Acéptalo dice la imagen del panel, y quizás no sea mal plan para estos días. Ya lo dijo Sherezade (según Google)
"A veces las cosas no son como uno quisiera, pero siempre son como deben ser. Aprende a aceptar y dejar fluir".
jueves, 19 de marzo de 2020
También estuviste
Antes de todo esto, llevaba unos días rondándome la idea de escribir sobre todos esos lugares en los que he estado sin saberlo. Comencé a escribir alguna línea, y para variar, quedó olvidada.
Me explico, sin saberlo, hemos estado en más lugares de los que creemos. Porque de una forma u otra, cada vez que alguien te piensa, estás. Si lo piensas, cuando de viaje compras un souvenir, estás comprando la demostración física de que te acordaste de ella.
Porque sí, sin ella saberlo, ha estado en la calle menos pensada de mi ciudad, en los atascos matutinos o incluso en algún examen con control de acceso. Y yo, quizás estuve en los rascacielos de Nueva York, en globo por la Capadocia, en algún bosque neozelandés o entre alguna tribu africana. No lo sé. Prefiero pensar que sí.
Y ahora, yo que nunca fui de hacer grandes fiestas en casa, tengo en mi salón a tanta gente que me río del camarote de los hermanos Marx. Todos a mi lado, olvidando la distancia de seguridad, recordándome buenos momentos mientras contamos los días. Y quién sabe, quizás yo ahora esté en el sillón menos pensado, o en el balcón más recóndito.
Comentaba que esa idea llevaba tiempo rondándome, pero hoy todo ha cambiado. He descubierto un poema de la poeta Elvira Sastre que dice así: "¿Dónde estás cuando no pienso en ti?". Y te he imaginado en otro salón contando los mismos días pero con otros fines y te he vuelto a invocar, y me ha dado igual dónde has estado,porque vuelvas a estar aquí, y aquí cabemos todos.
Volveremos a la vida y estaremos en muchos lugares más.
Me explico, sin saberlo, hemos estado en más lugares de los que creemos. Porque de una forma u otra, cada vez que alguien te piensa, estás. Si lo piensas, cuando de viaje compras un souvenir, estás comprando la demostración física de que te acordaste de ella.
Porque sí, sin ella saberlo, ha estado en la calle menos pensada de mi ciudad, en los atascos matutinos o incluso en algún examen con control de acceso. Y yo, quizás estuve en los rascacielos de Nueva York, en globo por la Capadocia, en algún bosque neozelandés o entre alguna tribu africana. No lo sé. Prefiero pensar que sí.
Y ahora, yo que nunca fui de hacer grandes fiestas en casa, tengo en mi salón a tanta gente que me río del camarote de los hermanos Marx. Todos a mi lado, olvidando la distancia de seguridad, recordándome buenos momentos mientras contamos los días. Y quién sabe, quizás yo ahora esté en el sillón menos pensado, o en el balcón más recóndito.
Comentaba que esa idea llevaba tiempo rondándome, pero hoy todo ha cambiado. He descubierto un poema de la poeta Elvira Sastre que dice así: "¿Dónde estás cuando no pienso en ti?". Y te he imaginado en otro salón contando los mismos días pero con otros fines y te he vuelto a invocar, y me ha dado igual dónde has estado,porque vuelvas a estar aquí, y aquí cabemos todos.
Volveremos a la vida y estaremos en muchos lugares más.
miércoles, 18 de marzo de 2020
Aplazar
Parece la palabra de moda, y quizás lo sea junto a otras. Todo se aplaza: los partidos de liga, las elecciones, Eurovision, Eurocopa, los pagos de impuestos, la selectividad, los abrazos, los reencuentros, los cafés prometidos, y un infinito etcétera. Hasta hemos aplazado la vida, ¡qué cosas!
Creo que ya he escrito sobre ello, pero todo esto me recuerda a esa frase que aunque venga como consuelo detesto. Sí, me refiero a eso de "eso es que no era el momento, todo llega". Y quizás sea eso, quizás no era el momento, y toque volver a buscar la oportunidad de vivirlo, porque aplazar no es anular.
Aplazamos tantas cosas, que no sé cómo haremos y si estaremos preparados para gestionarlo, conscientes de que aunque todo llegue, ya nada será igual.
Y por eso, propongo dotar de un nuevo significado a la palabra aplazar, y llevar a cabo esta nueva acepción cuando todo esto pase: "dícese de la acción de llenar las plazas".
Aplacemos la plazas, abarrotemos las barras de bar, "descallemos" las calles calladas, atendamos las tiendas de barrio ahora desatendidas, volvamos a vivir la vida.
Creo que ya he escrito sobre ello, pero todo esto me recuerda a esa frase que aunque venga como consuelo detesto. Sí, me refiero a eso de "eso es que no era el momento, todo llega". Y quizás sea eso, quizás no era el momento, y toque volver a buscar la oportunidad de vivirlo, porque aplazar no es anular.
Aplazamos tantas cosas, que no sé cómo haremos y si estaremos preparados para gestionarlo, conscientes de que aunque todo llegue, ya nada será igual.
Y por eso, propongo dotar de un nuevo significado a la palabra aplazar, y llevar a cabo esta nueva acepción cuando todo esto pase: "dícese de la acción de llenar las plazas".
Aplacemos la plazas, abarrotemos las barras de bar, "descallemos" las calles calladas, atendamos las tiendas de barrio ahora desatendidas, volvamos a vivir la vida.
martes, 17 de marzo de 2020
Música
Raro es el momento al que no podamos ponerle banda sonora. Hay una canción para cada instante y para cada persona.
Ayer comencé a pensar qué haría cuando todo esto terminara, en fiestas y reencuentros. Llenaremos la calle de nuevo y nos sentiremos inmortales. Empiezan a decir que todo cambiará a partir de ahora, que nos encontraremos con un mundo nuevo. Pero espero que no sea tan nuevo como para que cambien las emociones, como para que un abrazo deje de valer. Y si cambia, espero que sea a mejor.
El caso es que sin buscarla, ayer me vino esta canción a la cabeza:
Hoy, ya no pienso en fiestas, por eso de no acabar desilusionado por tener muchas expectativas básicamente. Hoy me ha dado más por pensar en quienes pasan la cuarentena solos en casa. Me ha entrado pena e impotencia por no poder ayudar a mi manera, aunque fuera con un abrazo.
Y sin quererlo, en uno de los conciertos en redes que los artistas se están dedicando a dar desde sus casas, me apareció esta canción que tantas veces canté:
Y eso, que no estarás sola. ¡Ánimo!
Ayer comencé a pensar qué haría cuando todo esto terminara, en fiestas y reencuentros. Llenaremos la calle de nuevo y nos sentiremos inmortales. Empiezan a decir que todo cambiará a partir de ahora, que nos encontraremos con un mundo nuevo. Pero espero que no sea tan nuevo como para que cambien las emociones, como para que un abrazo deje de valer. Y si cambia, espero que sea a mejor.
El caso es que sin buscarla, ayer me vino esta canción a la cabeza:
Hoy, ya no pienso en fiestas, por eso de no acabar desilusionado por tener muchas expectativas básicamente. Hoy me ha dado más por pensar en quienes pasan la cuarentena solos en casa. Me ha entrado pena e impotencia por no poder ayudar a mi manera, aunque fuera con un abrazo.
Y sin quererlo, en uno de los conciertos en redes que los artistas se están dedicando a dar desde sus casas, me apareció esta canción que tantas veces canté:
Y eso, que no estarás sola. ¡Ánimo!
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